La posibilidad del humanismo (despues de Heidegger).

Autor:Fern
 
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La tesis defendida en este trabajo es que la "diferencia ontológica" de Martín Heidegger encubre un anti-humanismo nihilista, que disuelve la antropología filosófica como ciencia. Se justifica así la necesidad de ir más atrás de Heidegger, para recuperar la noción de subjetividad propuesta por el fundador de la fenomenología, Edmund Husserl, y por el fundador de la antropología filosófica, Max Scheler. Ellos mostraron que el sujeto ocupa un lugar privilegiado en la totalidad de lo real, como aquél en el que se produce el "aparecer" del ser, la "manifestación" del ser. Esto permite construir una antropología filosófica y no abandonar el humanismo, que ha caracterizado a la filosofía propia de la cultura occidental.

Palabras clave: subjetividad, diferencia ontológica, diferencia intencional, antropología filosófica, cuerpo, biologismo, Heidegger, Husserl, Scheler.

The thesis defended in this article is that Martin Heidegger's "ontological differenee" disguises an anti-humanist nihilista, which eliminates philosophical anthropology asa science. Thus we are justified in going beyond Heidegger, in order to recover the notion of subjectivity proposed by Edmund Husserl, the founder of phenomenology, and by Max Scheler, the founder of philosophical anthropology. These thinkers show that the subject occupies a privileged place in the totality of the real, as that in which the "appearing" ("manifestation") of being is produced. This permits the construction of a philosophical anthropology without abandoning humanism, which has been the outstanding characteristic of Western culture.

Keywords: subjectivity, ontological difference, intentional difference, philosophical anthropology, body, biologism, Heidegger, Husserl, Scheler.

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¿Es posible la antropología filosófica? ¿Es posible considerar al hombre como un ser "singular", esencialmente distinto del resto de los seres vivos? ¿Es posible el humanismo? Para contestar hoy a estos interrogantes, creo que es inevitable añadir una última pregunta: ¿es posible seguir hablando del hombre después de Heidegger?

Se considera a Max Scheler como fundador de la antropología filosófica. Scheler siguió el nuevo camino abierto en filosofía por el fundador de la fenomenología, Edmund Husserl e intentó justificar que el hombre es un ser peculiar, un ser que posee un "puesto singular" en el cosmos. Pero otro eminente discípulo de Husserl, Martin Heidegger, dirigió sus esfuerzos justamente en dirección contraria: en su filosofía primera se trata, más bien, de disolver al hombre y de mostrar, por tanto, que la antropología filosófica es imposible como ciencia. Sin duda, es la opción antropológica de Heidegger, y no la de Husserl o Scheler, la que ha logrado imponerse en el panorama filosófico y cultural actual, y creo que aquí reside una de las razones principales de que hoy vivamos en un claro anti-humanismo.

Heidegger, bajo el lema de la diferencia ontológica, elimina la noción de "subjetividad" que Husserl había situado en el centro de la discusión filosófica; pero con la subjetividad destruye también al hombre, al hombre que estudia la antropología occidental, cuyas raíces se encuentran en la "antropología antigua y cristiana (antik-christlichen Anthropologie)" (1). Y es que, para Heidegger, la antropología filosófica no es más que el momento final de la "metafísica", caracterizada por su ignorancia acerca de la diferencia ontológica.

La antropología hunde sus raíces en la filosofía griega (o romana), que es la que entiende al hombre como animal racional, y llega hasta las teorías de la subjetividad de Husserl o Scheler, porque, según Heidegger, hablar de sujeto es hablar de sustancia (hypokeimenon) y, por tanto, de ente. Así toda filosofía de la subjetividad permanece en la "metafísica". Aunque Husserl o Scheler niegan explícitamente que el sujeto sea sustancia entendida como cosa (ente), Heidegger cree que se han limitado a negar la sustancia sin aportar ninguna noción ontológica nueva y por ello seguirían inmersos en el paradigma que pretenden negar. Sólo Heidegger lograría superar dicho paradigma al proponer una nueva noción ontológica, que es el "ser ahí". El hombre debe dejar de ser sustancia, sujeto, espíritu, para convertirse en "existencia" --dice Heidegger de modo tajante ya en Ser y tiempo--, pero veremos que esto significa destruir el sujeto y destruir al hombre.

Por el contrario, me parece que Husserl o Scheler sí han logrado ofrecer una brillante teoría acerca del sujeto, en la que se muestra su radical distinción respecto a las cosas (respecto a la sustancia como cosa). No sé si sus tesis fueron comprendidas por Heidegger (que no manifiesta dicha comprensión en la crítica que hace en Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo), pero lo cierto es que fueron totalmente paralizadas por él, de modo que hoy en día es la opción heideggeriana la que ha logrado imponerse. Por ello, mi intención en este trabajo es contribuir a que se produzca una recuperación de las ideas de Husserl o Scheler, de modo que la teoría de Heidegger no sea necesariamente la última palabra acerca del hombre.

  1. LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA FUNDADA POR SCHELER

    La antropología de Scheler empieza constatando que el concepto de hombre presenta una "anfibología alevosa", pues se usa en dos sentidos muy distintos que a veces se confunden entre sí (2). En primer lugar, encontramos el "concepto sistemático-natural" de hombre, según el cual el hombre es un animal más (situado en el grupo de los vertebrados mamíferos). Por supuesto, es más complejo que el resto de los animales, pero esto no marca diferencias esenciales entre ellos. Aunque el hombre sea el vértice superior de la pirámide evolutiva, nos dice Scheler con toda razón que dicho vértice "como todo vértice de una cosa, sigue perteneciendo a la cosa de la que es vértice" (3). Si se trata de mera complejidad corporal, hay más diferencia entre el chimpancé y el infusorio --por usar los mismos ejemplos de Scheler-- que entre el chimpancé y el hombre.

    Pero, frente al concepto sistemático natural, hay lo que Scheler denomina el "concepto esencial" de hombre. Entonces ya no entendemos al hombre como un animal más, sino como algo totalmente opuesto al animal. El chimpancé no está más cercano al hombre que el infusorio, sino que la distancia entre el infusorio y el hombre, y entre el chimpancé y el hombre, es la misma; es una distancia que podemos considerar infinita, pues el hombre queda en un ámbito ajeno al de las comparaciones que podamos establecer entre los animales. Así el hombre adquiere un "puesto singular" (Sonderstellung) (4) en el cosmos, incomparable al de cualquier animal.

    Desde luego, esto hay que justificarlo y así nos encontramos con la tarea que Scheler asignó a la antropología filosófica, que consiste en comprobar si el concepto esencial de hombre "posee una existencia legítima": "Nuestro problema es averiguar si ese segundo concepto, que otorga al hombre como tal un puesto singular, incomparable con el puesto singular de todas las demás especies vivas, posee una existencia legitima" (5). En la antropología filosófica se trata de hacer filosofía en sentido estricto (filosofía primera) acerca del hombre, pues la nueva antropología de Scheler se propone como tarea justificar hasta el final la afirmación acerca de la peculiaridad de su objeto, del carácter singular del hombre. Y su radicalidad llega hasta el punto de que la antropología filosófica ha de aceptar la posibilidad de anularse a sí misma como ciencia. Si el hombre fuera un ser vivo más, la antropología filosófica habría mostrado su propia imposibilidad como ciencia, pues su supuesto objeto de estudio sería, más bien, el objeto de estudio de las ciencias positivas (biología, antropología cultural...).

    Para otorgar al hombre un puesto peculiar en la totalidad de lo real, hemos de defender que el hombre es más que cuerpo, ya que el cuerpo es justamente lo que comparte con los animales. La tesis de Scheler afirma que el hombre va más allá de su cuerpo en tanto que tiene "espíritu", y por ello es "persona":

    "Ya los griegos sostuvieron la existencia de tal principio y lo llamaron 'razón'. Nosotros preferimos emplear una palabra más amplia, la palabra 'espíritu', para designar esa X, una palabra que comprende el concepto de razón, pero que comprende también, junto al 'pensar ideas ', un determinado tipo de 'intuición', la de los fenómenos originarios o contenidos esenciales, y además una determinada clase de actos volitivos y emocionales, como la bondad, el amor, el arrepentimiento, la veneración, el asombro espiritual, la bienaventuranza y la desesperación, y el libre albedrío. Definiremos como 'persona' al centro activo en el que el espíritu se manifiesta dentro de la esfera finita del ser [...]" (6).

    Scheler caracteriza el espíritu por su poder de "objetivación". Pero no hemos de malinterpretar este término en el sentido de una mirada tan sólo teórica, que convierta el mundo en cosas "ante los ojos" --como dice Heidegger--. Según acabamos de leer, el objeto no se reduce al objeto teórico, sino que incluye también el objeto afectivo; incluye, pues, el amplio mundo de valores que Scheler convierte en el centro de la ética.

    Pues bien, lo que muestra Scheler es que gracias al poder de objetivación de su espíritu, el hombre vive en un "mundo" (Welt) y no en un "medio ambiente" (Umwelt) como les sucede a los animales.

    Según dice beilamente nuestro autor, el animal vive extático en su entorno y lo lleva consigo a donde vaya, como el caracol su casa (7). Sólo el hombre puede dejar de ser el centro de su entorno, realizando ese peculiar distanciamiento que le saca de todos los posibles entornos y le sitúa en un mundo. Para expresar la distancia al mundo que caracteriza al hombre, Scheler define al hombre como el ser que sabe decir "no". El animal siempre ha de responder con un sí a los estímulos del entorno, pero el hombre puede decir "no" y así se distancia del...

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