Pactos en previsión de crisis matrimonial como contenido posible de las capitulaciones

Autor:Marta Figueroa Torres
Páginas:179-260
 
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La rúbrica de este epígrafe adelanta cuál va a ser su contenido y, casi, su conclusión, pero advirtiendo que no se centra en el análisis de los diferentes argumentos esgrimidos en cuanto a si debe crearse una figura contractual especial para convenir estos pactos o si es válida la utilización de alguna de las ya existentes. Como se discute en las páginas siguientes, no hay ningún obstáculo a la inserción de los pactos en previsión de crisis conyugal como contenido posible de las capitulaciones matrimoniales.

La frase con la que cierra el artículo 1325 del Código civil, «cualesquiera otras disposiciones por razón del mismo», se convierte en el núcleo a partir del cual se justifica la inserción en este trabajo del tratamiento que merecen los pactos entre los cónyuges en previsión de ruptura como parte integrante -aunque, en ocasiones, con cierta autonomía- de las capitulaciones matrimoniales. Como se discutió, se favorece la opinión de que la referencia del precepto antes señalado se hace al matrimonio y no al régimen económico matrimonial al que se le somete.

Debe quedar muy claro que estos pactos no son, necesariamente, prenupciales; obviamente pueden serlo, pero aun así, es notorio que, como cualquier otro pacto que quede insertado en unas capitulaciones matrimoniales, podrían modificarse después. Si no son prenupciales, por supuesto que pueden pactarse durante el matrimonio y también modificarse durante este. El momento de su otorgamiento es, en principio y para los propósitos del presente argumento, indiferente para la validez de estos pactos ya que, como se acaba de indicar, pueden hacerse previo al matrimonio o constante este. Lo determinante es que se trata de pactos de naturaleza preventiva, pues se hacen en contemplación de una situación de crisis que no ha ocurrido, y que pudiera no ocurrir nunca.

La premisa central de entrada se fundamenta en la consideración de que no es indispensable esperar por la conceptualización de un nuevo negocio jurídico, o un nuevo tipo contractual, para estos pactos, puesto que caben dentro de las capitulaciones matrimoniales, como un acuerdo más de entre

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los varios que pueden celebrar los cónyuges. Insertados así en ese acuerdo capitular, pueden acompañar -o no- a la decisión sobre el régimen económico que ha de regir el matrimonio, pues las capitulaciones matrimoniales no pierden su esencia por el hecho de que no haya pacto sobre el régimen económico del matrimonio.

En este sentido no debe quedar duda de que en tal esquema pudieran variarse las capitulaciones en lo relativo a la modificación (absoluta o solo parcial) del régimen económico sin alterar en extremo alguno los pactos y, a la inversa, pueden modificarse esos pactos sin que sufra alteración alguna el régimen económico del matrimonio. Al respecto, estos pactos reciben el mismo tratamiento que cualquier otro acuerdo entre los cónyuges incorporado a los capítulos matrimoniales.

Las afirmaciones anteriores implican, asimismo, que al considerar como contenido posible de los capítulos estos pactos en previsión de ruptura, tiene que mantenerse el requisito de escritura pública como garantía de formalidad de las capitulaciones matrimoniales y como garantía de formalidad de los pactos en previsión de ruptura. Ello está en consonancia con el hecho de que, aún con autonomía suficiente dado su contenido, el tratamiento que se dé a estos pactos no debe diferir de cualesquiera otros que los cónyuges pudiesen estipular. Es a estos que se hace especial referencia en este trabajo.

Aunque se peque de cierta reiteración, la introducción de la frase «cualesquiera otras disposiciones por razón del mismo» planteó la discusión sobre si esa referencia a «mismo» se hace respecto a «régimen económico» o a «matrimonio». Según se explicó, hay fundamentos contundentes a favor de la interpretación de que la referencia es al matrimonio, y esa es la posición que aquí se defiende. Al partir de esa premisa, parece claro que tales disposiciones pueden abarcar todos los pactos que los cónyuges o futuros cónyuges consideren pertinentes, sujeto a los límites que el propio Código impone al contrato capitular. Ya se vio, incluso, que bajo la denominación de contenido atípico la doctrina engloba negocios jurídicos relacionados o no con el matrimonio. Con sobrada razón entonces cabe subsumir en el contrato capitular los pactos en previsión de ruptura matrimonial.

