Prólogo

Autor:María Lourdes Labaca Zabala
Cargo del Autor:Profesora de la facultad de Derecho de la Universidad del País Vasco y Doctora por la Universidad de Oviedo
Páginas:1-25
 
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La justicia engrandece a las naciones; el pecado es la decadencia de los pueblos

(Proverbios 14,34)

Abre tu boca a favor del mundo, en defensa del desventurado; abre tu boca y da sentencia justa defendiendo al pobre y al desgraciado

(Proverbios, 31, 8-9).

Ospes, quod inferat ostio pedem. Ospes, facilis apertus et ostio patens; Unde et ospitalis homo dicitur

(S. Isidoro, Etimologias X,1, en Pl. 82, 388)

En estos tiempos han surgido algunos hechos, que nos llevan a reflexionar sobre tres puntos, que afectan de lleno al Derecho Eclesiástico. Por un lado el nuevo acuerdo de la Comunidad europea, que se quiere llamar Constitución, en el que parece que los redactores no tienen una idea clara de la laicidad del Estado. Por otro lado se está introduciendo la idea de que la ética o moral es dúctil a la mayoría de votos de los políticos. Además el gobierno español, no se sabe con qué intención, pero con una actitud discutible, como ha señalado el Defensor del pueblo, quiere firmar acuerdos de ayuda económica con las confesiones minoritarias, en especial con el Islam, para promover ideologías religiosas, cumplan o no con las condiciones para unos acuerdos de colaboración.

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Un estudio desde el punto de vista del Derecho Eclesiástico ha de tener en cuenta, en primer lugar, el concepto de secularización y las consecuencias políticas, jurídicas y sociales que lleva consigo, especialmente, cuando en Europa se está planteando este tema con singular fuerza con ocasión de un acuerdo de Constitución.

Esta fase de la comunidad europea, nos lleva a recordar aquella cuestión que planteaba D. Luis Díez del Corral en su obra El rapto de Europa: ¿En qué consiste la peculiaridad esencial de la cultura europea frente a las demás, y cómo les abrió y les impuso unos horizontes universales? ¿Cuál ha sido el secreto de su éxito mundial? La respuesta más frecuente es sencilla: el secreto de Europa se encierra en la ciencia y en la técnica modernas 1. Sin embargo, para llegar aquí, ha habido una compleja historia y una difícil comprensión de ideas y principios, que el autor desarrolla a través de toda la monografía.

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Argumentación que los actuales legisladores europeos han querido ignorar, y que lleva a preguntar por las razones que han tenido para no incorporar una simple alusión a la constante cristiana de la cultura europea. ¿Ha podido ser una sobrevaloración de lo laico, ignorando las diferencias que existen entre fe y cultura? ¿Acaso sus redactores no creen que el cristianismo haya inspirado las concepciones dominantes en los pueblos que han terminado por constituir Europa? Cosa que no había podido negar ni la antigua Academia de Ciencias de la URSS, ni Gramsci, cuando argumenta que el socialismo es precisamente la religión que debe matar al cristianismo 2. ¿Acaso pensaban que el reconocimiento del cristianismo, como hecho esencial de Europa, podría comprometerlos con la confesionalidad o de exclusión de las concepciones laicas? ¿Cómo pueden confundir cultura cristiana con fe en Cristo? ¿Podían pensar que este reconocimiento del cristianismo les podía dificultar la convivencia con otras culturas?3

Si hacemos una sucinta historia de las ideas, tenemos que señalar, que tanto la cultura europea como la asiática parten, según Jaspers, de un momento histórico que denomina: tiempo-eje . Y afirma que desde ese punto hasta la ciencia y técnica modernas las culturas han tenido una evolución paralela. Jaspers sitúa este tiempo-eje hacía la mitad del primer milenio antes de Cristo. Es el tiempo en el que coincide el nacimiento de una serie de ideologías fundamentales: Page 4 en China con Confucio y Lao-tsé, en la India con la compilación de los últimos Vedas y el Budismo, en Israel con el sentido que dan a la convivencia los profetas, y en Occidente con la floración de la ética en la filosofía Griega. Suponen un surgir de ideologías, que coinciden casi en el tiempo, a pesar de las distancias y el medio tan distinto en que nacen. Constituyen orientaciones propias, y marcan el despertar de las ciencias: de la moralidad, de la justicia y de la espiritualidad. Ideologías que marchan en paralelo, durante muchos siglos, aunque no tienen conocimiento unas de otras. A través de estos movimientos Jaspers ha descubierto, que desde ese momento el hombre se elevó sobre sí mismo en cuanto se hizo consciente de sí mismo y de la totalidad del ser y entra en el camino que desde entonces ha de seguir como individuo . En suma, en el tiempo-eje se hace manifiesto aquello que más tarde se llamará razón y personalidad 4.

