Prólogo

Autor:Santiago García Aranda
Páginas:9-10
 
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En un sentido políticamente aséptico, la autonomía local puede parecer una técnica de gestión territorial como cualquier otra. Después de todo, un Ayuntamiento puede ser eficaz y eficiente tanto si actúa con gran margen de libertad como si actúa inserto en una cadena jerárquica que viene desde el Gobierno. Pero esta primera impresión se tiene que matizar de inmediato.

Los textos de la historia constitucional nos muestran que la noción de autonomía municipal sólo aparece recogida, con o sin esta expresión concreta, en las Constituciones y proyectos progresistas. Sin una formulación explícita encontramos la idea en el proyecto de Constitución federal de la República española de 1873 y de forma expresa en la Constitución republicana de 1931. Ahí tenemos un indicio de que al conservadurismo español no le atraía la idea de un poder municipal autónomo. Pero la autonomía local no es necesariamente progresista ni tampoco conservadora como lo prueba Des communes et de l’aristocratie que el liberal doctrinario Marqués de Barante publicó en 1821. Pero, a diferencia de Francia, los conservadores españoles de todos los matices sólo concibieron una línea de mando jerarquizada desde el Gobierno hasta el último Alcalde. Por eso fue la izquierda progresista la que en España defendió la noción de autonomía municipal más por principio doctrinal que por cálculo táctico pues a lo largo del segunda mitad del siglo XIX y hasta el Golpe de Estado de Primo de Rivera el engranaje encasillado/caciquismo hacía ilusoria toda idea de autonomía: los caciques no podían tener veleidades de autonomía.

Afortunadamente en la actualidad el principio de autonomía local se ha despolitizado en el sentido de que ya no forma parte de los objetivos programáticos de ningún partido político español. Desde que entró en vigor la Constitución, en los Municipios ha habido gobiernos de todas las tendencias, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, desde los independentistas catalanes y vascos hasta los partidos más comprometidos con la unidad nacional. Quiere ello decir que no hay fuerza política española que no esté interesada en el respeto al principio de autonomía local pues siempre habrá un Municipio, una Provincia, donde cualquier partido tendrá

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mayoría y gobernará con su Alcalde o con su Presidente de la Diputación, por lo que no va a rechazar un marco normativo favorable a una gestión autónoma que no tenga otros límites que el propio ordenamiento...

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