Prólogo

Autor:María del Mar Heras Hernández
Cargo del Autor:Profesora Titular de Derecho Civil Universidad Rey Juan Carlos I
 
EXTRACTO GRATUITO

¡Ay, Penélope, duermes y en sueños tu pecho atormentas mas los dioses felices no habrán de dejar por más tiempo que te apenes ni llores! De cierto tendrás a tu hijo de regreso a tu hogar, pues de nada es culpable ante aquellos

.

HOMERO, Odisea, 805. A Miguel Ángel, Marimar y Clara.

Cualquier prólogo cuya redacción confía el autor de una obra a otra persona, como quien confía a otro al hijo de su sangre, con una mezcla de orgullo, confianza y -porqué no decirlo si es cierto- , con una pequeña dosis de reserva pensando ¿le cuidará (al hijo o al libro) tal como merece y necesita?, necesariamente ha de tener dos partes bien definidas. Una de ellas, la principal, obviamente dedicada a la obra que se presenta a la consideración del lector. La otra, que también tiene su importancia, al autor de la obra. Para presentarlo si es novel, o si como ocurre en este caso no es así, hacer alguna referencia a su trayectoria profesional.

Comenzaré, pues, por destacar la personalidad de la autora entre cuyas virtudes citaría tres que son fundamentales para la investigación jurídica: la curiosidad científica, la tenacidad en el trabajo, y un gran sentido práctico.

María del Mar Heras, profesora titular de Derecho civil, es autora de una monografía sobre «Los sujetos en el contrato de depósito» (J. M. Bosch Editor, Barcelona 1997), trabajo basado en su tesis doctoral que, leída en la Universidad Complutense de Madrid, en su día fue merecedora del premio extraordinario. En diversas publicaciones especializadas han venido apareciendo una serie de trabajos suyos, orientados en su mayoría al ámbito del Derecho civil patrimonial.

No estaría completo su retrato profesional si no aludiera a su vocación docente. Pese a su juventud tiene en su haber una dilatada experiencia en este sentido, que la ha llevado desde la Universidad de Castilla-La Mancha, donde comenzó, pasando por la Complutense de Madrid, hasta llegar a su actual destino, la benjamina de las Universidades madrileñas, la Rey Juan Carlos. Desde esos inicios de su andadura académica la conozco. Ese conocimiento con el paso del tiempo se ha transformado en amistad fraterna porque sus cualidades humanas lo hacían inevitable.

Pasemos ahora a la segunda parte de este prólogo para hablar del tema que se aborda en la obra presentada y cómo se trata en ella.

La Ley 21/1987, de 11 de noviembre de modificación de determinados artículos del Código civil y de la LEC, en materia de adopción es la que tímidamente introdujo en nuestro Ordenamiento Jurídico la figura del acogimiento de menores (poco tiempo antes en Navarra, cuyo Fuero Nuevo contemplaba ya el prohijamiento en su Ley 73, se promulga el Decreto foral 90/86, de 25 de marzo sobre adopción, acogimiento familiar y atención de menores). Este primer desembarco de la figura del acogimiento en el Derecho español se lleva a cabo en una ley en cuya Exposición de Motivos, ya se pone de manifiesto la trascendencia en la normativa de protección de menores de «la integración familiar y de consecución, con carácter prioritario, del interés del menor». Pero es casi una década después, con la Ley Orgánica 1/1996 de 15 de enero de protección jurídica del menor, basada en la protección del interés superior de éste, la que teniendo en cuenta la experiencia práctica acumulada en esos años, y las carencias y dudas detectadas en la ley de 1987, ofrece una regulación más amplia en la que se desarrolla una de las virtudes del acogimiento: su ductilidad para ser empleado en las situaciones mas diversas. Prueba de tal facultad de...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA