Piratería

Autor:Manuel Cobo del Rosal
Páginas:89-91
 
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Constituida secularmente como delito de piratería en su manifestación marítima más genuina y grave, como un atentado recogido en la legislación penal especial, a excepción del Código penal de 1928 que la describió cabalmente, desde hacía tiempo, dió lugar a la concreción de una especie de tipo de autor criminológico, como era el pirata, y hasta su fisionomía era cantada en las coplas infantiles: ojo de vidrio, pata de palo y cara de malo. Era un clásico del llamado Derecho penal internacional. En el S. XXI nos resulta real-mente un tanto arcaizante la aparición de piratas marítimos que no lo sería si lo fuesen aéreos, o como frecuentemente sucede en nuestros días, contra la propiedad intelectual, objeto de grave confrontación entre determinados sectores de usuarios de Internet con la recién estrenada e inepta Ministra Sra. González Sinde a la que solicitan, continuamente, su cese o dimisión, pero que no se irá.

Pero, la noción que interesa aquí es la de piratería naval, en sentido estricto, como un atentado, y muy grave, a la libre circulación por los mares de barcos mercantes y/o pesqueros. Al modo como hacen, en la actualidad, los zarrapastrosos piratas somalíes que están creando gravísimos problemas concretos, de muy difícil solución a una serie de Estados que navegan por medio de sus buques en el ejercicio del derecho de gentes y se ven asaltados por una serie de individuos, armados e impresentables, como es natural, que apresan a la tripula-

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ción, se hacen con el buque y con su carga y con un buen y generoso rescate. En nuestro país, ya Felipe II fue el primer monarca que luchó denodadamente con sus galeones contra la piratería naval, creando una fuerte protección militar para disuadir o reprimir a las naves piratas, algunas veces sin resultado, pese a la valentía que desplegó en esa época nuestra histórica fuerza naval. Entonces, según se dice, constituía una verdadera plaga haciendo muchas veces imposible la navegación de nuestros barcos por las aguas internacionales que separaban los territorios del gran imperio español del S. XVI. Pero, esos piratas no tienen nada que ver con los actuales, porque estos son expresión de un Estado caótico, sumergido en una aguda pobreza, corrompidas sus autoridades hasta los tuétanos y sin control y si me apuran protegidos en régimen de encubrimiento y complicidad por esas mismas autoridades somalíes.

Ahora, según me informo por la prensa periódica, española y extranjera, al...

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