Construcción de un índice de Xenofobia-Racismo

Autor:Juan Díez Nicolás
Cargo:Universidad Complutense, Madrid
Páginas:21-37
RESUMEN

Durante más de quince años se ha utilizado un índice de xenofobia-racismo utilizando la base de datos de ASEP que incluye una investigación anual desde 1991 sobre actitudes de los españoles hacia los inmigrantes. Los items para construir el índice han sido iguales a lo largo de estos años, pero una revisión crítica sugiere que algunos de ellos pueden ser reiterativos y por tanto redundantes, por lo que el objetivo de este trabajo ha sido reducir el número de items para incluir solo aquellos que miden dimensiones diferenciadas de los conceptos «xenofobia-racismo», así como maximizar su nivel de validez y fiabilidad. El nuevo índice de xenofobia y racismo que se ha construido aquí parece cumplir más que suficientemente las exigencias de validez y fiabilidad, así como las de economía y sencillez, pues puede construirse con solo seis ítems, dos por cada una de las tres dimensiones que se han obtenido, y que se refieren respectivamente al rechazo o exclusión social de los inmigrantes en el ámbito familiar, en el ámbito del vecindario, y en el ámbito del trabajo y la integración social. Por otra parte, se ha confirmado nuevamente que las variables que mejor explican el grado de xenofobia y racismo de los españoles son tres socio-demográficas: la edad (relación positiva), el nivel educativo y el tamaño del hábitat de residencia (ambas con relación negativa), así como dos variables que miden valores culturales, la orientación hacia los nuevos valores post-materialistas (relación negativa con el racismo y la xenofobia), y la ideología (el derechismo está positivamente relacionado, mientras que el izquierdismo está negativamente relacionado). Palabras clave: Inmigración, Racismo, Xenofobia, Indicadores sociales, España.

 
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CONTENIDO

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Las ciencias sociales en particular, como todas las ciencias en general, necesitan instrumentos de medición para poder definir y explicar la realidad, sea ésta social o natural. Los conceptos, en unas disciplinas y en otras, son abstractos, y requieren su operacionalización, lo cual requiere consenso entre quienes los utilizan, si es que se quiere que las mediciones puedan ser replicadas y sus resultados comparados. La diferencia está en que las ciencias duras o experimentales se han formalizado desde hace más siglos, lo que ha permitido que los científicos e investigadores hayan podido llegar a acuerdos sobre la utilización e interpretación de sus instrumentos de medición, mientras que en las ciencias sociales, mucho más recientes, no se ha llegado a esos niveles de consenso, entre otras razones porque la ideología y los valores intervienen más en la definición de los conceptos e incluso en la construcción de los instrumentos de medición en las ciencias sociales que en las denominadas naturales, duras o experimentales. El problema de la medición de conceptos sociológicos es muy antigua, siendo famosa la controversia entre Lundberg1 y Blumer2 sobre la operacionalización de los conceptos, controversia en la que el primero defendía su uso incluso cuando no estuviese todavía totalmente definido el concepto y su operacionalización, mientras que el segundo abogaba por una definición y operacionalización precisas hasta el punto de demorar su utilización hasta que esas dos tareas no estuviesen totalmente bien realizadas.

La problemática de medir conceptos abstractos, aún siendo más frecuente en las ciencias sociales, no es ni mucho menos desconocida en las ciencias denominadas «duras». Conceptos como longitud, peso, temperatura, por señalar solo algunos de los más conocidos, no pueden ser medidos directamente, sino que requieren instrumentos de medición que han sido previamente consensuados por la comunidad científica. Prueba de ello es que los instrumentos de medición que se han utilizado en diferentes sociedades han variado tanto en el espacio como en el tiempo, e incluso cuando se ha mantenido un instrumento (p.e., el metro para medir distancias) su definición ha cambiado a lo largo del tiempo, a medida que se ha avanzado en precisión en las mediciones. En el caso de la medición de la temperatura el consenso no ha sido unánime, hasta el punto de que co-existen varias escalas para medirla: la centígrada, la Fahrenheit, la Celsius, la Kelvin, la Rankine, la Rea-Page 22mur, y la de los gases perfectos, por mencionar solo algunas de las más conocidas.

No obstante, y a pesar del carácter relativamente reciente de la elaboración de indicadores sociales su crecimiento ha sido tan rápido como abundante, hasta el punto de que cualquier intento por sistematizar su número sería inútil, pues incluso en áreas pequeñas del conocimiento será necesariamente limitado. Un trabajo pionero y clásico fue el de Merrit y Rokkan relativo a indicadores para comparar naciones3, y otro clásico posterior fue el de Russet y otros4 en el que se incluían ya varios centenares de indicadores relativos a países como unidades de análisis, no a propiedades individuales, una distinción que es preciso recalcar, porque se trata de dos niveles de análisis a veces muy diferentes.

