Perspectivas demográficas en España: efectos a largo plazo de la crisis.

Autor:Julio Pérez Díaz
Cargo:Instituto de Economía, Geografía y Demografía. Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC).
Páginas:23-45
 
CONTENIDO
MINISTERIO DE TRABAJO E INMIGRACIÓN
G
racias por la invitación y por esta
presentación personal, a todas luces
excesiva. Se me ha invitado a hacer
un marco demográfico inicial de los temas
que va a tratar este Seminario. Antes de
empezar debo decirles que esto de la demo-
grafía, aunque sea central en el asunto que
nos ocupa, tiene escasos productores certifi-
cados en España (no existe la licenciatura en
demografía) y yo estoy muy feliz de tener hoy
aquí a dos de las personas de referencia en mi
trabajo desde sus inicios. Uno es J.A. Fernán-
dez Cordón, maestro y colega, y la otra es Ana
Cabré, que fue quien me entusiasmó por la
demografía y me permitió convertirla en mi
campo de trabajo. Es una suerte porque real-
mente muchos demógrafos en este país no
hay, y lo que siempre me ha inspirado espe-
cialmente de ellos dos es su especial predilec-
ción por una de las dos ópticas de análisis que
hay en demografía, que es el análisis de las
generaciones. Tiene que ver con el tema de mi
exposición, porque el marco demográfico debe
hablar de cómo han cambiado las edades en
los ciclos vitales de cada generación, y no sólo
de las distintas edades convivientes en un
mismo momento, que es la otra óptica de aná-
lisis en demografía, la óptica transversal.
Aunque la demografía suele servir para dar
datos del momento y en este caso es evidente
su utilidad (estamos hablando de Seguridad
Social y todo el mundo tiene en mente el balan-
ce entre activos y no activos, entre ocupados y
perceptores de pensiones), no es eso lo que voy
a hacer, espero no decepcionar a nadie. Mi
argumentación no se basará en información
del momento (el presente o los pasados), aun-
que el asunto sea qué es lo que está ocurriendo
con la crisis o cuáles son las perspectivas de
futuro. Voy a intentar hacer pinceladas bas-
tante mayores. Quiero presentar la demogra-
fía o la situación demográfica de España a
grandes rasgos y con una perspectiva tempo-
ral amplia y generacional, porque creo que eso
cambia bastante la percepción que después
tenemos sobre el futuro que nos aguarda o al
menos sobre cómo el factor demográfico va a
influir en el futuro que nos aguarda.
Generalmente la demografía se presenta
como van a ver a continuación. El asunto es
cuáles son las consecuencias de la evolución
demográfica y lo que les traigo aquí son algu-
nas cosas que les sonarán bastante.
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REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO E INMIGRACIÓN
* Instituto de Economía, Geografía y Demografía.
Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC).
Perspectivas demográficas
en España: efectos a largo plazo
de la crisis
JULIO PÉREZ DÍAZ*
SUMARIO
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Son un par de títulos de artículos, junto a
una valoración general de las consecuencias
del envejecimiento de la población. En resu-
midas cuentas, lo que verán ustedes ahí, por
ese par de títulos, es que la evolución demo-
gráfica pone en peligro el sistema de pensio-
nes, algo bastante conocido por todos. La otra
es una valoración más general de las conse-
cuencias de la evolución demográfica y en
concreto de esa cosa que es el envejecimiento
de la población, que lo que hace es sintetizar
el descenso de la fecundidad, del aumento de
la esperanza de vida, estas cosas. Bueno la
perspectiva general, también les sonará, y es
que esto va muy mal, esto no nos puede llevar
por buen camino.
Esto que puede parecer plenamente
actual, en realidad se decía ya en 1930, que es
cuando se publicaron estos dos artículos, y lo
de que el envejecimiento de la población nos
lleva a una sociedad decadente, obsoleta, con
poca creatividad, falta de jóvenes, aún es muy
anterior, se decía ya en 1907. Bueno, no les
voy a preguntar qué situación les parece más
creativa, más pujante, más socialmente des-
arrollada, la actual o la de 1907, eso es bas-
tante evidente. Pero sí quiero hacerles notar
que algo no debe funcionar bien en nuestras
prognosis, en nuestra manera de ver las con-
secuencias de la evolución demográfica,
cuando casi un siglo después estamos repi-
tiendo las mismas cosas.
Bueno, todavía concretando más. El modo
en que se cree que vamos a tener problemas
por culpa de la demografía en el asunto parti-
cular que nos ocupa, se puede ilustrar tam-
bién bastante bien con algunos datos senci-
llos. Esto que les presento son datos de la
EPA, desde el 1964 hasta 1994, un gráfico de
un trabajo que hicimos en el Centro de Estu-
dios Demográficos sobre la evolución de la
actividad en España.
I. BLOQUE
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Nota: El Ppoint está diseñado de manera que se leen los textos primero, y sólo después se hace visible la referencia al lugar de don-
de proceden. Se trata de enfatizar la falsa actualidad de los temas y las valoraciones, que en realidad son muy arcaicos y han tenido poco
acierto en sus previsiones.
SUMARIO
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Lo que tienen ahí es la evolución de la
población española en su relación con la acti-
vidad a lo largo de tres décadas. Ya saben que
la prognosis negativa sobre la evolución
demográfica, esos perversos «impactos» de la
demografía en la Seguridad Social, se basa
fundamentalmente en la evolución de la rela-
ción entre los efectivos de estas distintas
categorías. Si se habla de dependencia demo-
gráfica, se trata simplemente de la relación
entre el efectivo en edad de trabajar y el de
quienes no la tienen; aún más concretamen-
te, se habla de dependencia de la vejez cuan-
do uno divide simplemente los mayores de 64
años entre los que tienen edad de trabajar.
Sabemos que esa relación cambia y que cada
vez hay más personas mayores por cada tra-
bajador, y éste es uno de los argumentos que
nos llevan a ser pesimistas.
Se puede hablar de dependencia todavía
afinando más y considerando solamente los
que no trabajan en relación a los que sí lo
hacen, o cuántos reciben prestaciones en rela-
ción a los que cotizan. Es a partir de la evolu-
ción de esas relaciones como se predicen los
problemas. Sólo quiero mostrarles en este
gráfico que la previsión no se cumple, simple-
mente esto. Entre el 64 y el 94 en España
hubo un crecimiento de la población de cerca
de 7 millones de personas, de las cuales, en
forma de población ocupada, no hubo ningún
crecimiento, hay una diferencia de unos
30.000 ocupados más, insignificante. Lo que
sí aumentó bastante es la población parada.
