El proceso de Bolonia y su desarrollo

Autor:Gustavo Toledo Lara
Páginas:31-76
 
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CAPÍTULO II
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El proceso de Bolonia y su desarrollo
Introducción
El estudio del hecho educativo debe observarse bajo el contexto en donde
se circunscribe. En este sentido, la observación del proceso de Bolonia supone una
visión sistémica que conjugue los aspectos que acompañan su aparición y desarrollo.
Así, y siendo el continente europeo poseedor de una historia de larga data, es tam-
bién una región que ha vivido en primera persona una serie de acontecimientos que
han determinado su dinámica actual. De acuerdo con Bajo Santos (2010):
El proceso de Bolonia no puede, no debe, analizarse al margen de los cambios tecnoló-
gicos, económicos, políticos, sociales y culturales de las últimas décadas del siglo XX; ni
al margen del proceso de construcción –ampliación, integración– europea y la necesidad
de forjar una nueva ciudadanía. (p. 434)
Ahora bien, al concluir la última guerra mundial el paradigma tecnológi-
co sufrió modicaciones determinantes, y con ello todos los aspectos de la vida
humana contemporánea experimentaron variaciones en su esencia y en sus ma-
nifestaciones. Con el devenir de los años, la revolución de la tecnología de la in-
formación y la comunicación, junto con la biotecnología, dieron un giro radical al
sentido comunicacional y educativo del individuo. Por otro lado, la crisis económi-
ca, la crisis energética, la globalización, la reivindicación de los derechos humanos,
el antiautoritarismo, el feminismo y el sentido ecológico de la vida humana han
signicado permanentes retos a la dinámica invariable de la humanidad. En este
entorno, se desenvuelve la educación superior en Europa, y así mismo según Bajo
Santos, 2010:
Esa Europa que, tras sufrir las mayores catástrofes del siglo XX, empieza a construirse,
de forma pacíca y voluntaria, desde lo comercial y económico, para ir avanzando por
lo político y lo social. Era inevitable que esta Europa se planteara incorporar también lo
educativo y lo cultural, sin cuya aportación la propia construcción económica y política
carecería de fundamentos sólidos, horizontes y sentido. (p. 434)
EL DESARROLLO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA EN ESPAÑA Y EL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR
Gustavo Toledo Lara
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En este orden de ideas y dada la importancia que reviste la educación supe-
rior, se persigue el análisis del proceso de Bolonia, a partir de las declaraciones que
a propósito de la armonización y construcción del Espacio Europeo de Educación
Superior, se han celebrado: Magna Charta Universitatum (1988), Declaración de
La Sorbona (1998), Declaración de Bolonia (1999), Comunicado de la reunión de
ministros europeos responsables de la enseñanza superior, Praga (2001), Comuni-
cado de la reunión de ministros europeos responsables de la enseñanza superior,
Berlín (2003), Comunicado de la reunión de ministros europeos responsables de la
enseñanza superior, Bergen (2005), Comunicado de Londres (2007), Comunicado
de la reunión de ministros europeos responsables de la enseñanza superior, Lovaina
(2009) Declaración de Budapest y Viena sobre el Espacio Europeo de Educación
Superior, (2010), el Comunicado de Bucarest (2012) y el Cuarto Foro Político de
Bolonia, Ereván, 2015.
Se persigue con esta sección del trabajo, dar a conocer como ha sido la evolu-
ción del proceso de Bolonia para apreciar su desarrollo evidenciado en los comunica-
dos ministeriales. De tal manera que se pueda observar el aumento de la complejidad
de los procedimientos e iniciativas, que quisieron responder al espíritu del proceso
de Bolonia.
1. La «Magna Charta Universitatum» (1988)
Uno de los hechos que determinó las bases del consenso en torno a la con-
cepción de la Universidad y el conocimiento lo fue la denominada «Magna Charta
Universitatum», proclamada1 en Bolonia en 1988. En dicha carta se establecieron
una serie de principios rectores que buscaron la sincronía de las aspiraciones que, en
materia de educación superior, perseguían las universidades signatarias. Esta acción
de proclamar universalmente la importancia de la Universidad para la humanidad
se convirtió en el punto de partida para lo que sería posteriormente, el conjunto de
líneas de acción establecidas para homologar y estandarizar la educación superior
socialmente pertinente. Así, y a juicio de Brizzi (2010):
Más signicativo resulta el hecho de que esos ideales, a los que se quería atribuir un
valor universal, eran asumidos como propios por centenares de rectores de 78 países dis-
1 La Magna Charta Universitatum fue rmada por el presidente de la Conferencia de Rectores
Europeos, rectores de las universidades de: Bolonia, Paris I, Lovaina, Utrecht y Barcelona, y el
presidente de la subcomisión para la Universidad de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de
Europa.
CAPÍTULO II | EL PROCESO DE BOLONIA Y SU DESARROLLO 33
tintos, distribuidos en los cinco continentes. Entre los suscriptores encontramos repre-
sentadas universidades que no tenían más de veinte años de vida, y sin embargo el fuerte
reclamo de la tradición, de una historia común en la cual todas las universidades –aún
con las inevitables diferencias de sus respectivos itinerarios– querían reconocerse, indica
la voluntad de subrayar un ligamen ideal, de considerarse parte de una comunidad aca-
démica cuyas raíces se remontan a los lejanos siglos del medievo. (p. 1)
De tal modo la «Magna Charta Universitatum», reejó el espíritu de la con-
cepción de Universidad como aspecto de singular importancia en el desarrollo y
equilibrio de la humanidad. Para los signatarios de esta declaración, la concepción
de Universidad fue una necesidad palpable, al reejarla como el primer principio
establecido en el documento:
La Universidad –en el seno de sociedades organizadas de forma diversa debido a las
condiciones geográcas y a la inuencia de la historia– es una institución autónoma
que, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y
de la enseñanza. Abrirse a las necesidades del mundo contemporáneo exige disponer,
para su esfuerzo docente e investigador, de una independencia moral y cientíca frente
cualquier poder político, económico e ideológico. (p. 1)
Este carácter autonómico de la Universidad declarado como primer punto
de los principios generales de la Magna Charta Universitatum se ubica como raíz
primigenia para lograr la pertinencia social de la Universidad de cara a la huma-
nidad y a sus exigencias. Sin embargo, «la intención de los redactores de la Magna
Charta no tenía por objeto rememorar una noble descendencia imaginando ge-
nealogías imposibles, sino preservar contra toda posible distorsión los caracteres
originarios de las universidades que todavía hoy gozan de gran actualidad» (Brizzi,
2010, p. 1)
El sentido declarativo de esta carta no la exime de la intención de querer
sentar las bases en cuanto a la unicación continental de los principios denitorios
hacia la educación superior. En dicha carta se establecieron una serie de principios
orientadores para los cuales los rectores rmantes se comprometieron a «hacer todo
lo posible para que los Estados, y los organismos supranacionales implicados se ins-
piren progresivamente en las disposiciones de esta Carta, expresión unánime de la
voluntad autónoma de las universidades» (Magna Charta Universitatum, 1988, p. 3)
Esos principios consistieron en los siguientes puntos:
a. Se ratica la autonomía universitaria y el carácter de transmisor de la cultura
por medio de la investigación y la enseñanza desde la universidad.
b. La actividad investigadora es inseparable de la actividad docente, con miras a
responder a las exigencias de la sociedad.

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