5.1. Concepto y naturaleza de los pactos en previsión de c risis matrimonial

Desde una mirada concreta a la utilidad y conveniencia de los referidos pactos para los sujetos de la relación matrimonial deben señalarse varios aspectos. Primero, para llegar a ellos las partes se ven precisados a analizar la realidad concreta de sus respectivas circunstancias particulares, de modo que las normas que se autoimponen deben responder mejor al plan matrimonial mutuamente acordado, por ellos y para ellos, que no tiene que ser

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igual a lo establecido legislativamente en las normas por defecto. Esto cobra mayor virtualidad, obviamente, en el escenario actual en el que la tipología familiar es plural y, por ejemplo, es muy común que las personas vuelvan a contraer matrimonio, recomponiendo así su estructura familiar. En tales supuestos, bien por la existencia de hijos propios o por la complejidad de sus circunstancias económicas previas, pudieran esas personas precisar de un acomodo patrimonial -o personal- estructurado a la medida de sus necesidades específicas para alejarse, al menos potencialmente, de tener que confrontar nuevamente las situaciones que le llevaron a tales condiciones. Además, como se señaló en líneas anteriores, la autorregulación de las consecuencias de una eventual ruptura matrimonial debe tender a eliminar, o al menos reducir, el inmenso costo que puede llegar a tener la litigación contenciosa de los múltiples extremos que pueden resultar controversiales en el escenario de la disolución, amén del ingente costo emocional que indudablemente ello conlleva para el grupo familiar. También pudiera ser importante pactar anticipadamente las consecuencias de la disolución matrimonial para los cónyuges que participan de determinadas actividades comerciales o profesiones o industrias productivas particularmente riesgosas, que pueden requerir un resguardo patrimonial particular. En ese sentido, también los pactos en previsión de ruptura pueden complementar otros mecanismos, como los protocolos familiares, por ejemplo, que no necesariamente son suficientes para desvincular un determinado entramado empresarial de la variación circunstancial que puede experimentar la relación matrimonial.58Del lado negativo, de entrada hay que admitir la existencia de la idea, bastante generalizada, que le imputa a los pactos en previsión de futura ruptura atentar contra la visión más romántica del matrimonio. Esta última equipara -erróneamente- la aceptación incondicional de la intervención regulatoria estatal con el verdadero compromiso afectivo que presupone el vínculo matrimonial. También se observa, quizá con mayor peso que lo anterior, que tales acuerdos pueden magnificar en determinadas circunstancias la de sigualdad económica de las partes y ello permitir una negociación viciada por la influencia o presión sicológica de una parte sobre la otra, más débil. Asimismo, se apunta que la potencial economía procesal puede no ser tal en la medida en que la interpretación divergente de la cuestiones de validez y eficacia del acuerdo puede siempre resultar en un alto nivel de litigiosidad,

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sobre todo cuando están distanciados temporalmente la celebración del pacto y el surgimiento de la crisis.

Para los pactos previos al matrimonio se afirma también, a mi juicio demasiado genéricamente, que en la medida en que uno de los contrayentes condicione el matrimonio a la celebración del acuerdo el otro realmente no lo contrae en total libertad. Este argumento, sin embargo, se debilita puesto que algo similar ocurre en general con cualquier otro acuerdo o condición que uno de los futuros cónyuges imponga y el otro válidamente acepte. Igual falta se le atribuye al pacto en previsión de ruptura cuando se dice que su existencia puede reprimir a los cónyuges en su intención de reclamar la disolución del vínculo matrimonial. Pero igual objeción podría invocarse de cualquier consecuencia negativa que impongan las normas reguladoras por defecto. Por tanto, es persuasiva la postura doctrinal que viene afirmando que «los problemas específicos que puedan plantear los pactos preventivos no deben justificar una solución diferente a la predicada para los pactos simultáneos o posteriores a la crisis, sobre todo teniendo en cuenta las mayores ventajas que reportan, todo ello sin perjuicio de la rigurosa aplicación de los requisitos de validez predicable de todo contrato y del establecimiento si se considera conveniente de especial requisitos».59El mismo hecho de que más cónyuges o futuros cónyuges recurran hoy al vehículo de las capitulaciones matrimoniales que el derecho español vigente provee para acordar asuntos relativos a su matrimonio podría tentar a dar una contestación concisa y categórica a la cuestión inicial. No obstante, las interrogantes jurídicas que van surgiendo a la par con los desarrollos legislativos en el tema de crisis matrimoniales ameritan plantearse con detenimiento si la disciplina normativa de las capitulaciones...

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