Si tuviésemos que hacer caso del modo en que
hacemos habitualmente las previsiones, de
los modelos con los cuales pensamos el futuro
y la influencia que en él tiene la demografía,
alguien que en 1964 que hubiese visto el futu-
ro treinta años hacia delante, tendría que
haber hecho las maletas para huir del país.
Porque este país, vista su evolución demográ-
fica, iba a hundirse, claro. Imaginen que les
garantizan que va a haber 7 millones más de
dependientes en un horizonte de 30 años.
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SUMARIO
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Pero ahora, a agua pasada, cualquiera con-
testará fácilmente a la pregunta de cuándo se
vive mejor en España, en el 64 o en el 94.
Cómo es posible que con 7 millones de «no
productores» más, el país esté mucho mejor,
tenga más universidades, tenga más infraes-
tructuras, tenga más pensiones (que se han
universalizado además; en el 64 buena parte
de la población de más de 65 años no tenía
pensiones todavía). Cómo es posible todo eso
con 7 millones más de dependientes y la mis-
ma población ocupada.
El cómo tiene que ver, claro, con cómo ha
cambiado no sólo el número de personas sino
sus características.
En demografía, si uno utiliza simplemente
la óptica de cómo cambia en cada momento
sólo la población «que tenemos» en cada edad,
y no cómo cambian sus características, la
transformación «alarmante», el envejeci-
miento demográfico, es muy fácil de ver. Ésta
es la pirámide del 75, ésta es la del 2005.
Lo que ha cambiado, comparando pobla-
ciones de distintos momentos, es claro. Tene-
mos una proporción de población infantil y
juvenil muy inferior a la que había en 1975
(aunque debe recordarse que aquel era un
año bastante peculiar; había mucha más gen-
te de la habitual en esas edades, a causa del
baby boom de los años sesenta, combinado
con la baja mortalidad infantil que por fin se
había conseguido en España). Es muy visible
que en 2005 la población adulta tiene mucho
peso y sobre todo que los mayores suponen
una proporción nunca vista. Es evidente el
descenso de la natalidad posterior a 1975, y
no voy a extenderme en sus motivos concre-
tos. Lo que me interesa es porqué ha ocurrido
esto no sólo en España, sino en prácticamen-
te todos lados, el porqué en el planeta en su
conjunto está ocurriendo esto.
I. BLOQUE
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SUMARIO
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Pero si empezamos a hacer distinciones
sobre la manera en que han cambiado las
características de las personas de cada edad
la perspectiva empieza a ser muy diferente.
Podemos empezar por distinguir dos con-
textos muy diferentes que producen el mismo
efecto en las pirámides de población. Hay una
manera de que las poblaciones «envejezcan»
que es perder población juvenil porque no hay
ocasiones, no hay oportunidades, no hay tra-
bajo, los jóvenes se marchan, los mayores se
quedan. Tenemos muchos municipios en este
país que son un claro ejemplo de eso, y es lógi-
co que, en tales casos, pensemos que el enve-
jecimiento es un grave problema al que debe
ponerse remedio. Pero esta lógica puede con-
taminar el análisis de lo que está ocurriendo
en grandes dimensiones. Ya no son poblacio-
nes locales, es la población del mundo la que
está envejeciendo, y es evidente que ese no es
el resultado de la emigración juvenil a otros
planetas .
Que ha disminuido la fecundidad y el
número de nacimientos en relación al total de
la población, todo el mundo lo sabe. Que
hemos ganado esperanza de vida, también es
sabido. Y hay quien considera que éstos son
fenómenos independientes. Yo soy partidario
de pensarlos conjuntamente, y creo que las
poblaciones son sistemas integrados, que los
distintos fenómenos agregados, las migracio-
nes, los nacimientos, las defunciones, guar-
dan relación entre sí, y es en esa interrelación
donde debemos buscar la explicación de los
cambios en las pirámides.
Recapitulando; en mi opinión existe una
clave de todo lo que ha cambiado, y lo que ha
cambiado es mucho, la especie humana en su
conjunto está experimentando una revolu-
ción, la está experimentando hoy en día, de
manera realmente fulgurante (hemos multi-
plicado más de 6 veces la población del plane-
ta en un único siglo). Si hay que darle una
explicación a eso, que no ha sido un fenómeno
JULIO PÉREZ DÍAZ
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gradual (hemos estado cientos de miles de
años demográficamente de un cierto modo y
ahora estamos de otro), la clave de todo es el
aumento de la supervivencia. En algunos
lugares del mundo, empezó ya en el siglo
XVIII, y en España hemos ido algo retrasa-
dos, pero en cualquier caso es un cambio sin
precedentes, que no tendrá repetición nunca
más, y de unas dimensiones absolutamente
desmesuradas. Estamos hablando de pobla-
ciones, las humanas en general, que perdían
una quinta parte de sus efectivos en cada
generación antes de cumplir 1 año, se morían
200 de cada 1.000 nacimientos antes de cum-
plir 1 año, y esto ha sido siempre así. Estamos
hablando de poblaciones que habían perdido
el 50% de los nacimientos antes de cumplir
las edades reproductivas, antes de llegar a
edad de tener hijos.
En definitiva, eran poblaciones que me
gusta calificar de ineficientes desde el punto
de vista de la relación costes/beneficios en la
función reproductiva. Al fin y al cabo los
demógrafos hablamos, en último término, de
reproducción; lo que nos interesa es cómo se
mantienen las poblaciones en el tiempo, a
pesar de que los que las componemos nos
vamos muriendo.
Acaban de aprobarnos un proyecto de
investigación (Juan Antonio forma parte de
él, igual que Ana ha hablado mucho de repro-
ducción durante toda su vida como investiga-
dora) en el que estamos trabajando con la
idea de que lo que ha ocurrido no es una tran-
sición de un tipo de un sistema demográfico a
otro, sino una revolución en la eficiencia con
que nos reproducimos. Lo llamamos Revolu-
ción Reproductiva.