Gross5, al referirse a esa problemática, planteó la frecuente necesidad de tener que elegir entre utilizar un indicador no refinado del concepto en el que se tiene interés o utilizar un indicador preciso pero que solo se aproxima a dicho concepto. En cualquier caso, parece claro que la definición del concepto, con la mayor precisión posible, debe ser previa a la elaboración de indicadores para medirlo. En efecto, si la definición del concepto se ha hecho con precisión, se podrán conocer sus diferentes dimensiones, y por tanto se podrán posteriormente seleccionar los indicadores que midan con la mayor precisión posible esas diferentes dimensiones. En esta dinámica entre los conceptos abstractos y los indicadores concretos se resume la tarea de definir la elaboración del sistema de indicadores, que culmina con la elaboración de índices mediante la combinación en una sola medición de los distintos indicadores que se hayan seleccionado para medir cada una de las dimensiones diferenciadas del concepto.

Zeisel6 señaló cuatro aspectos a tener en cuenta en la construcción de índices: exactitud (validez), utilidad teórica y práctica, economía, y claridad. El índice, por tanto es un número estadístico que intenta resumir en un solo instrumento de medida la información proporcionada por uno o más indicadores de un concepto. A manera de resumen, puede afirmarse que la construcción de un indicador requiere las siguientes tareas: definición del concepto, descomposición del concepto en sus diferentes dimensiones o aspectos, selección de indicadores para medir cada una de las dimensiones o aspectos, y combinación de los indicadores (con pesos o ponderaciones que pueden o no ser diferentes) en un índice que resume el concepto del que se había partido.

Durante los últimos cuarenta años, sin embargo, se han multiplicado los intentos por construir sistemas de indicadores sociales, políticos y económicos para diferentes sectores de la sociedad, y cada vez más los intentos se refieren no a un país concreto, sino al conjunto de los países en la esfera internacional. Cada vez es más frecuente también la elaboración de indicadores basados en los datos que proporcionan encuestas, como el Sentimiento del Consumidor, el Índice de Postmaterialismo, la Satisfacción con el funcionamiento de la Democracia, los diversos índices de Status Socio-económico, los de Xenofobia y Racismo, de Dogmatismo, de Posición Social, que son utilizados cada vez por un mayor número de investigadores en muy diferentes países, acercándose también en este ámbito de las actitudes y los valores culturales al consenso con el que se aceptan otros indicadores en el ámbito de las ciencias naturales.

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Y han comenzado también a desarrollarse indicadores basados en el juicio o evaluación de expertos, como son los índices de desarrollo democrático construidos respectivamente por Freedom House7 y por el Banco Mundial8, o el índice de Corrupción elaborado por Transparency International9, o el índice de Sostenibilidad Ambiental10, todos los cuales se basan en las puntuaciones que determinados «evaluadores» o jueces asignan a cada país en dichos aspectos de la realidad social. La dificultad de definir los conceptos en ciencias sociales es por tanto significativamente mayor que en las ciencias naturales y experimentales, hasta el punto de que conceptos como libertad, desarrollo, felicidad, e incluso como los de sexo y edad, están sujetos a enormes variaciones culturales y temporales. Tradicionalmente se ha medido el sexo como formado por dos categorías mutuamente excluyentes que agotaban el concepto, pero la cada vez más frecuente aceptación social de la homosexualidad, y la práctica del transexualismo que han hecho posible las ciencias de la salud, están ampliando y complicando las diferentes categorías que constituyen el instrumento para medir esa propiedad individual. En cuanto a la edad, la consideración que en la actualidad se hace del término «joven» es muy diferente de la que se aceptaba en España en otros tiempos. Hoy se acepta ese término para definir a los menores de 30 e incluso 35 años, cuando en otras épocas bastante recientes se consideraba que la juventud acababa prácticamente al llegar a la mayoría de edad de entonces, es decir, a los 21 años, si es que no antes. El adelanto de la mayoría de edad a los 18 años no solo no ha adelantado el final de la juventud, sino que lo ha ampliado al doble de esa edad.

Así pues, para poder medir un concepto abstracto lo primero que debe hacerse es definirlo, y aunque la definición constituye habitualmente un motivo de polémica entre los científicos, incluso en las ciencias sociales se va llegando a cierto consenso en la definición de algunos conceptos generales y frecuentemente utilizados. Por ejemplo, cada vez existe más consenso entre los expertos en definir la «democracia» como un sistema político que requiere la existencia de más de un partido político, que establezca y garantice la convocatoria y realización de elecciones periódicas, que garantice la posibilidad real de alternancia en el ejercicio del poder, que garantice el respeto a un conjunto relativamente bien definido de derechos, libertades y garantías individuales, y que establezca un sistema real de control del poder y rendición de cuentas al pueblo soberano. Otra cosa bien distinta es, por supuesto, que no todos los sistemas políticos denominados «democracias» cumplen en la misma medida con cada uno de estos criterios o dimensiones. Y esta es, precisamente, la esencia de la tarea de medir conceptos abstractos: la definición del concepto, que entraña la descomposición del mismo en sus múltiples componentes o dimensiones, que a su vez son susceptibles de ser medidos de manera diferenciada y con instrumentos igualmente diferenciados.