Por tanto, entre todas las cultura hay una básica equiparación, a pesar de las numerosas diferencias aparentes que afloran en la lucha por la supremacía. Sólo cuando se ha llegado a los tiempos modernos, y cuando se está alcanzado la globalización, se ha presentado esta lucha entre las culturas, y la necesidad de hacer una reflexión, Page 5 sobre todo, cuando de la cultura de Occidente ha nacido la ciencia y técnica modernas, con la pretensión de superar a las demás. ¿Por qué esta línea básica de la marcha de las culturas se rompió sólo en Occidente y cómo se preparó esta situación? Con este motivo Díez del Corral se pregunta "¿No habría en la estructura del tiempo-eje, y en la forma específica del cristianismo occidental resortes especiales, que impelían al hombre europeo a la elaboración de unas nuevas formas de vida?"5 Pues bien, el elemento que va a marcar y acelerar esta evolución es una nota íntima y sutil del cristianismo occidental, como señala Hans Freyer: El reino de la razón comienza en medio del reino de Dios, pues no es algo distinto, sino una construcción dentro de él, como un andamiaje de pensamiento incluso en la creencia; cabría decir que en el seno del reino de Dios se concreta, se perfila y tensa la razón 6. Esta cultura de la razón ha sido capaz pensar en Dios y estructurar su concepto llegando a estudiarlo como modelo de convivencia, lo cual es una tesis absolutamente propia del cristianismo occidental, y el posterior desarrollo de la ciencia europea se hizo posible por el impulso de que le dio esta sublime pretensión7.

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Los políticos actuales al redactar la Constitución europea, sin referencia a las raíces cristianas, han optado por no reflexionar sobre la historia radical de la cultura occidental, y han renunciado a buscar la esencia y la explicación de su ser cultural. Es un problema que había interesado a grandes pensadores europeos. El mismo Max Weber se planteó la cuestión: ¿Cuál es el problema que los fenómenos culturales hayan adquirido en Europa una dirección evolutiva de significación y valores universales? . Y considera que la raíz más profunda está en la concepción de la libertad en el cristianismo occidental: el poderoso ímpetu que supuso la conciencia de saberse liberado de la suerte de paria, de que el heleno podía ser heleno y el judío judío, y el haber conseguido esto no con una complicación contraria a la fe sino dentro de la paradoja de la fe, este apasionado sentimiento de liberación constituyó la fuerza impulsora del incomparable trabajo misional de San Pablo 8. Con ello se dio un vuelco al concepto de libertad y de hombre libre. En las antiguas culturas el hombre libre coincidía con el de ciudadano, esto es, el que en un pueblo tenía todos los derechos reconocidos en aquella sociedad, los demás eran extranjeros o esclavos, sin los derechos de ciudadano. Con el cristianismo cambia radicalmente este concepto: el derecho corresponde al hombre por ser hijo de Dios, cualidad propia de todos los hombres, de cualquier clase y condición, y de cualquier pueblo. Todos son hijos de Dios y, por tanto, con todos e iguales derechos.

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Si queremos conocer el origen y la definición de los derechos humanos, tenemos que considerar algunas líneas de la evolución de la libertad religiosa, que es el primer derecho que aparece en la lucha que mantiene la ideología cristiana con el imperio romano. Por lo que como expresamente reconoce Hegel, el cristianismo inaugura el concepto de libertad como un valor inalienable de toda persona9. En ello juegan dos factores: uno la separación de las funciones políticas de las funciones religiosas, y otro el concepto de libertad religiosa.

En la antigüedad, y aun hoy en los pueblos no cristianos, lo político y lo religioso marchan unidos, lo que da lugar a un poder absoluto. Con el nacimiento del cristianismo se produjo la división de ambas funciones, de modo que lo político quedó en manos del gobierno; y, a su vez, se instituyó otro ente, la Iglesia, que asumió las funciones religiosas, diversificadas del poder político. Esta separación no se hizo mediante una norma constitucional, sino que las circunstancias, que fue creando la Iglesia, elaboraron esta doctrina de la distinción10. Esta labor de creación de una Iglesia diferente del Estado, fue el primer paso y muy importante de la secularización, que en los últimos siglos se ha acentuado con unas tendencias a la laicización, y, en ocasiones, beligerantes contra la Iglesia.

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En cuando al concepto de libertad. En la antigüedad la libertad era propia de una clase de personas, un derecho externo reconocido por la sociedad. Y es con los cristianos con los que cambia la consideración de la libertad, como algo interior y propio de la persona, es decir, la libertad de conciencia como...

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