Es una revolución en la eficiencia con que
se obtienen ciertas cosas, en el mismo sentido
de cualquier otra revolución productiva, como
la revolución de las manufacturas o la revolu-
ción del tratamiento de la información. Lo
I. BLOQUE
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que hemos conseguido es que, con el mismo
esfuerzo (si lo medimos en forma de naci-
mientos es muy evidente) obtenemos mucho
más output del sistema, población en definiti-
va, gente simultáneamente viva.
¿Esto cómo lo hemos logrado? Consiguien-
do que los que nacen vivan unos mínimos
temporales con significación especial para la
reproducción poblacional. De entrada, que
vivan al menos hasta edades reproductivas,
hasta la edad de tener hijos, porque si se
mueren antes, desde el punto de vista del sis-
tema, son inútiles, es gasolina quemada
inútilmente por el motor. Esto es lo primero
que hemos conseguido.
Voy a hacer el viaje al revés, les voy a lle-
var a un gráfico donde es visible hasta qué
punto ha sido fulgurante, rápida e intensa
esa llegada, a través de datos de Ana Cabré
sobre supervivencia.
Lo que tienen ahí, aunque parezca un poco
enmarañado, son simples curvas de supervi-
vientes. Al inicio, en la parte de arriba tienen
1.000 nacimientos de cada generación y cada
curva va descendiendo en función de la inten-
sidad con que se mueren, hasta extinguirse
por completo cuando cada curva llega al cero,
abajo. Hay muchas líneas anudadas, que son
las distintas generaciones españolas nacidas
entre 1856-60 y las 1956-60.
Y lo que es visible aquí es cómo tras el pri-
mer año de vida, sólo el primer año de vida,
ya nos quedaban menos de 800 individuos
vivos de la primera generación (sería la pri-
mera línea, la que empieza aquí a la izquier-
da). Pero sobre todo lo que me interesa enfa-
tizar en este gráfico es algo que constituye el
tema central en el libro del que hablaba Juan
Antonio, «La Madurez de Masas»: cuándo la
mayoría de los que nacen llega, al menos, no
ya a la edad de tener hijos, sino a la edad de
haberlos criado, a la edad de haber manteni-
do una familia, la edad de haber tenido una
historia laboral completa. Les hablo, en defi-
nitiva, de «la madurez», que supondremos en
los 50 años. En el gráfico he marcado con una
línea horizontal la mitad de los 1000 naci-
mientos iniciales, es decir, los 500 supervi-
vientes de cada mil. Como ven la generación
más antigua no tiene vivos la mitad de sus
nacimientos a la edad de 50. De hecho ya no
los tiene cuando cumple los 20 años. Si vamos
rastreando cuándo atraviesan la línea, en-
contramos la primera generación que cumple
eso, y esa generación es nada menos que la
generación femenina (porque la masculina
todavía tardará más) nacida en 1901-1905. O
sea, hasta que éstos cumplen 50 años, que ya
es la segunda mitad del siglo XX, ninguna
generación española había conseguido colo-
car viva la mitad de sus nacimientos hasta los
50 años.
Eso en España, y si lo comparamos con
otros países verán que en Suecia, por ejem-
plo, la primera generación que consigue
poner con vida la mitad de sus efectivos ini-
ciales hasta las edades maduras nació en
1818, es decir todavía no había empezado el
siglo XX, aún era 1868, y ya estaban cum-
pliendo 50 años más de la mitad de los naci-
dos cincuenta años atrás.
Bueno, esto puede parecer una anécdota
estadística, pero para mí es muy revelador de
la eficiencia de los sistemas reproductivos.
Porque no basta con tener los hijos, además
hay que criarles, hay que acompañarles.
Estamos en un país que hasta no hace mucho
conocía muchos hijos de viudas y todo esto
condiciona mucho la vida de las personas.
Lo que les quiero decir es que lo que hemos
mejorado es el sistema reproductivo y pobla-
cional, y lo hemos mejorado de forma que ha
mejorado igualmente una cosa que la demo-
grafía también estudió en algún momento de
su desarrollo histórico como disciplina, que es
la calidad de la población y no sólo la canti-
dad. Esa demografía de la «calidad humana»
derivó en el eugenismo, el clasismo y el racis-
mo, y después se abandonó porque se hicieron
grandes barbaridades en su nombre. Enten-
día la calidad como algo innato, mientras que
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hoy sabemos que guarda una estrecha rela-
ción con los recursos que se dediquen a las
personas, entendidos de forma amplia que
incluye recursos materiales, culturales, rela-
cionales...
Lo cierto es que la calidad de la población
en este proceso de revolución reproductiva
también mejora, y les daré alguna pista del
motivo. Lo que tienen ahí es a qué edad cada
una de las generaciones se ha ido quedando
huérfana de modo acumulado, al final aña-
diendo el último tramo, tienen cuántos de
cada generación son huérfanos de padre a la
edad de 50 años, pero si nos fijamos en el tra-
mo, por ejemplo, el primero, tendremos cuán-
tos eran huérfanos antes de llegar a los 5
años. Bueno, en cualquier caso lo que se ve
aquí es cómo las generaciones españolas cada
vez son huérfanas de padre, podría enseñar-
les el de madre igualmente, más tarde. Eso
implica que durante más años de su vida tie-
nen el apoyo de sus padres, que, aunque pue-
da parecer baladí, tiene que ver con a qué
edad empiezan a trabajar. Los huérfanos, en
cambio, probablemente tendrán que acelerar
su paso a la edad adulta o tendrán que traba-
jar antes o cuidar de sus hermanos, este tipo
de cosas. Como esto, muchos otros ejemplos
de cómo la mortalidad y su descenso puede
influir en cómo son los ciclos vitales de las
personas.
Voy a volver atrás. Respecto al futuro ¿qué
es lo que nos dice la demografía desde el pun-
to de vista convencional? Que la Seguridad
Social va a tener problemas, como les decía
antes, por culpa de este «sobrepeso» de los
mayores. Como además el tema eran las pre-
visiones, ¿qué les podemos decir los demógra-
fos sobre cómo va a evolucionar esto? Lo cier-
to es que tenemos algunas sorpresas recien-
tes, aparentemente aún más alarmantes.
Durante bastante tiempo, hasta los años 80,
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SUMARIO
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parecía que estábamos consiguiendo mejorar
la esperanza de vida evitando defunciones
prematuras, sobre todo las infantiles. Evitar
que los niños muriesen aumentaba muy
deprisa la esperanza de vida porque por cada
niño que no moría se ampliaba mucho el
número de años vividos totales a repartir
para calcular la vida media.