La elaboración de un índice de xenofobia y racismo

La primera tarea que debe abordarse al intentar construir un Índice de Xenofobia y Racismo implica, precisamente, definir qué se entiende por esos dos términos. De una manera muy general puede afirmarse que la xenofobia se refiere a las actitudes y/o comportamientos relativos a la exclusión social de los extranjeros, de las personas con una nacionalidad distinta a la propia, mientras que el racismo se refiere a las actitudes y/o comportamientos relativos a la exclusión social de los miembros de otras razas diferentes de la propia. Aunque teóricamente pueden diferenciarse ambos conceptos, en la Page 24 práctica diaria se comprueba que cuando un español se niega a alquilar una vivienda a un nigeriano sería difícil medir si lo hace porque no es español o porque no es blanco/caucásico, o incluso, porque su condición socio-económica es más baja que la del sujeto que se niega a alquilar. Por tanto, una primera auto-crítica que debe hacerse aquí es que, cuando se desciende al terreno de las actitudes y comportamientos concretos, resulta muy difícil separar las distintas modalidades de exclusión social, porque los instrumentos de medición no lo suelen permitir. Por ejemplo, cualquier investigador sabe que, en España, el término «inmigrante» se refiere a cualquier noespañol que establece su residencia temporal o permanente en España. Pero esa es la definición legal, porque la que se utiliza en el lenguaje diario no incluye a los extranjeros procedentes de países desarrollados. Nadie define al director de una multinacional que tenga nacionalidad alemana o francesa como «inmigrante». La definición está muy condicionada por el país de procedencia (p.e., en el lenguaje diario se habla de los dominicanos o ecuatorianos como inmigrantes, pero rara vez se utiliza ese término para referirse a los argentinos o mexicanos que residen en España). Pero incluso los procedentes de un mismo país recibirán o no el calificativo de inmigrante según su color de piel y según su condición socio-económica. Por ello, cuando en cualquier investigación por encuesta se formulan preguntas relativas a «inmigrantes» no resulta fácil saber cuál es la imagen que se evoca en el entrevistado, es decir, no se sabe con certeza cual es el referente que el entrevistado tiene en mente al contestar. El problema subsiste cuando se formula la pregunta más precisa, indicando que se pregunta por los procedentes de un determinado país, pues los nacionales de ese país pueden tener diferentes colores de piel y diferentes condiciones socio-económicas.

Cuando en 1991 se inició la serie de encuestas anuales ASEP-CIRES sobre «Actitudes de los Españoles hacia los Inmigrantes», utilizando un cuestionario que apenas ha variado desde entonces hasta 2007, con el fin de asegurar la comparación temporal de los resultados, no se estableció de antemano el objetivo de elaborar un índice para medir la xenofobia o el racismo, dos conceptos que, como se ha indicado, se solapan entre sí y con otros conceptos (como la clase social o en general el status socio-económico) mucho más de lo que los investigadores querríamos admitir. Más bien, como sucede con frecuencia en el proceso de investigación, la necesidad de elaborar tal índice surgió al analizar los datos, para disponer de una variable que resumiera la información proporcionada por muchas otras variables incluidas en el cuestionario. Sería fácil ahora afirmar que se incluyeron determinadas preguntas con el objetivo de construir un índice, pero lo cierto es que se procedió al revés, se construyó un índice aprovechando determinadas preguntas incluidas en el cuestionario que, intuitivamente, parecían medir racismo o xenofobia11. La honestidad científica requiere relatar como se elaboró ese primer índice de xenofobia y racismo (que de ahora en adelante denominaremos IXR-1), y no hacer una «reconstrucción» del proceso para acomodarlo a lo que exigen los cánones establecidos por la metodología más estricta.

En la primera investigación de la serie, iniciada por ASEP para el proyecto CIRES12, Page 25 no se construyó el IXR-1, sino que se construyó una primera variable que resumía las actitudes hacia los inmigrantes como positivas, neutras y negativas (aunque posteriormente sí se ha podido elaborar, porque las preguntas sí estaban incluidas). Fue en el informe de resultados de la investigación de 1992 cuando por vez primera se construyó el IXR-1, y se ha seguido construyendo desde entonces hasta la investigación de 2007 sobre la base los mismos ítems, con el fin de garantizar la comparación, puesto que si se hubiera modificado su composición no se podría determinar si los cambios se debían a cambios reales en la xenofobia-racismo de los españoles o a un cambio del instrumento de medición. Para bien o para mal, por tanto, se ha podido medir la persistencia o cambio de las actitudes de los españoles hacia los inmigrante durante un período de diecisiete años (y dieciocho investigaciones, pues se realizaron dos en 1995, la última del proyecto CIRES y la primera continuada por ASEP desde entonces, que ha incluido el modulo todos los años dentro de uno de sus cuestionarios mensuales).

«Las preguntas utilizadas para elaborar este índice de xenofobia se refieren a las actitudes básicas hacia la inmigración medidas a través de cinco frases de acuerdo-desacuerdo que se propusieron a los entrevistados:

  1. Solo se debería admitir a trabajadores de otros países cuando no haya españoles para cubrir esos puestos de trabajo.

  2. Bastante difícil es la situación económica de los españoles como para además tener que destinar dinero a ayudar a los inmigrantes.

