Prólogo

Autor:Rodolfo Fernández Fernández
Páginas:15-21
 
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Hace apenas tres años y en relación con tema bien distinto al del libro que el lector tiene en sus manos, quien esto escribe reflexionaba acerca de la copiosa, confusa y perturbadora invasión terminológica que está sufriendo la práctica jurídica. No se trata sólo de la importación de neologismos, en el sentido más estricto, es decir, «vocablos nuevos en una lengua», sino en el más amplio de tér-minos a los que se dan nuevas acepciones o imprime giros inéditos.

Recordaba entonces algunos pintorescos ejemplos insertos ya en el lenguaje popular por la influencia de la escasa pulcritud con que frecuentemente se maneja la palabra en los mass media y puntualizaba, al hilo de ello, que «puntuales» lo son los trenes o los aviones (cuando lo son), pero no los temas o los asuntos; que «sensibles» lo son los hombres, las mujeres, los niños y hasta los gatos (o la séptima nota de la escala diatónica), pero no las informaciones o los datos; o que «operadores» lo son los cirujanos, las muchachas que establecen las comunicaciones no automáticas de una central telefónica, los profesionales que manejan aparatos técnicos, los encargados de proyectar las películas en los cinema-tógrafos, las empresas mayoristas de turismo y hasta los símbolos matemáticos que denotan un conjunto de operaciones que han de

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realizarse; pero no los notarios, los registradores de la propiedad o, incluso, los abogados o los jueces (aunque tras la palabra se adicione el adjetivo de «jurídicos»). Chapuzas estas, decía entonces, estrictamente castizas, que se combinan con otras aportadas de los usos idiomáticos anglo-americanos o del fastuoso, mudadizo, renovable y, por ello, permanentemente rejuvenecido lenguaje de la microeconomía.

Traigo todo eso a colación por la indudable vigencia que mantiene la cuestión en sede de lo que constituye materia de la obra que tengo el gusto (y el honor) de prologar: la llamada «contratación electrónica». Este campo de la jurisprudencia, también registrado como el propio de las «tecnologías de la información», cobija una abundancia literalmente asombrosa de voces y locuciones acuñadas para identificar instituciones, mecanismos procesales, actos o negocios jurídicos o, sencillamente, instrumentos operativos en cuanto se hallan vinculados, de una u otra forma, al uso de artefactos electrónicos: «documento electrónico», «contrato electrónico», «contrato telemático», «contrato on line», «contrato web», «enlace profundo (o hyperlink)», «contrato off line», «entorno web», «mensajería instantánea», «clickwrap agreement», «business to business» «business to consumer», «consumer to consumer», «contratos electrónicos directos», «contratos electrónicos indirectos», «producciones multimedia», «firma digital», «firma electrónica reconocida», «firma electrónica calificada»,...

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