En los años 80 empezó a pensarse que,
como evidentemente estas mejoras tenían un
límite, ya estábamos muy cerca de él y que
quizás estábamos estirando demasiado, con-
siguiendo años de discapacidad en vez de con-
seguir una vida saludable. Se cambiaron los
énfasis de las estrategias sanitarias globales,
aquel lema tan conocido de la OMS de «vida a
los años».
Es desde entonces que paramos de tener
sorpresas con este tema. Lo que les podemos
decir hoy en día es que la esperanza de vida
ha seguido mejorando muy sustancialmente,
pero ya no es porque evitemos defunciones
prematuras en el sentido en que antes creía-
mos que eran prematuras, porque ahora lo
que estamos viendo es que en edades que con-
siderábamos normales para morirse, sigue
mejorando mucho la supervivencia también.
Lo que tienen ahí es una descomposición,
realizada en tres períodos quinquenales dife-
rentes, de cuáles son las edades que han con-
tribuido, y cuánto, al cambio total en la espe-
ranza de vida en esos periodos. El balance en
los tres quinquenios fue siempre de una mejo-
ra considerable, pero no todas las edades con-
tribuyeron con mejoras igualmente impor-
tantes. Los primeros son la contribución del
descenso de la mortalidad de los más peque-
ños y en cambio la zona penúltima es la con-
tribución de la mejora en la supervivencia de
los más mayores. Como pueden ver cada vez
es más intensa la mejora de los más mayores
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SUMARIO
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como explicación de que la esperanza de vida
sigue aumentando en este país. Ésta es una
novedad, no lo esperábamos. Esperábamos
que la mortalidad no mejorase mucho más,
pero lo sigue haciendo.
Hay otros indicios bastante sorprendentes.
Ahí lo que tienen es una cosa muy diferente, es
simplemente, unidos por la raya, puntos en
que se marca a qué edad murió la persona más
mayor que murió en ese año en Suecia –Suecia
es el país que tiene las series más largas en su
registro civil de defunciones–, es decir, la per-
sona más longeva que muere ese año es el pun-
to representado en la línea.
Y la tendencia ascendente es muy clara,
desde 1861 y durante todo el siglo siguiente.
Como les decía, en los años 80 se pensaba que
esta tendencia se iba a agotar o por lo menos
que iba a ralentizarse. La sorpresa que nos
produce el gráfico de Wilmoth es que ha ocu-
rrido todo lo contrario. No voy a entrar en
posibles explicaciones metodológicas estadís-
ticas de un fenómeno tan extraño, que mati-
zarían lo que nos parece a primera vista, pero
en cualquier caso parece que el futuro que nos
aguarda todavía no es el que nos pensábamos
en los años ochenta; las cosas no se han para-
do en absoluto.
En definitiva, el proceso de envejecimiento
de la población se va a acentuar mucho en el
futuro, más incluso de lo que parecía posible.
Ahora está bastante estancado porque hemos
tenido un gran aporte de inmigración joven y
también porque generaciones de poco efectivo
inicial, como las nacidas en la Guerra Civil,
se están jubilando en estos momentos, o sea
que, suman poca población mayor nueva a la
que ya había, pero cuando esto haya pasado,
y eso será dentro de poco, y cuando empiecen
a llegar a los 65 años las generaciones de los
años 50 y de los años 60, de repente vamos a
tener las generaciones más llenas de la histo-
ria de este país traspasando la puerta de los
65 años, y esta vez vivos en su inmensa mayo-
ría. Sólo para que se hagan una idea de lo que
ha cambiado la supervivencia de las genera-
ciones, y hablando de hasta qué edad todavía
vive la mayoría, la mitad de los que nacimos
en los años 60, espero ser uno de los afortuna-
dos, llegará a vivir hasta los 90 años, la
mitad, y estamos hablando de generaciones
muy llenas, hablamos de centenares de miles
de personas cada año. Con esto quiero decir,
de nuevo, que esto no ha acabado aquí.
El efecto de todo lo anterior, visto de la
manera tradicional con que se ve la influen-
cia de la demografía en el resto de nuestra
vida, puede asustar. Voy a intentar explicar-
les porqué no debe asustarnos tanto. El modo
en que vemos las pirámides de población, el
modo en que vemos la estructura por edades
de un determinado año, puede ubicarse en
una línea vertical en un diagrama temporal
como éste, que les explico rápidamente.
Abajo lo que tienen es el tiempo en su for-
ma histórica, son años, y en el eje vertical
hemos puesto otro modo de tiempo, que es el
tiempo de vida de las personas, años también.
Pero aunque puedan parecer iguales en cuan-
to que años, son cosas muy diferentes. Noso-
tros tenemos un tiempo limitado, vivido, no
es el tiempo de la física ni el de la historia; y
cada diagonal lo que dibuja es el trayecto de
vida de una persona o de una generación.
Alguien que nació en 1901 un año después
estará en 1902 y tendrá ya un año de edad, y
así vamos subiendo y se va dibujando esta
diagonal. Trabajar con edades es una cosa
muy habitual en demografía, necesaria en
realidad, porque la edad es crucial para nues-
tra disciplina. Hay edades en que las perso-
nas se reproducen, y hay edades en que la
muerte se hace frecuente; hay edades en que
se estudia, se trabaja… Podemos estudiar
tablas de datos por edades que en realidad
dibujan un corte vertical en el gráfico ante-
rior, es decir, personas de distintas edades
que corresponden a generaciones distintas.
Si ahora contásemos de cada edad qué perso-
nas hay en esta sala, tendríamos gente de dis-
tintas generaciones, podríamos hacer una
tabla por edades. Ésa es una manera de ana-
lizar las edades, que es la manera en que se
JULIO PÉREZ DÍAZ
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representan las pirámides de población, es la
manera en que se analiza el envejecimiento
de la población, y nos habla de los cambios «de
estructura», del cómo está compuesta la
población en cada instante temporal. En casi
todas las ciencias sociales que manejan datos
estadísticos por edades esta es la óptica más
frecuente. Pero también podemos hacer, y eso
es una de las cosas que hace la demografía y
que a mí siempre me ha parecido realmente
fascinante, podemos hacer un análisis de las
edades de las mismas personas a lo largo de
su vida. Eso que se llama análisis generacio-
nal. Gracias a esta segunda forma de contem-
plar las edades la demografía puede hacer un
tipo de análisis y de prognosis muy diferente
de lo que está ocurriendo.