  3. Se diga lo que se diga, a todos nos molestaría que nuestros hijos tuvieran compañeros de otras razas en sus escuelas.

  4. La inmigración extranjera acabará provocando que España pierda su identidad.

  5. Los ciudadanos de cualquier país deberían tener derecho a establecerse en cualquier otro país, sin ningún tipo de limitaciones.

A quienes respondieron estar «muy de acuerdo» o «de acuerdo» con las frases a), b), c) y d), o «muy en desacuerdo» o «en desacuerdo» con la frase e), se les asignó un punto. Del mismo modo, se asignó un punto a los entrevistados que prohibirían a su hija tener relaciones con un hombre de cada uno de los siguientes grupos sociales: gitanos, norteafricanos, africanos de raza negra, sudamericanos y europeos del este. Finalmente, se asignó también un punto a quienes juzgaron molesta la convivencia en el vecindario con sudamericanos, gitanos, africanos de raza negra y marroquíes. El índice de xenofobia así elaborado puede variar entre 0 (nada xenófobos) y 14 puntos (muy xenófobos)»13.

La distribución de los entrevistados (alrededor de 1.200 en cada investigación) en la escala del IXR-1 ha sido muy similar todos los años desde entonces, y su relación con diferentes variables socio-demográficas y actitudinales ha sido igualmente reiterada año tras año con diferencias estadísticamente no significativas14. En la parte descriptiva del IXR-Page 261 puede observarse que alrededor de dos terceras partes de los españoles de 18 y más años son poco o nada xenófobos o racistas, mientras que alrededor de una tercera parte muestran algún grado de xenofobia o racismo. Sobre la base de la media aritmética, y suponiendo que el índice mide realmente xenofobia o racismo, habría que concluir que las actitudes xenófobas o racistas han sido muy minoritarias a lo largo de estos diecisiete años, si bien disminuyeron entre 1991 y 1998-1999, y han aumentado progresivamente desde el año 2000 hasta el presente. Una hipótesis explicativa sería la de que entre 1991 y 1999 el incremento de la población extranjera en España creció un 15% anual como promedio, mientras que el crecimiento entre 1999 y 2007 ha sido 29% anual como promedio, es decir, casi el doble que en el período precedente. Se trata por tanto de un crecimiento no solo absoluto, sino relativo, de manera que se podría hablar de un incremento crecientemente acelerado durante los últimos años. En apoyo de esta hipótesis puede citarse que la proporción de españoles que opinan que las personas de otras nacionalidades en España «no son muchas» ha pasado de alrededor del 50% en 1991 a un 5% en 2007, mientras que la proporción de los que creen que «son demasiadas» ha pasado de un 10% en 1991 a un 60% en 2007.

El hecho de que el IXR-1 haya variado muy lentamente a lo largo de 17 años, y que su variación haya seguido una pauta temporal con dos tramos, uno de disminución gradual del racismo-xenofobia, y otro de incremento igualmente gradual, aunque algo más acelerado en los últimos años, sugiere que se trata de un índice relativamente válido (mide lo que dice que mide, en este caso xenofobiaracismo) y fiable (sus mediciones son prácticamente iguales en sucesivas mediciones, en este caso esto se traduce en que los cambios no han sido bruscos, sino paulatinos y siguiendo dos líneas de tendencia en dos períodos diferentes del tiempo). Estos suelen ser los criterios que se suelen exigir de cualquier instrumento de medición, que realmente midan el fenómeno que se pretende medir y no otro, y que reiteradas mediciones proporcionen la misma medición. En cuanto a la fiabilidad ya se ha indicado que a lo largo de 17 años no ha producido resultados con cambios bruscos, sino más bien al contrario, demostrando una gran estabilidad. Pero esa estabilidad se ha producido igualmente en cuanto a las variables explicativas del IXR-1 tomado como variable descriptiva y tomada como variable dependiente en modelos explicativos. En efecto, utilizando un amplio conjunto de variables para describir las diferencias en el IXR-1 en distintos segmentos sociales se ha podido verificar, en todas las investigaciones, que el grado de xenofobia-racismo medido por este índice es prácticamente idéntico para hombres y mujeres, es mayor cuanto más alta es la edad del entrevistado, es menor cuanto mayor es su nivel educativo, y en general cuanto más alto es su nivel socio-económico, es mayor entre los de derecha que entre los de izquierda, etc.

