Perspectiva y contingencia en Leibniz (1).

Autor:de Salas, Jaime
Cargo:Gottfried Wilhelm Leibniz
 
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It is sought to return to the Leibnizian's concept of contingency to thwart the postkantian's and posthegelian's philosophy of it. This search records two relatively different ways: Leibniz, as a typical thinker of his time, and Leibniz as a precursor of our own contemporary way of thinking. As regards this, the comparison that is made with Sartre and Rorty gains special importance.

Keywords: Leibniz, contingency, Sartre, Rorty.

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Este artículo pretende volver a Leibniz y su noción de contingencia desde un supuesto: si bien el término contingencia está vivo en el lenguaje de la filosofía académica e incluso en la percepción habitual de la realidad, sin embargo no tiene un desarrollo filosófico del alcance que encontró en el pensamiento prekantiano. Hoy acudimos al concepto más como la expresión del límite de nuestra representación de la realidad antes que para expresar algo positivo sobre la misma. Leibniz ocupa un lugar de tránsito dentro de la historia del pensamiento filosófico entre otras razones justamente por su concepción de la contingencia. Ésta al mismo tiempo recoge una concepción consagrada en la historia pero anticipa muchos de los planteamientos de la filosofía postkantiana y posthegeliana. No es fácil ni superar ni siquiera discutir con una forma tan elaborada de concebir y formalizar un concepto pero sí creo que algunas de las fórmulas a las que llega Leibniz son útiles en un contexto muy distinto del suyo y permiten acometer problemas que están abiertos desde la revolución kantiana.

  1. Caben de la obra filosófica de Leibniz y de sus textos sobre la contingencia por lo menos dos tipos de lecturas distintas. Por un lado, es claro que su posición abunda en una visión que podríamos llamar tradicional donde temas platónicos y aristotélicos se refuerzan. Pienso sobre todo en la misma contraposición entre contingente y necesario, pero también en el uso de las propiedades trascendentales del ser como verum, bonum y ens, la concepción de la vida divina como autocontemplación, la importancia de la operación ad extra de Dios al crear el mundo y el carácter ejemplar de aquélla. Se puede entender el pensamiento leibniziano como un conjunto de variaciones de temas de filosofía tradicional arguyendo incluso que lo nuevo en Leibniz se debe ver desde un repertorio que en muchas ocasiones ni siquiera se explicita en la formulación de su pensamiento sino que se encuentra implícito en el texto como algo en el que el lector y el intérprete están de acuerdo. Así la misma originalidad de Leibniz al formular su concepto de substancia como mónada percipiente se tiene que entender de entrada de acuerdo con sus propias palabras en el Discurso de Metafísica como una actualización de esa tradición en un contexto científico y filosófico que tras Galileo y Descartes había cambiado decisivamente (2). El análisis de la posición leibniziana no sólo le lleva al intérprete a aclarar la posición de Leibniz acudiendo a otros doctrinas explícitas del pensador alemán como sus teorías del poder, la materia, la armonía preestablecida etc., sino acudir a esa visión creacionista, teocéntrica, substancialista del que parte.

    Pero también puede entenderse que Leibniz está expresando con su obra en general y su teoría de la contingencia en particular el paso a una edad distinta. El pensamiento de Leibniz puede ayudar a entender la modernidad, pero entonces la cuestión es fijar qué es lo que se entiende por moderno. Podemos pensar en las interpretaciones de Leibniz, de Heidegger (3), de Dumont (4), de Deleuze (5) o de Renaut (6), en las que inciden de forma distinta la interpretación de la obra leibniziana. En cierta manera la presencia de Leibniz en estos casos ya no es una presencia de un sistema tomado en su conjunto sino más bien un punto de referencia para pensar la modernidad, es decir el estado en que nos encontramos entendiendo que su pensamiento contiene, o al menos anticipa algún aspecto destacado de ésta. En este trabajo, queremos también realizar un camino semejante a estos intérpretes. Recordaremos alguno de los extremos de su pensamiento no para recuperar la unidad de su sistema sino porque probablemente cualquier teoría del individuo ha de tenerlos en cuenta como puntos de referencia.

    Las dos formas de entender el pensamiento leibniziano no son simétricas Mientras que el historiador que asocia Leibniz con la tradición puede acudir a un contexto de convicciones filosóficas vigentes en su momento, de creencias en el sentido orteguiano, el intérprete moderno al acudir a Leibniz como precursor de la modernidad lo relaciona con una interpretación explícita de esta modernidad que se confirma y encuentra sentido en esta asociación con Leibniz. Por otra parte, por lo general no se trata de expresar un efecto que el pensamiento leibniziano haya tenido, sino más bien de entender que su obra expresa por anticipado una u otra cara de un mundo. Más que intérprete de una tradición, Leibniz quedaría como una figura emblemática de la filosofía tradicional pero a la vez precursora de nuestro mundo intelectual.

