Prólogo

Autor:Roldán Jimeno Aranguren
Cargo del Autor:Profesor Titular de Historia del Derecho de la Universidad Pública de Navarra
Páginas:15-20
 
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En la historia académica de nuestro tiempo, el concepto de tesis doctoral se ha convertido en anfibológico, designando cosas harto disímiles, desde el folleto ramplón hasta la obra admirable de investigación pura y dura. En el último tercio del siglo XIX y en el primero del XX, la tesis apareció en el horizonte de la Historia del Derecho como algo incoativo e instrumental, pórtico de empresas mejores, y así ciertas tesis de los más reputados maestros fueron trabajos breves o brevísimos, con el aroma de la calidad esparcido en contadas páginas. La tesis en Derecho de don Eduardo de Hinojosa, por ejemplo, con el ampuloso título de Investigación y examen del fundamento verdaderamente filosófico de la propiedad, constaba de veintinueve cuartillas. Tras la Guerra Civil, las urgentes convocatorias de oposiciones no permitieron a los futuros candidatos muchos entretenimientos y florituras, por lo que algunas de esas tesis, como las modelos de las pasarelas, eran admirables pero anoréxicas. Mediada la centuria, en cambio, y en las décadas siguientes, con la escasez de plazas y el mucho tiempo por delante, los empeñados en profesar la sufrida orden de la Historia jurídica, dedicaron a veces años y años a la tesis doctoral, presentada luego, a la hora de rendir cuentas al tribunal de oposiciones, como capital principal, con lo que aparecieron una serie de tesis importantes muy al estilo de las Thèses d’État de nuestros vecinos del norte. Luego, en fin, en el tránsito del XX al XXI, y ya en el totum revolutum universitario de nuestros días, con el igualitarismo de todos “enseñantes” y acreditaciones que a unos acreditan y a otros desacreditan, la tesis doctoral, en la tolvanera del plan de Bolonia, no constituye ya un género único y homogéneo, sino que, como todo pasa y todo se suele dar por bueno, aparece con numerosas jerarquías, grados y especies, desde las óptimas a las deleznables. Las tesis hoy son algo así como los ángeles, que, según aseguran los que saben de ellos, están ordenados en múltiples jerarquías, desde los serafines máximos a los ángeles mínimos o soldados rasos de la tropa celestial.

Estas reflexiones preliminares, de quien se encuentra ya a la intemperie de la Universidad, vienen a cuento del presente libro de Roldán Jimeno, que es ante todo, hablando de tesis, una magnífica y ejemplar tesis doctoral leída este mismo año en la Universidad de Deusto, y que obtuvo con justicia todos los plácemes del tribunal, y la más alta de las calificaciones. Su autor, pamplonés y profesor de Historia del Derecho en la Universidad Pública de Navarra, no se inicia con ella en los intríngulis de la ciencia, sino que es un triple y respetado doctor que con parejo éxito ha obtenido ese supremo grado académico en tres Universidades distintas: en la de Navarra

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con una tesis sobre las advocaciones y el culto a los santos; en la del País Vasco, con otra sobre las imágenes del derecho foral, y en la de Deusto con el libro que el lector tiene en las manos. Tres tesis, pues, con el doble denominador común de la calidad científica y del interés por la historia navarra. Por si fuera poco, Jimeno ha publicado otros libros y artículos, recibido premios y dirigido él mismo varias tesis doctorales, desarrollando una intensa actividad como gestor científico, titular de cargos académicos y de gobierno, ponente de congresos y coordinador de publicaciones. Y por si todavía fuera poco, que no es poco sino mucho, este experimentado investigador acredita un último blasón: ser discípulo del profesor y rector Gregorio Monreal, lo que de por sí, dada la categoría del maestro, constituye un aval que ya no necesitaría de mayores averiguaciones. Con Monreal publicó nuestro autor un sobresaliente libro de fuentes, los Textos histórico-jurídicos navarros, con más de dos millares de páginas en dos...

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