Mediante modelos de regresión se ha podido precisar mejor cuales son las variables que «explican» en mayor medida las variaciones en el grado de xenofobia-racismo medido por el IXR-1. Concretamente, se ha podido verificar en cada una de las investigaciones que cuando se toman como variables independientes las socio-demográficas clásicas (sexo, edad, tamaño del hábitat de residencia, nivel educativo, ingresos mensuales en el hogar, índice de posición social, e índice de status Page 27 socio-económico familiar), el modelo explica menos del 10 por ciento de la varianza en el IXR-1, y las variables que más contribuyen a esa explicación controlando todas las otras variables son la edad (positivamente) y el nivel educativo (negativamente). Es decir, manteniendo constantes todas las otras variables incluidas en el modelo, se observa que cuanto mayor es la edad del individuo mayor es su grado de xenofobia-racismo medido por el IXR-1, y cuanto mayor es su nivel educativo menor es su xenofobia-racismo. Un conjunto de variables actitudinales como la ideología, la práctica religiosa, el sentimiento español-nacionalista, o la orientación hacia los nuevos valores post-materialistas15 explican incluso una proporción menor de la varianza en el IXR-1, menos del 5%, y la ideología y la orientación post-materialista parecen ser las variables que más contribuyen a explicar la varianza en presencia de las otras variables citadas en el modelo. Además, y contrariamente a lo que a veces se sugiere, el hecho de vivir en una Comunidad Autónoma o en otra no parecer contribuir significativamente a la explicación de la varianza en el IXR-1, o lo que es lo mismo, las diferencias que se observan al comparar los promedios en el IXR-1 en diferentes Comunidades Autónomas desparecen cuando se controlan otras variables individuales (como la edad o el nivel educativo) u otras variables «macro» como la renta per capita. Es decir, las diferencias observables entre Comunidades Autónomas no se deben al hecho de ser valenciano o gallego o madrileño, sino a que las poblaciones de las diferentes Comunidades difieren en cuanto a su distribución por edades, su nivel educativo, su estructura ocupacional, etc.

El modelo de regresión construido tomando como variable dependiente el IXR-1 y como variables independientes-explicativas todas las citadas, permite verificar las anteriores relaciones, y el modelo en su conjunto explica entre un 10% y un 15% de la varianza total en el IXR-1. Además, y para asegurar aún más la verificación, se agruparon los datos de todas las investigaciones en tres grupos, tal y como se presentan en el Cuadro 1. En este cuadro se confirman todas las relaciones antes citadas en cada uno de los tres grupos de investigaciones. La fiabilidad del IXR-1 queda pues suficientemente probada tanto desde el punto de vista descriptivo (escasa variación de las medias aritméticas de la escala y seguimiento de unas tendencias temporales claras), y desde la perspectiva explicativa-causal, en la medida en que sus relaciones con un conjunto de variables socioeconómicas y actitudinales son extraordinariamente estables a lo largo de un amplio período de tiempo.

Según este modelo explicativo, el menor grado de xenofobia-racismo se encuentra entre los jóvenes con mayor nivel educativo, de izquierdas y con una orientación postmaterialista, mientras que el mayor grado de xenofobia parece encontrarse entre las personas mayores con bajo nivel educativo, de derechas y con una orientación hacia valores materialistas. No obstante, debe subrayarse que el modelo de regresión no explica más allá del 15% de la varianza en el IXR-1, una proporción que no es alta pero que, además de ser estadísticamente significativa al nivel 0,001, tampoco puede considerarse pequeña, por comparación con proporciones de explicación habituales en ciencias sociales.

Pero si los anteriores datos sugieren que el IXR-1 cumple los requisitos de fiabilidad, otros análisis parecen demostrar que cumple igualmente los requisitos de validez (el índice mide lo que dice medir, es decir, xenofobiaracismo). En efecto, diversos modelos de regresión en los que se utilizaron como «predictores» la ideología, el nivel educativo, la Page 28

CUADRO 1. MODELO EXPLICATIVO DEL ÍNDICE DE XENOFOBIA-RACISMO DE LOS ESPAÑOLES

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edad, la orientación post-materialista y el IXR-1, y como variables dependientes diversas frases relativas a la inmigración. En todos los casos es el IXR-1 la variable que explica una mayor proporción de la varianza de cualquiera de las variables dependientes, demostrando su mayor capacidad explicativa-predictiva.

Propuesta de revisión del índice de xenofobia y racismo

Aunque los estudios teóricos y empíricos sobre la inmigración han proliferado en forma exponencial a partir de 1990, pocos han sido los trabajos tendentes a diseñar indicadores que midan el racismo o la xenofobia.