Antes les decía que lo que nos ha ocurrido
es que hemos cambiado la eficiencia del siste-
ma. Bien, esto en forma de trayectos vitales
se traduce en cambios muy espectaculares. Si
los niños ya no tienen que trabajar con 13
años –los nacidos a principios del siglo XX en
España tenían una edad media de inicio de la
vida laboral de 13 años–, si los padrinos y las
madrinas ya no necesitan ser figuras reales
sustitutivas de los padres y de las madres, si
ya se limitan a llevar el pastel cuando llega el
cumpleaños, si ya no hace falta el sororato,
que era aquella cosa que le tocó a la Tía Tula,
que es casarse con el marido de tu hermana,
si tu hermana fallece, porque alguien debe
cuidar de sus hijos pequeños, tus sobrinos...
Si todos estos mecanismos de previsión ante
la muerte inesperada de quienes nos rodean
ya son innecesarios, podemos hacer cosas
como tener familias nucleares, esto que a los
funcionalistas americanos les gustaba enfati-
zar tanto como parte de la modernidad y la
industrialización, pero que nadie pensó en
ningún momento que tuviese como condición
ineludible que la gente viva. Especializarnos
en roles masculinos, femeninos, de proveedor
económico, de cuidador de los demás en un
contexto de alta probabilidad de desaparición
de uno de los miembros, es nefasto.
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Lo que sostengo es que hace falta controlar
ante todo la mortalidad para formar familias
modernas. Si no, lo que tenemos son familias
extensas en que todo el mundo tiene que ser
polivalente, los niños tienen que saber traba-
jar, las niñas cuidar de los hermanos… Por la
casa con las puertas abiertas transitan tías,
abuelas, todo el mundo hace de todo, incluido
trabajar (contra algunos tópicos, las mujeres
trabajaban mucho en las sociedades tradicio-
nales, siempre lo han hecho, en actividades
productivas que ahora parece que sólo eran
propias de los hombres) todo eso era un meca-
nismo defensivo ante la eventualidad bastan-
te cierta de que alguien podía fallecer en cual-
quier momento; no podía uno especializar
roles.
Bien, finalmente hemos podido especiali-
zar roles, los niños han podido tener estu-
dios… Por aquí traje también algunos indica-
dores generacionales, por ejemplo cuánta
gente no fue a la escuela y cuánta gente no
aprendió a leer y escribir en España de los
nacidos en el siglo XX, y tenemos todavía
generaciones vivas en que la proporción de
analfabetos es muy alta, y esto tiene que ver
directamente con lo que les contaba antes.
El número de años dedicados a la escuela
también es un factor muy visible en todo esto,
ahí tienen cómo ha ido aumentando. No quie-
ro extenderme mucho más en las consecuen-
cias que tiene la simple mejora en la supervi-
vencia de quienes nos rodean, especialmente
para los niños y jóvenes, pero la edad a la que
las mujeres que se han dedicado alguna vez a
lo largo de su vida principalmente a las tare-
as del hogar es otro de esos ámbitos que ha
cambiado mucho también. A principios de
siglo, muy buena parte de ellas empezaban
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entre los 15 y los 20 años, y está claro que lo
hacían porque trabajaban como amas de casa
en casa de sus padres. El cambio generacio-
nal fue que las siguientes generaciones, que
nos parecen muy arcaicas, empezaron a dedi-
carse principalmente a las tareas del hogar
entre los 20 y los 25 años de edad y eso, claro,
ya fue en su propia casa, no en la de sus
padres.
La clave, el núcleo de lo que hoy quería
contarles, es que todos estos cambios tienen
que ver con una mayor eficiencia reproducti-
va; en todos los casos la siguiente generación
se ve beneficiada de los progresos de la ante-
rior. Con ello retomo el tema de la «calidad».
No son sólo las «cantidades» lo que se ha veni-
do transformando; el cambio demográfico ha
sido también, sobre todo, un cambio cualitati-
vo y los cambios en los ciclos de vida son muy
evidentes. Lo que se deduce de todo lo que les
estoy contando es que los acontecimientos,
las transiciones relevantes en la vida se
retrasan. Uno no empieza a ser adulto tan
pronto como antes, ni siquiera se empieza a
ser mayor tan pronto como antes, al margen
de cuáles sean las edades legales de jubila-
ción. En este cambio en la eficiencia de los sis-
temas reproductivos que son las poblaciones
hemos conseguido más años de juventud,
rejuvenecimiento, no envejecimiento.
De hecho hoy se puede tener 50, 60 años y
considerarse joven porque tienes mayores
vivos. Yo estuve certificando la edad de Joan
Riudavets en Menoría, un señor que tenía en
ese momento 112 años, y quien le cuidaba era
su hija Francisca que tenía más de 80 años, y
era una mujer joven, la que nos abrió la puer-
ta cuando fuimos a verla, era una mujer que
se había pintado los labios, se había puesto
sombra de ojos, vestida elegante con un toque
sport y era joven porque ella estaba cuidando
a su padre. Todo eso forma parte del cambio y
es un cambio muy diferente observado de esta
manera al que normalmente nos parecería
simplemente viendo las pirámides de pobla-
ción. En el fondo lo que ha cambiado es lo que
significa socialmente tener cada edad, éste es
el gran cambio.
En ese proceso, por ejemplo, hemos hecho
surgir por ahí una cosa llamada infancia,
antes desconocida, inexistente. Philippe
Aries esto ya lo había teorizado hace tiempo,
pero es que ahora hemos hecho emerger otra
cosa que se llama juventud que parece que se
alarga hasta casi los 40, para desesperación
de muchos jóvenes y de muchos padres de
jóvenes también. Todos estos son unos cam-
bios que resultan de tener un perfil demográ-
fico, unas características de los habitantes de
este país realmente muy diferentes a las que
había hace sólo 30, 40 o 50 años.
Esto nos ha permitido un transito en el
perfil ocupacional, voy a ir hablando ya de un
tema central en todo esto que es el de la pro-
ductividad y ahora vuelvo al tema inicial del
futuro de la Seguridad Social y les recuerdo el
gráfico inicial sobre la parte de activos ocupa-
dos, desocupados, etc.
