Prólogo

Autor:Joaquín Aparicio Tovar - Juan López Gandía
Páginas:7-12
 
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La ordenación del tiempo de trabajo es una cuestión clave no sólo para el derecho del trabajo sino para la vida cotidiana de todos los trabajadores, pues no sólo implica, dada la forma de trabajar bajo ajenidad y dependencia, que una parte de su tiempo a lo largo de su vida va a estar a disposición del empresario, sino que también condiciona su vida "fuera del trabajo", esto es, su tiempo libre, su tiempo de ocio, o más ampliamente el dedicado a su vida personal y familiar, y desde luego el tiempo de descanso. De ahí la importancia del quantum y del quando se va a trabajar.

El tiempo de trabajo, por otra parte, ha sido siempre objeto de intervención protectora en razón de sus repercusiones sobre la seguridad y salud laboral de los trabajadores, cuando no también del resto de los ciudadanos. La fatiga derivada de largas jornadas de trabajo supone no sólo una excesiva explotación, sino también un deterioro físico de la clase obrera y una mayor siniestralidad, que puede acarrear peligros a terceros en trabajos dirigidos al usuario o en contacto con los demás ciudadanos (médicos, transportistas por carretera, etc.). La visión del tiempo de trabajo tiene una manifestación cualitativa, la propia duración de los contratos, la precariedad, que no va ser abordada en la obra que se presenta.

El tiempo de trabajo, por tanto, tiene una proyección transversal pues afecta indirectamente a ámbitos en principio no laborales, y, a su vez, la propia organización de la actividad social, no laboral, se acaba proyectando también sobre el tiempo de trabajo y sobre su organización y distribución (horarios de centros públicos, horarios comerciales, de colegios, guarderías y otros centros, los transportes, tiempo dedicado al desplazamiento diario, etc.). Pese a ello, sólo recientemente, desde que se produce una incorporación normalizada de la mujer al trabajo, al ámbito social, y abandona el ámbito puramente privado del trabajo invisible y no remunerado ni reconocido socialmente, el trabajo doméstico no asalariado empieza a ser abordado desde el ángulo de sus implicaciones de género, aunque todavía de una manera insuficiente.

El tiempo de trabajo desde la empresa es objeto de una visión muy inmediata, ligada a la "organización y gestión de los recursos humanos", pero sobre todo vinculada a la productividad. Esta perspectiva, aun necesaria, a veces es demasiado estrecha y reductiva, lo que hace que entre en contradicción con otras implicaciones como la seguridad e higiene en el trabajo, el ambiente laboral, las demás condiciones de trabajo y la organización del trabajo. El objetivo de la productividad, sin embargo, no va ligado únicamente al tiempo de trabajo, como en los antiguos sistemas de explotación intensiva, anteriores a la limitación de la jornada máxima, trasladados ahora a la economías periféricas emergentes, sino también a una buena gestión y organización del mismo que permita en menor tiempo alcanzar una mayor productividad.

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Mala señal es que los países, como España y Portugal, con mayores duraciones del tiempo de trabajo, tengan las más bajas tasas de productividad por hora trabajada. Por otra parte, no cabe acusar de esta baja productividad al fantasma clásico de la rigidez, a la falta de flexibilidad, pues, como se analiza en varios capítulos de este libro, el modelo español de acuerdo con las Directivas europeas, e incluso más allá de lo previsto en las mismas (distribución irregular en periodos más amplios, topes máximos de jornada, etc.), tras la reforma laboral de 1994 y las modificaciones posteriores en las jornadas especiales, es un sistema con amplios espacios de flexibilidad, en unos casos por la misma regulación (jornadas especiales), y en otros por la remisión a la negociación colectiva (distribución de la jornada, compensación de las horas extraordinarias por tiempo de descanso, cómputo flexible de periodos de descanso, ampliación de estas...

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