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Una excepción es sin duda Cea D'Ancona, que ha combinado con gran profesionalidad los análisis de conceptualización de la xenofobia y el racismo con el análisis estadístico de datos de encuesta16. Sus trabajos han servido de estímulo para revisar el IXR-1, partiendo nuevamente de los criterios ya citados establecidos por Zeisel hace ya más de 50 años, y que siguen teniendo plena vigencia: exactitud (validez), utilidad teórica y práctica, economía, y claridad. Los dos primeros parecen que en gran medida fueron cumplidos por el IXR-1 según se ha explicado más arriba. Pero hace falta cumplir mejor con los criterios de claridad y economía. Para ello se ha tomado en consideración que algunos de los indicadores más utilizados por investigadores (y no solo investigadores) de todo el mundo se construyen con muy pocos ítems. Así, por ejemplo, el Índice de Sentimiento del Consumidor, desarrollado en la Universidad de Michigan en la década de los años 60s, se basa en cuatro preguntas: la evaluación en una escala de cinco categorías de la situación económica del país en el presente comparada con la de hace 6 meses y en los siguientes seis meses, y las mismas dos evaluaciones relativas a la situación económica personal del entrevistado. El ISC se construye por simple agregación de las cuatro respuestas para componer una escala que puede variar entre 0 y 20 puntos. Es más que probable que se puedan encontrar varias decenas de preguntas que puedan medir la confianza de los individuos en la economía, pero lo cierto es que simplicidad de su construcción y la utilidad práctica de su medición explican que su uso se haya generalizado en todo el mundo, y que los medios de comunicación de muchos países lo publiquen como un buen predictor de la confianza de los ciudadanos en la situación económica17. Otro ejemplo es el Índice de Post-materialismo desarrollado por Inglehart para medir la orientación hacia nuevos valores, construido sobre la base de doce ítems, aunque la mayoría de los investigadores utilizan una versión reducida de 4 ítems, y que ha sido utilizado en miles de publicaciones en todo el mundo por centenares de investigadores. Los doce ítems se dividen en seis que supuestamente miden valores post-materialistas y otros seis que miden valores materialistas (confirmado por un análisis de componentes principales), y la versión reducida se basa en dos y dos ítems de cada orientación18. Por no citar la Renta per cápita como indicador de desarrollo económico, basado exclusivamente en el cociente entre PNB y población total, universalmente criticado y universalmente utilizado por su sencillez y economía.

En consecuencia, el primer objetivo de la revisión ha sido el de subsanar algunas de las malas prácticas iniciales, comenzando por investigar hasta qué punto los 14 ítems utilizados para construir el IXR-1 constituyen indicadores de un mismo concepto o de varios, y si miden diferentes dimensiones del concepto que se pretende medir o miden una sola dimensión. Adicionalmente, se pretende averiguar si hay redundancia o no entre los diferentes ítems. La práctica habitual es disponer de dos ítems para medir una variable latente (sea ésta una dimensión de un concepto o el concepto mismo). Por ello se ha realizado un análisis de componentes principales con los 14 ítems para cada año y para el conjunto de todos los años entre 1991 y 200719. Por razones ya indicadas algunos de los datos no existen para la investigación de 1991, pero sí para el resto.

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CUADRO 2. SATURACIÓN DE CADA FACTOR (% DE LA VARIANZA EXPLICADA POR CADA FACTOR)

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Los análisis libres (sin pre-fijar un determinado número de factores a extraer) de componentes principales anuales coincidieron en obtener 3 factores (excepto en 2004 y 2006, en que se obtuvieron cuatro, lo que se ha considerado una excepción). Los tres factores siempre han salido en el mismo orden y con los mismos ítems como componentes de cada uno de ellos, excepto en los dos años señalados en que el cuarto factor parece basarse en un solo ítem que habitualmente se encontraba, con muy baja saturación, en el tercer factor. Los datos confirman nuevamente la fiabilidad del IXR-1, pues no se puede esperar mayor reiteración en los resultados (en este caso no descriptivos, como porcentajes, sino analíticos). La saturación de cada uno de los componentes es prácticamente igual en las 17 investigaciones analizadas, y entre los tres explican más de dos tercios de la varianza.

En el cuadro 2 se presentan los resultados para el total de las 17 investigaciones (algo más de 20.000 entrevistas). Fácilmente puede observarse que posiblemente bastaría con un solo ítem por dimensión, pues cada una de las tres dimensiones parece medir rechazo o exclusión social en ámbitos que van desde el más personal (que una hija se enamore de...), al de vecinos (molestia como vecinos), y al social general (trabajo y solidaridad social). En realidad los tres factores parecen ordenar-Page 31