Venimos de un país en el que, fíjense, toda-
vía en los años 60 un tercio de la población
ocupada trabajaba en el sector primario,
cuando en Gran Bretaña ya era sólo el 9% ¡en
1900!. El nuestro era, además, un sector pri-
mario con una productividad bajísima, con
muy escasa inversión, con muy escasa inno-
vación, y por eso les ponía aquí esta imagen:
fíjense ustedes cómo se hacía algo tan básico
como arar el campo, con layas, creo que es en
Navarra.
Una de las vías de mejora de la actividad la
tienen aquí: es el tipo de sector de ocupación,
porque convertir en muy eficiente el trabajo
que antes era ineficiente no es la única mane-
ra de elevar la productividad global.
JULIO PÉREZ DÍAZ
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Una vía muy fundamental para mejorar la
productividad del trabajo ha sido el trasvase
de mano de obra de unos sectores a otros, más
productivos. Las generaciones nacidas a prin-
cipios de siglo, en más de su 50%, más de la
mitad, habían iniciado su carrera laboral en
el sector primario. Fíjense que el año no es
cuando empezaron a trabajar, sino cuando
nacieron, o sea que la primera ocupación de
los nacidos en 1900 debió producirse en la
segunda década del siglo XX, y esta primacía
del sector primario se mantuvo hasta las
generaciones 1936/1940, con lo que probable-
mente estamos hablando de los que empeza-
ban a trabajar nada menos que en los años
60, y todavía la mitad de la población españo-
la empezaba a trabajar (ésta es la masculina,
además), empezaba a trabajar en el sector
primario que, como les digo, era un sector
muy escasamente productivo. Simplemente
con el trasvase de mano de obra de este sector
al sector secundario ganábamos en producti-
vidad tremendamente, y esto tiene que ver
con los sistemas de protección social y lo que
cotiza la gente, claro. En el sector primario
había muchísimos trabajadores que eran
simplemente jornaleros y que jamás cotiza-
ron. Después era imposible que demostrasen
haber trabajado y que ese trabajo computase
a la hora de jubilarse.
En todo ello ha habido cambios fulguran-
tes. Si se fijan en cuántas generaciones han
ingresado al mercado laboral principalmente
en el sector secundario en España, verán que
son poquísimas, porque inmediatamente des-
pués de nuestro retrasadisimo despegue
industrial de los años 60, a finales de los 70 y
primeros de los 80, el sector secundario se
hunde, la famosa crisis llamada del petróleo,
e inmediatamente después pasamos a ser un
país en lo que lo mayoritario es trabajar en el
sector terciario. Todos esos tránsitos, tan
veloces en España, forman parte de un cam-
bio en el que la demografía es fundamental.
Les recuerdo que era uno de los países con la
mortalidad más alta de toda Europa en 1900,
con una esperanza de vida que no llegaba a
los 35 años. Hemos quemado etapas hasta
convertirnos en un siglo en uno de los países
con las esperanzas de vida más altas. Todos
esos tránsitos tienen que ver con esto tam-
bién. ¿Cómo hemos podido hacer este tránsito
a una economía terciaria tan rápidamente?.
Claro que los Fondos Estructurales Europeos
han tenido que ver, claro que hay muchos fac-
tores economicos, políticos o sociológicos, pero
el hecho de que tanto a nivel colectivo como a
nivel micro, a nivel familiar, se haya hecho
una inversión fortísima en la formación de los
jóvenes, ha facilitado mucho todo esto. Claro
que los jóvenes ya no se casan tan pronto
como antes, claro que siguen siendo jóvenes
más años, pero es que esto es parte del con-
junto que nos permite estar donde estamos
ahora.
Sigo hablando de productividad. Eso que
tienen ahí es cómo se hacía un túnel hace
algún tiempo, y no les enseñaré cómo se
hacen ahora con las tuneladoras, pero el cam-
bio es muy radical. Aquí hay otra imagen, que
nos recuerda cómo el tratamiento de la infor-
mación ha cambiado también. Sólo tienen
que pensar en lo que costaba hacer un certifi-
cado bancario cuando no había ordenadores y
verán cómo la eficiencia del trabajo en el
manejo de la información ha experimentado
un cambio… Ahora no hace falta nadie, lo
hace un cajero automático, y en su época veí-
as a un señor al que le rellenabas un impreso
y se perdía allí en una especie de mar inson-
dable de archivadores y volvía al cabo de una
hora. Eso es eficiencia de trabajo también y
eso tiene que ver con la sostenibilidad de
nuestro sistema de protección social. Al fin y
al cabo si sólo contamos personas, estamos
cometiendo un error. Lo que mantiene el sis-
tema no es sólo cuántas personas cotizan y
cuántas personas perciben, lo que cuenta
sobre todo es cuánto cotizan y cuánto perci-
ben unos y otros, y eso tiene que ver directa-
mente con el grado de riqueza del país.
Saben ustedes que la riqueza ha crecido
muchísimo más que la ocupación, es decir,
con relativamente el mismo número de ocu-
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40 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO E INMIGRACIÓN
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pados… De hecho ése es un problema, el cómo
hacer aumentar la ocupación a pesar de que
seguimos aumentando riqueza, pero en cual-
quier caso eso es un indicativo clarísimo de
que la productividad crece muy por encima de
lo que crece la población, eso es realmente lo
que explica el gráfico que les puse al princi-
pio. ¿Cómo es posible que 7 millones de perso-
nas más vivan y vivan mucho mejor con el
mismo número de ocupados? Pues porque lo
que cuenta no es sólo cuántos ocupados ten-
gamos, lo que cuenta es qué productividad
tienen y cuanta riqueza generan. Y como ade-
más hay un desfase temporal entre los
momentos en que cada trabajador está supo-
niendo una mayor creación de riqueza y de
contribución al sistema (por su mayor espe-
cialización, sector en que trabaja, apoyo téc-
nico y organizativo…) y el momento en que,
como jubilado, cobrará una pensión, tenemos
ahí un bonus prácticamente automático que
diferencia contribuyentes y pensionistas (que
cobran según una historia laboral anterior,
menos productiva). Si de manera sostenida
sigue habiendo mejoras en la productividad,
tenemos una explicación más del porqué
tenemos un sistema que se sostiene y además
con bastante superávit, pese a las insistentes
y machaconas previsiones exclusivamente
«demográficas».
