Prólogo

Autor:Justino F. Duque
Cargo del Autor:Catedrático (emérito) de Derecho mercantil - Facultad de Derecho Universidad de Valladolid
Páginas:13-22
 
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I

El libro que el curioso lector tiene en sus manos expone el sistema de protección de los secretos del empresario en el ejercicio de su empresa. Una de las cuestiones que suscritan un interés creciente en la ordenación de las relaciones económicas generadas por un mundo que cambia con velocidad acelerada en lo técnico y en lo social.

Amablemente, su autora me ha pedido un Prólogo como presentación de este nuevo libro que viene a engrosar la biblioteca de monografías sobre aspectos relacionados con el régimen de la actividad empresarial y, más en concreto, con el de la los derechos de la propiedad industrial e intelectual.

La preceptiva que rige la redacción de los prólogos -ciertamente discutidos- es breve. A diferencia de lo que sucede con la que refiere a las recensiones. Sin embargo, parece que, como sucede con el género de las recensiones, el prologuista debe limitarse a situar en el panorama científico al autor y a la obra presentados. Por supuesto, abstenerse de emitir las propias opiniones sobre los pormenores de la obra prologada, limitándose a una valoración orientativa del juicio general de la obra presentada. Será el lector, invitado a perseguir las secuencias de los razonamientos hasta la conclusión, quien, como destinatario de la obra, el que aporte el juicio que le merecen las aportaciones del libro.

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II

La autora, María Luisa Llobregat Hurtado, Profesora Titular de la Universidad de Alicante, cultiva el derecho mercantil en la Facultad de Derecho y en la de Ciencias Empresariales. Como Profesora cultiva también especialmente el derecho de la propiedad industrial, al participar en las actividades docentes organizadas por la Universidad de Alicante en colaboración con la Oficina para la Armonización del Mercado Interior (OAMI), habiendo sido la coordinadora, en colaboración con Alberto Casado Cerviño, de los dos volúmenes, fruto de un Curso monográfico sobre la materia, que recoge los comentarios sobre el régimen de las marcas comunitarias, volúmenes en los que Ma Luisa Llobregat también dejó muestras de sus conocimientos y maestría sobre el tema.

Relacionada con esta actividad profesoral, el libro expone el sistema que para la protección de los secretos empresariales ha ido formando la jurisprudencia de los Tribunales de Estados Unidos de Norteamérica durante un siglo largo de decisiones que se han ido enfrentando con los problemas complejos e inéditos suscitados por el desarrollo de una economía altamente dinámica empujada por el desarrollo incesante de la tecnología y de su aplicación en el mundo de la producción industrial y en el de la correlativa comercialización.

El libro dispone de una documentación de primera mano, ya que la autora se desplazó a la Univesidad de Stanford, donde recopiló el material necesario para dar cuenta de todos los aspectos concernientes al asunto que se proponía investigar. Como visiting scholar, y bajo la dirección del prestigioso Profesor Paul Goldstein -de quien aparece próximamente un libro sobre «las autopistas del copyright» traducido por la Profa. Llobregat, pudo conocer los fondos conservados en la Standford Law School y, al mismo tiempo, apropiarse del clima cultural que sustenta las elaboraciones doctrinales y jurisprudenciales sobre los secretos de empresa.

A medida que el proloquista iba avanzando en la lectura del libro, se confirmaba la que al principio de la lectura era sólo una impresión. En mis manos tenía un libro, bien informado, con la información trabajada y con unos contenidos no sólo estructurados formalmente en un repertorio de soluciones, sino también con los argumentos que justifican sustancialmente la oportunidad y la justicia de las decisiones adoptadas para hacerse cargo de los problemas que suscita la protección del secreto.Y, cuando esta impresión fue definitivamente confirmada con la lec-Page 15tura de toda la monografía, recordé las palabras de J. Joubert para quien «tres cosas son necesarias para hacer un libro: el talento, el arte y el oficio, es decir, la naturaleza, el trabajo y la costumbre». Pero las cualidades enumeradas en el canon propuesto por Jaubert no se refieren al producto, el libro, sino a las cualidades del autor. Las cualidades del autor se reflejan sobre el libro, pero éste adquiere después de terminarse y ser publicado una objetividad que le proporciona una vida independiente, más allá de la voluntad del autor. Independencia y objetividad de la obra publicada en la que participan decisivamente los lectores que recrean con cada una de las lecturas que individualmente realizan lo que escribió el autor en el momento en que creó su libro.

Por esta razón, las cualidades de un libro no se calibran sólo por las cualidades del autor. El autor cualificado -y la autora de este trabajo lo es ciertamente- puede producir obras buenas pero también puede alumbrar obras menos buenas e incluso nefastas. Esta especie de perogrullada nos indica que no puede...

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