Presentación: la necesidad de un estudio académico sobre el «discurso del odio»

Autor:Francisco Valiente Martínez
Páginas:27-35
 
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PRESENTACIÓN: LA NECESIDAD DE UN ESTUDIO
ACADÉMICO SOBRE EL «DISCURSO DEL ODIO»
1. CONSIDERACIONES INICIALES
Desde que inicié mi etapa como estudiante universitario, he mantenido un gran
interés por todo lo referido con el arte de hablar en público. Sin embargo, no fue
hasta mi ingreso en el Club de Debate de la Universidad Pontificia Comillas de Ma-
drid que descubrí la existencia de una actividad muy particular: el debate de compe-
tición. En autoexigencia y necesidad de trabajo duro, esta disciplina no desmerece
a ninguna otra. Pero, además, su correcto desempeño permite conocer distintos
puntos de vista sobre múltiples temas, ya que su mecánica obliga a estudiar con un
doble enfoque: «a favor» versus «en contra». Desde 2010, he podido dedicarme pro-
fesionalmente a lo que hasta entonces no había sido sino una afición y un medio de
adquirir algunas habilidades que, confiaba, habrían de serme útiles en una futura
carrera profesional. Mi empeño por ser cada vez un mejor profesor de Técnicas de
Debate exigía crear contenidos para una disciplina que, lamentable y vergonzosamen-
te, era prácticamente inexistente en España. Junto a algunos compañeros, compro-
metidos como yo en profesionalizar el debate académico, comencé a investigar esta
materia y así fueron apareciendo «inquietudes colaterales» que, poco a poco, llama-
ron cada vez más mi atención.
Una de estas inquietudes surgió cuando estudiaba el papel de los medios de co-
municación en nuestra sociedad. Papel que, en palabras de GARCÍA GARCÍA, es
cuádruple: formar, informar, entretener y ofrecer productos y servicios1. Esa investi-
gación –que no podría tener otro calificativo mejor que el de amateur– me llevó a dos
lecturas fundamentales. Por un lado, accedí a los escritos de LIPMANN, para quien
ya no puede confiarse en «el dogma original de la democracia, según el cual el co-
nocimiento necesario para administrar los asuntos humanos surge espontáneamen-
te del corazón», pues no existe un «ciudadano omnicompetente» capaz de analizar
toda la realidad y elegir las opciones más adecuadas2; por otro, leí algunos textos de
CHOMSKY, para quien «la gente que se dedica a las relaciones públicas no está ahí
para divertirse; está haciendo un trabajo, es decir, intentando inculcar los valores que
1 García García, F. (2003). Los medios de comunicación, ¿al servicio de la comunidad? En: J. I.
Aguaded (dir.), Luces en el laberinto audiovisual. Huelva: Grupo Comunicar, Agor@ Digital, p. 171.
2 Lippmann, W. (2003). La opinión pública. Madrid: Cuadernos de Langre, S.L., pp. 5 y ss.

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