Y voy acabando. Les recuerdo los indicios
de mejora en nuestra población, de todo tipo.
Los demógrafos nos centramos en la mejora
en la mortalidad, después podemos analizar
qué pasa con otros comportamientos que tie-
nen que ver con la reproducción, obviamente
con la fecundidad. No les he hablado de
migraciones, y son un tema absolutamente
crucial en este tema, muy vinculado a este
cambio en nuestra eficiencia reproductiva y
en el perfil de los jóvenes que creamos. La
migración viene a partir del momento en que
empieza a haber más trabajo generado que
personas formadas aquí con los perfiles ade-
cuados a ese trabajo. Cuidado, no estamos
hablando de volúmenes, estamos hablando
de tipos de trabajos, nuevamente de «calidad»
y no sólo de cantidad. Hemos estado invir-
tiendo y construyendo jóvenes que son Rolls
Royces y lo que no hacemos es llevarlos a car-
gar tochos a la obra como si fuesen furgone-
tas.
Ese cambio tiene que ver con las migracio-
nes, pero éste es un tema en el que me alar-
garía mucho. Lo que les digo es que este cam-
bio en la calidad de la población está en el fon-
do del cambio colectivo y sustenta además
futuros cambios, fácilmente previsibles, por-
que la idea es que estamos hablando de un
proceso que se autoalimenta, no se ha acaba-
do aún, seguimos inmersos en él. Sólo un
botón de muestra. Esto es de un trabajo
reciente explotando encuestas nacionales de
salud, aquí podrán ver además una de las vir-
tualidades del análisis por generaciones.
Esta es la evolución de la estatura media
de las sucesivas generaciones nacidas en
España desde principios de siglo hasta fina-
les de los años 70. Insisto, no es el momento
en que tienen esa estatura, sino en qué
momento nacen estas generaciones, y ésta es
la estatura media que alcanzan una vez son
adultos, entre los 19-20 años. Lo que les que-
ría decir es que entre la estatura media de los
adultos españoles de alrededor de 70 años de
edad y los que tienen 20, es decir un interva-
lo de 50 años sólo, la diferencia es de 10 centí-
metros, y como ven la curva no parece haber
llegado a la meseta. Esto puede parecer sólo
anecdótico, pero es un buen indicador de
cómo las características generacionales están
cambiando.
El análisis generacional es pues una
herramienta de prognosis estupenda; hoy ya
sabemos cuál será la edad media que tendrán
los que se jubilen dentro de 30 o de 40 años,
esto lo sabemos. El análisis generacional per-
mite hacer esto, igual que nos permite adivi-
nar cuántos mayores dentro de 20 años llega-
rán teniendo carné de conducir y coche. Has-
ta ahora había muy pocos, pero es que eran
generaciones que no lo habían tenido nunca.
Cuando de repente toda la gente de más de 65
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años o muy buena parte de ella tenga carné y
coche, no pensemos que es que la gente mayor
ha cambiado mucho y ha corrido a las autoes-
cuelas, sencillamente es que son generacio-
nes que hoy ya sabemos en qué proporción
han conducido.
Todo esto hace pensar, y con esto iré aca-
bando, en algo que no tiene directamente que
ver con la Seguridad Social, no tiene que ver
con la protección social, ni siquiera tiene que
ver con el Estado, ni con lo macro, tiene que
ver con otra fuente de bienestar y de cambio y
de mejora en la sociedad española que es la
familia y que es muy importante. Cuidado,
porque a veces puede parecer que son las polí-
ticas y son los gobiernos los que consiguen
todas estas transformaciones de las que les
estoy hablando, y si algo tiene la demografía
es que mide cosas con una gran inercia, a un
largo plazo y muchas veces las políticas tie-
nen poco que ver con eso. Lo que ha cambiado
en las familias es que no sólo ahora los padres
y las madres están asegurados durante el tra-
yecto vital de sus hijos. Empezamos a tener
familias casi generalizadamente con abuelos
también, y esto es una novedad histórica, por-
que siempre hubo abuelos, pero cuántos. Bue-
no, ahora tenemos abuelos e incluso bisabue-
los, ya estamos cerca del momento en que
prácticamente la mitad de los niños vendrán
al mundo teniendo algún bisabuelo vivo.
Lo que tienen ahí es qué proporción de los
hijos de estas generaciones vienen al mundo
habiendo perdido ya a su abuelo o abuela,
materno o paterno, y como pueden ver la evo-
lución es tremenda. De los hijos de las gene-
raciones 50-60, apenas un 5% ha perdido a
una de sus dos abuelas y en un poco más del
15% algunos de sus abuelos antes de nacer,
pero es que veníamos de generaciones que
cuando tenían hijos habían perdido a sus
padres, es decir, los abuelos de sus hijos, en
más del 50%. En el momento de nacer yo no
conocí a ninguno de mis dos abuelos, habían
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muerto antes, y esto era lo habitual. Esto se
ha acabado, afortunadamete, y ello implica
que de repente tenemos un nuevo actor social,
insisto, a nivel macro (envejecimiento de la
población), pero también a nivel micro y son
los mayores en las redes de relaciones y solida-
ridades familiares e intergeneracionales. En
algún sitio me he dedicado a especular sobre
qué consecuencias puede tener eso, y les pre-
sento unos resultados de esas especulaciones
que me sirve para provocar en algunos temas,
y que me servirá para ir terminando.
Todo lo que les he contado tiene un princi-
pal beneficiario o un protagonista implícito,
no lo he hecho explícito. Juan Antonio (Fer-
nández Cordón) me recordaba la centralidad
de los cambios entre las mujeres. Las máxi-
mas beneficiarias de la revolución demográfi-
ca, de la revolución reproductiva son precisa-
mente las mujeres, que durante toda la histo-
ria de la humanidad han estado completa-
mente vinculadas a la función de reproducir.
Hemos conseguido tal eficiencia que ese tra-
bajo ha disminuido, es mucho más opcional
que antes, y por lo tanto es lógico que tenga
sus días contados la tradicional distribución
de roles de género, que venía a ser más o
menos la que les represento aquí, a la izquier-
da: por un lado los hombres especializados en
roles y actividades productivas; por otro lado
las mujeres, especializadas en las reproducti-
vas, no sólo biológicas, también sociales, en el
cuidado, la alimentación…
Esto también ha cambiado, y la sugerencia
que les hago es que piensen si esto otro, a la
derecha, es posible. Puede que estemos lle-
gando a una nueva distribución de roles en
que, tanto hombres como mujeres, cuando
son jóvenes, estén especializados en adquirir
capital educativo y después producir y que,
por lo tanto, los roles reproductivos estén des-
apareciendo entre las mujeres de esa edad.