CUADRO 3. ANÁLISIS DE COMPONENTES PRINCIPALES DEL IXR-1

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se como si se tratase de una escala de distancia social como las utilizadas por Bogardus20. Pero lo importante es subrayar que, adoptando el criterio de seleccionar solo ítems con valores superiores a 0,700, el resultado para cada año es el mismo con muy escasas excepciones, es decir, el primer factor incluye cuatro de los cinco ítems relativos a la reacción del entrevistado si una hija se enamorase de un gitano, un norte-africano, un africano negro o un sudamericano, pero el ítem relativo a los europeos del Este no ha alcanzado en el total agregado un valor superior a 0,700 porque se omitió esa pregunta en el cuestionario de 1991, pero en todos los demás años supera también, como los demás ítems, el valor 0,800. De manera similar, los cuatro ítems relativos a molestia como vecinos obtienen casi todos los años valores superiores a 0,700, si bien el relativo a los gitanos está por debajo de ese valor en siete ocasiones, y casi todos los años obtiene el valor más bajo de los cuatro. Este resultado confirma, por otra parte, la observación que hemos sugerido desde hace muchos años, en el sentido de que la exclusión social de los gitanos en España tiene un carácter diferente al de la exclusión de otros grupos sociales, incluidos los inmigrantes. En primer lugar, siempre hemos defendido que los términos racismo y Page 32 xenofobia no son aplicables a este grupo social, puesto que no son de un país distinto (los gitanos llevan establecidos en España desde hace más o menos 500 años, y por tanto son incuestionablemente españoles) y no son de una raza distinta (precisamente por lo anterior, su mezcla con el resto de españoles ha sido tan intensa, a pesar de todo, que los gitanos que voluntariamente deciden no auto-definirse como gitanos no son percibidos como tales, y muchos «payos» tienen aspecto físico difícilmente diferenciado del estereotipo que se atribuye a los gitanos). Los gitanos constituyen más bien un grupo cultural, al que pertenecen quienes se auto-identifican como gitanos, y su exclusión social por parte de los «payos», que es una de las mayores en la sociedad española, tiene raíces muy diferentes a las que parecen explicar (que no justificar) la exclusión social de otros grupos sociales, incluidos los extranjeros e inmigrantes. Por el contrario, el tercer factor presenta una mayor heterogeneidad, de manera que solo dos de los cinco ítems restantes superan el valor 0,700 en el conjunto de las investigaciones y en cada una de las investigaciones anuales. El ítem relativo a que la inmigración podría provocar que España perdiera su identidad supera el valor 0,700 solo en cinco ocasiones, pero debe resaltarse que tres de ellas son las tres últimas (2005-2007), lo que sugiere que puede estar incrementando su importancia en esta dimensión. Y el ítem que hace referencia a que todas las personas deben tener el derecho a establecerse donde quieran es el que en dos ocasiones ha provocado la aparición de un cuarto factor, pero incluso entonces su valor es superior a 0,700 solo uno de los dos años.

La evidencia proporcionada por los análisis de componentes es tan robusta y estable que permite simplificar el índice de xenofobiaracismo para hacerle más económico y sencillo. Así, se han elegido los dos ítems de mayor valor en cada una de las tres dimensiones: la prohibición de enamorarse de un norte-africano y de un africano negro, la consideración como vecinos molestos de africanos de raza negra y de marroquíes, y el acuerdo con que «solo se debería admitir a trabajadores de otros países cuando no haya españoles para cubrir esos puestos de trabajo» y con que «bastante difícil es la situación económica de los españoles como para además tener que destinar dinero a ayudar a los inmigrantes»21.

CUADRO 4. DISTRIBUCIÓN DEL ÍNDICE DE XENOFOBIA-RACISMO 2 (IXR-2)

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CUADRO 5. COMPARACIÓN ENTRE DOS ÍNDICES DE XENOFOBIA Y RACISMO* (media aritmética y desviación típica)

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En el Cuadro 5 se incluye la distribución del total de entrevistados en las 18 investigaciones realizadas, verificándose otra vez el bajo nivel de xenofobia-racismo de los españoles, al menos cuando se miden actitudes verbalizadas, es decir, opiniones. No obstante, muy diversas investigaciones realizadas en España dentro de proyectos internacionales comparados confirman que el nivel de xenofobia y racismo es de los más bajos en la Unión Europea22.

La comparación entre los índices de xenofobia-racismo muestra una gran semejanza, no solo en la distribución de las medias aritméticas a lo largo de los 17 años, sino también en los valores absolutos de dichas medias, a pesar de que, si bien los ítems utilizados en el índice revisado formaban parte del original, la metodología fue algo diferente, puesto que se dieron 2 y 1 puntos en lugar de solo 1 punto para las distintas respuestas que implicaban actitudes racistas.

También debe subrayarse que la desviación típica es todos los años y en los dos índices muy similar, e incluso superior con gran frecuencia, a la media aritmética, sugiriendo que la variación en las respuestas que dan los españoles es muy grande, o lo que es lo mismo, que se trata de preguntas que discriminan mucho, que no provocan respuestas más o menos uniformes, similares, entre los entrevistados.

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GRAFICO 1. EVOLUCIÓN DE LOS DOS ÍNDICES DE XENOFOBIA (MEDIA ARITMÉTICA), 1991-2007

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Al examinar la serie temporal de ambos índices se pone en evidencia con gran claridad la existencia de dos fases en la evolución del racismo-xenofobia de los españoles, una primera fase en la que después de un cierto rechazo inicial a comienzos de la década de los 90s, cuando la economía española sufrió una profunda crisis económica que coincidió con el final de las celebraciones de los Juegos Olímpicos en Barcelona y la Feria Internacional en Sevilla, en 1992. Cuando los españoles advirtieron que aumentaba el número de inmigrantes en España y disminuía el paro, como así sucedió, su desconfianza y rechazo al inmigrante fue disminuyendo. Pero, a partir de finales de esa misma década, al aumentar el numero absoluto y la tasa de crecimiento de la población inmigrante, sobre todo a partir del año 2000, año en que se aprobaron dos leyes sobre extranjería e inmigración, los sentimientos racistas y xenófobos, aún siendo minoritarios (un promedio que no ha superado nunca los 3,5 puntos ni en la escala de 14 puntos del IXR-1 ni en la escala de 12 puntos del IXR-2).

