Prefacio

Autor:Andrés Rossetti/Silvina Ribotta
Páginas:11-23
 
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Como bien advierte Naciones Unidas en el Preámbulo al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, de acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos. Mucho hemos caminado desde entonces y, sin embargo, la calidad de vida de millones de mujeres, hombres, niñas y niños en el mundo sigue estando muy lejos de la liberación del temor y la miseria. Desde este presupuesto, este libro que presentamos pretende analizar la situación de los derechos sociales en el mundo contemporáneo, como presupuesto ineludible de justicia social.

El mundo en el que vivimos está plagado de injusticias. Tampoco es algo nuevo, ya que se podría decir que hemos vivido siempre con injusticias, con pobreza, con seres humanos viviendo (o mal sobreviviendo) en condiciones de esclavitud o muriendo por causas evitables. Pero la injusticia actual tiene un plus que la vuelve aún más obscena y más inaceptable. Porque el mundo del siglo XXI es un mundo de grandes avances en ciencias y en tecnologías, en producción de riqueza, en internacionalización de los derechos y en producción normativa. Así, mientras vemos que se declaman cada día más derechos de diferentes tipos y aparecen continuamente nuevos documentos, tratados y resoluciones que los aseguran, los consagran, los “garantizan”, la realidad –salvo algunas “realidades puntuales”– no cambia y hasta empeora. La pobreza estructural sigue presente, la desigualdad no sólo no disminuye sino que incluso aumenta y, por tanto, los declamados derechos sólo los gozan pocas personas en el mundo, mientras que mayorías enormes de seres humanos no acceden al derecho a la educación, a la alimentación, a la vivienda, al trabajo, a la justicia y a tantos más. Un mundo rico en

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riqueza, rico en conocimientos, rico en derechos, mientras millones de seres humanos malviven pobres en pobreza, excluidos de la educación, de la salud, de la justicia, y hasta de la vida misma, viviendo sus vidas en condiciones infrahumanas.

La globalización, que avanza incesante en todos los campos –no únicamente el económico–, no sólo no colabora sino que profundiza estos abismos. Los Estados actuales, con sus crisis de soberanía a cuestas y con su repliegue en cuanto a capacidad de decisión frente a los cada vez más fuertes grupos económicos y su poder concentrado, parecen conformarse con el actual derecho internacional que consagra normas que aseguran la violación de los derechos para los “no ciudadanos”, pese a presumirse universales y válidos para todos y todas. Los habitantes de los países del sur, generalmente más pobres, no gozan de muchos de los derechos que sí tienen la mayoría de los habitantes del norte, aunque también son profundas y cada vez más las diferencias dentro de los Estados del norte. Este panorama, desolador, no parece estar en vías de revertirse. Es más, los actuales contextos de crisis económica regional y global profundizan los abismos de la pobreza y la desigualdad y hacen más sangrantes las injusticias que éstos provocan. Las perspectivas, por lo tanto, no son buenas y, sin embargo, es urgente que lo sean.

Y en ese escenario, los Estados, especialmente los Estados Sociales, ¿qué papel desempeñan? ¿Cómo actúan frente a la exigibilidad de los derechos sociales y frente a las actuales políticas de ajustes, recortes y vulneración de derechos?

El Estado Social está en crisis. Sigue en crisis. Ha empezado a estar en crisis desde quizá el momento mismo en que, paradójicamente, gozaba de legitimidad. El Estado Social, el Estado de la justicia social, ha nacido cuestionado (e impugnado) por aquellos sectores del derecho, de la economía y de la política que flamean la bandera del Estado mínimo, pero que exigen sea “intervencionista” cuando quieren favorecer y financiar los mercados financieros y especulativos. Pero esta crisis de legitimidad y de exigibilidad actual del Estado Social (que es también una deslegitimación de la justicia social) tiene algunos tintes distintivos que intentaremos ir analizando a lo largo de los diferentes capítulos de este libro.

Es palpable la profundización del neocapitalismo ya de?nido como un capitalismo salvaje, insostenible y suicida, y de una imparable deslegitimación de la clase política y, como no, de la democracia, al menos como sistema de gobierno igualitario y de empoderamiento ciudadano.

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Ello, junto con altas tasas de corrupción política y financiera, nacional e internacional, y enormes dosis de cinismo generalizado desde los grandes organismos financieros internacionales e incluso de algunos que pregonan la –supuesta– defensa de los derechos humanos. Pero, a la vez, surgen nuevos actores sociales en un teatro social de autoritarismo político, de conservadurismo moral, de neoliberalismo económico, de profunda y desvergonzada corrupción, de vulneración, recortes y violaciones de derechos humanos sociales, económicos y culturales, pero también de violación y recortes de derechos liberales, civiles y políticos.

Por un lado, hay un retraimiento de los Estados de Derecho, Sociales o Liberales, que merman su soberanía y su poder de decisión para entregárselo, de una forma que intenta ser disimulada, a la banca internacional, al mercado financiero global, a los grandes capitales, a las empresas multinacionales, a los organismos financieros internacionales. Por el otro, surgen nuevos actores políticos decisivos que impregnan nuevos aires a la democracia, que la rejuvenecen y dinamizan. Nuevos movimientos sociales, nuevos movimientos políticos, la ciudadanía en génesis democrática, la soberanía ciudadana y humana hambrienta de justicia social, de derechos sociales y también de libertades ciudadanas. Deseosos de refundir nuevos modelos democráticos, coherentemente democráticos, procesal y materialmente igualitarios y libres, la democracia de la protesta social, de la desobediencia ante la injusticia, del reclamo frente a la autoridad carente de autoritas.

El objetivo de este libro es pensar en todos estos procesos sociales y políticos, especialmente desde el prisma de los derechos sociales. Y es tratar de reflexionar sobre cómo el derecho –con sus límites inevitables– puede colaborar a que lo descripto cambie, a que los derechos humanos en cuanto exigibilidad sean una realidad concreta para todos los habitantes del planeta. El desafío es enorme y por cierto no se resuelve mediante un libro de texto, pero las propuestas, re? exiones y análisis que se encuentran en estas páginas, pueden valer para seguir pensando y re?exionando, en conjunto, sobre cómo salir de esta terrible situación que vivimos y que apunta a empeorar en el mundo que les dejaremos a las generaciones próximas y futuras.

El texto que...

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