JULIO PÉREZ DÍAZ
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Muchos lo dicen abiertamente «como las
mujeres ya no se dedican, ya nadie lo hace».
Nadie parece recordar que hemos generado
un nuevo colectivo muy abundante, los mayo-
res. Los que llegan ahora a los 65 años en su
inmensa mayoría están muy bien de salud y,
además, prestan servicios a los demás, de
todo tipo, también financieros; no son esos
pobrecitos dependientes que todos nos cree-
mos, es gente que acoge a sus hijos cuando
tienen malos tragos en su vida de pareja o
laboral, es gente que cuida de sus muy mayo-
res, que tienen un cierto patrimonio… Son las
primeras generaciones que pueden hacerlo,
por otra parte, son las primeras que han teni-
do una vida normal, no interrumpida por una
guerra civil o por una epidemia, han tenido
toda la vida para trabajar, han trabajado
muchísimo y ahora pueden y quieren seguir
siendo importantes y útiles. Vayan ustedes a
las guarderías por la tarde a ver quien espera
a los niños.
Por supuesto esto es una provocación, no
digo que estemos ahí, tendrá mucho que ver
el estado del bienestar desde el punto de vis-
ta público, y qué servicios «reproductivos»
presta en forma de cuidados, de guarderías,
para que los mayores asuman en mayor o
menor intensidad estos roles, pero en cual-
quier caso esto ahora es posible y antaño no lo
fue nunca.
Por ir sacando conclusiones, lo que he
intentado transmitirles es que la demografía
no es una enemiga, la demografía no va a ser
causa de ninguna crisis de los sistemas de
protección social, no estamos en los años 80
en plena ofensiva del neoliberalismo, en que
parecía que el envejecimiento de la población
iba a acabar no ya con las pensiones, iba a
acabar con el Estado prácticamente. Ya ha
corrido algún tiempo, ya hemos visto cómo
van las cosas, pero la demografía sólo deja de
verse como enemiga cuando adoptamos una
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óptica más global, más heurística, y sobre
todo combinando indicadores de momento
con indicadores de generación para tener en
cuenta el gran cambio demográfico en el que
estamos inmersos y su traducción en nuevas
y mejores maneras de vida. Si seguimos pen-
sando simplemente en cotizantes y en pensio-
nistas, seguiremos oyendo estas voces de
alarma tan frecuentes y estas lecturas abso-
lutamente catastrofistas sobre lo que nos
espera por culpa de la evolución demográfica.
Espero haberles hecho partícipes de mi per-
cepción, que es muy distinta a ésta. Ni siquie-
ra el envejecimiento de la población creo que
sea el gran mal que se nos está vendiendo tan
a menudo. Creo que visto como parte de ese
conjunto de mejora sistemática del sistema
poblacional, el envejecimiento de la población
es algo que tenemos que ver con muy buenos
ojos. Todo el gasto, todo el esfuerzo que haga-
mos en mejorar la vida en todas las edades,
incluidas las mayores, no es un gasto que
hagamos para otros. Esta idea que vino de los
Estados Unidos en su día, el conflicto entre
generaciones y la juventud damnificada, sólo
tiene sentido si vemos las edades como gru-
pos simultáneos en el tiempo y competitivos
entre sí. Si vemos las edades como algo por lo
que vamos a transcurrir todos, veremos que
cualquier mejora en la ergonomía del entorno
urbano que fomentemos como jóvenes, redun-
dará en nuestro beneficio cuando lleguemos a
la etapa de la vida en la que nos sea necesa-
ria.
Creo, sinceramente, que el cambio demo-
gráfico ha favorecido la «eugenesia» social,
que era como se llamó en su día la mejora no
de la cantidad sino de la calidad poblacional,
en un sentido que no es el de entonces, racial
y racista. Les hablo de eugenesia casi en el
sentido del anarquismo ibérico, la mejora por
una maternidad consciente, la mejora por un
mayor cuidado de los demás, por un mejor
cultivo de la infancia y de la juventud. Pues
bien, yo creo que esto ha sido parte del proce-
so que nos ha traído aquí. En ese proceso creo
que hay una buena explicación de la libera-
ción de la mujer de roles que la tenían ata-
da… Con sólo eso ya sería una revolución
social completa, pero el cambio en los perfiles
generacionales y la mejora de su superviven-
cia y de sus perfiles vitales tiene también que
ver con la actividad laboral, por supuesto,
porque en buena parte el aumento en el
número de personas dispuestas a trabajar ha
tenido que ver con esta liberación de las
mujeres y hemos ganado mano de obra de
muy buena calidad, con un buen grado de for-
mación en las generaciones que están llegan-
do ahora. Liberadas de la ineludible función
de mantener la vida humana, tan precaria,
mediante grandes descendencias, las muje-
res tienen hoy mejor grado de formación, tie-
nen más estudios que los hombres. Esto es
una cosa inusitada. Y todo eso redunda en
una mayor productividad que, como les digo,
creo que es una de las claves de todo esto.
El cambio demográfico, la democratización
de la supervivencia completa hasta la vejez,
la revolución reproductiva, la resonancia que
tienen las mejoras en los recursos y condicio-
nes con que transcurren las vidas de cada
generación sobre los descendientes que ten-
drán, son transformaciones históricamente
revolucionarias. No sólo no ponen en peligro
el futuro, sino que lo encarrilan y lo salva-
guardan frente a las crisis ocasionales, cada
vez menos virulentas en sus impactos sobre
las clases sociales más afectadas.
Les agradezco mucho su atención y les
invito a hacer los comentarios y objeciones
que deseen a lo que acabo de contarles, a los
que contestaré lo mejor que pueda con mucho
gusto. He pretendido simplemente dar una
visión un poco distinta a la habitual sobre la
relación entre el espectacular cambio demo-
gráfico en el que estamos inmersos y la soste-
nibilidad y futuro desarrollo de nuestra socie-
dad e instituciones. Muchas gracias.
JULIO PÉREZ DÍAZ
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