  2. En un punto, el pensamiento leibniziano parece prekantiano y contrario a la experiencia de la realidad que caracteriza el pensamiento de los dos últimos siglos. La contingencia es dicha de toda mónada --salvo Dios que en ocasiones es caracterizado por Leibniz como mónada-- y por extensión de todas sus percepciones y el contenido de éstas. Se trata de su condición de creada, de forma que la mónada es contingente porque internamente no puede dar razón de sí misma. Se completa con el resto de las mónadas creadas y sobre todo depende de una razón suficiente externa que la ponga en existencia. Por lo mismo que se afirma que Dios existe necesariamente en virtud de su propia constitución, cualquier realidad creada no goza de esta suficiencia y remite inevitablemente a una instancia que la trasciende.

    Desde este punto de vista, la conciencia de la contingencia de la realidad creada en la filosofía tradicional y todavía en Leibniz es ambivalente. Por una parte, es la constatación de que las cosas permanentemente están dejando de ser, caminando hacia su extinción, pero al mismo tiempo, aquello que es, es contingente, y se ajusta a un orden que lo hace ontológicamente y específicamente inteligible. Lo contingente se encuentra entre la nada y lo necesario. Cabe que el hombre se recree en un mundo donde cada elemento tiene su sentido propio.

    La contraposición entre lo contingente y lo necesario remite a las nociones de bien ontológico y de inteligibilidad que todo ente posee, de forma que el Ser necesario es al mismo tiempo el Bien y la Verdad supremas, y el ser contingente participa de ellos. La contingencia adquiere un sentido moral y su conocimiento se constituye en una forma de reconocimiento de la realidad del mundo y de su creador.

    Quien pase del tomismo al pensamiento leibniziano encontrará que en ambos se aprecia una experiencia del mundo como revelación racional de una instancia trascendente (7). El papel de las propiedades trascendentales del ser es fundamental a la hora de comprender la ética leibniziana. Uno es y se perfecciona a la vez que perfecciona a la realidad. La diferencia entre especies no evita una forma de dialogía que Leibniz establece dentro de una tradición creacionista entre Dios y el hombre. La acción va de Dios al hombre, de los hombres entre sí en el contexto del estado, y de los hombres a la naturaleza. El individuo busca su propia realización a la vez de contribuir al bien del otro, a la perfección de la naturaleza y en última instancia al bien general. Se trata de un tema muchas veces implícito pero ambas posiciones abundan en una común concepción de lo que la filosofía y la ciencia representan y aportan al individuo. El concepto de una Teodicea que Leibniz acuñó está íntimamente ligada a un concepto de contingencia (8).

  3. Aunque no se puede atribuir sólo a Kant, la Crítica de la razón pura consagra otra forma de comprender la realidad por la que el individuo como constituyente de su imagen del mundo, se encuentra en el centro del universo. Por un lado la Crítica de la razón pura implica que la cosa es relativa al sujeto y que no tiene sentido hablar de una forma radical de la contingencia, porque no se cuenta con un conocimiento de lo en sí. Es cierto que en este punto Kant se encuentra anticipado por Leibniz en la medida en que la mónada es entendida como percipiente. Pero el peso de la Crítica de la razón pura con respecto al valor de una metafísica de la substancia es decisiva. Mientras que Kant consigna la realidad en sí a lo desconocido (9) y en la Dialéctica Trascendental desautoriza el método analítico sobre el que se basa la Monadología, justamente uno de los aciertos del pensamiento leibniziano con su teoría de los fenómenos bien fundados es que salva el mundo, de forma que la contingencia que observamos en nuestra experiencia de la naturaleza refleja la contingencia que se da en las realidades metafísicas. El mismo equilibrio leibniziano entre realismo e idealismo le permite seguir empleando con fundamento la idea de la contingencia en un sentido clásico.

  4. Como es bien sabido, el concepto de contingencia en la Crítica de la razón pura no desaparece pero se transforma y paralelamente cambia la forma de experimentar la limitación de la realidad. Aunque Kant acepte la existencia fenómenica de realidades y proposiciones contingentes, incluso como algo que puede no ser, lo característico es siguiendo a Hume y la ciencia newtoniana, valorar lo contingente como lo causado por una causa extrínseca hasta el punto de que es lo determinado, incluso lo predeterminado (10). La limitación temporal de las cosas, o su insuficiencia operativa resultan secundarias sobre todo cuando no podemos desentrañar su verdadera envergadura ontológica.

    En cambio, el contraste entre la visión del mundo como determinado y la experiencia moral da pie a la conciencia del permanente desajuste entre el sujeto y su...

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