El coeficiente de correlación entre los dos índices es, lógicamente, muy alto y estadísticamente muy significativo (r = 0,87), como lo son también los coeficientes de correlación del nuevo IXR-2 con el índice de post-materialismo y el índice de posición social, señalando por una parte que las elites, los de posición social alta, muestran un nivel de xenofobia-racismo muy inferior al de la periferia social, algo lógico de acuerdo con la teoría centro-periferia desarrollada por Galtung23, en el sentido de que los individuos de más alta posición social son en general quienes antes internalizan los nuevos valores sociales y posteriormente los difunden a la periferia Page 35

CUADRO 6. MATRIZ DE CORRELACIONES (r de Pearson) ENTRE EL IXR-2 CON EL IXR-1 Y OTRAS VARIABLES SUPUESTAMENTE EXPLICATIVAS DE LA XENOFOBIA Y EL RACISMO

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social, y que las personas más orientadas hacia los nuevos valores post-materialistas, de auto-expresión, son quienes muestran niveles más bajos de xenofobia-racismo, coherentemente con la teoría sobre el cambio de valores en las sociedades industriales desarrollada por Inglehart24, y que ha sido confirmada ampliamente por los datos de valores en gran número de países. Así, el centro social es menos racista y xenófobo que la periferia social pues ésta es la que al convivir en mayor proximidad a los inmigrantes tiene más probabilidades de entrar en conflictos con ellos, derivados de la convivencia en el vecindario y de la competencia en la búsqueda de empleo. Y como el centro social es el que antes internaliza los nuevos valores, entre los cuales están los de aceptación del extranjero, es lógico que el centro social sea también más post-materialista que la periferia social, y que como consecuencia los más orientados hacia los nuevos valores post-materialistas y de auto-expresión sean los menor xenófobos y racistas. El nuevo índice de xenofobia-racismo también confirma su robusta relación positiva con la edad (cuanto mayor es el individuo, mayor es su propensión a la xenofobia y el racismo) y negativa con el nivel educativa (cuanto mayor es el nivel educativo menor es el racismo y la xenofobia). Además, la religiosidad parece estar positivamente relacionada con el racismo y la xenofobia, mientras que el status socio-económico familiar muestra una relación positiva. Todos estos resultados confirman una vez más los hallados anteriormente con el antiguo IXR-1,

Finalmente, se ha construido un modelo de regresión en el que se ha incluido el nuevo índice, el IXR-2, como variable dependiente, y como variables explicativas un conjunto de variables socio-demográficas y actitudinales.

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CUADRO 7. MODELO DE REGRESIÓN PARA EXPLICAR EL ÍNDICE DE XENOFOBIA-RACISMO (IXR-2)*

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Los resultados son, lógicamente, muy similares a los obtenidos con el IXR-1 que se han mostrado en el Cuadro 1, de manera que, aunque se han incluido algunas variables explicativas adicionales y se han suprimido otras cuyos efectos son muy redundante con los de otras variables que se han mantenido en el modelo, las variables que más contribuyen a la explicación de la varianza en el grado de racismo y xenofobia son, por orden de su importancia explicativa-predictiva: el nivel educativo, el auto-posicionamiento ideológico, la edad, la orientación hacia los nuevos valores post-materialistas y de auto-expresión, y el tamaño del hábitat de residencia, pero la práctica religiosa no parece contribuir a la explicación de la varianza en el grado de racismo y xenofobia cuando están presentes estas otras variables en el modelo.

A modo de conclusión puede afirmarse que el nuevo índice de xenofobia y racismo, IXR-2, parece cumplir más que suficientemente las exigencias de validez y fiabilidad, así como las de economía y sencillez, pues puede construirse con solo seis ítems, dos por cada una de las tres dimensiones que se han obtenido, y que se refieren respectivamente al rechazo o exclusión social de los inmigrantes en el ámbito familiar, en el ámbito del vecindario, y en el ámbito del trabajo y la integración social. Por otra parte, se ha confirmado nuevamente que las variables que mejor explican el grado de xenofobia y racismo de los españoles son tres socio-demográficas: la edad (relación positiva), el nivel educativo y el tamaño del hábitat de residencia (ambas con relación negativa), así como dos variables que miden valores culturales, la orientación hacia los nuevos valores post-materialistas (relación negativa con el racismo y la xenofobia), y la ideología (el derechismo está positivamente relacionado, mientras que el izquierdismo está negativamente relacionado). No se ha incluido la posición social en el modelo de regresión porque su relación positiva con el post-materialismo, con el nivel educativo y con la edad es tan fuerte que produce «ruidos» al entrar en un modelo explicativo con estas variables.

Al señalar la bondad y utilidad del IXR-2 no se rechaza la posibilidad de que otros índices construidos con ítems diferentes puedan ser igualmente buenos instrumentos de medición. De hecho, aunque no se han inclui-Page 37do aquí los resultados, se ha puesto de relieve que cuando se sustituyen los indicadores utilizados por otros ítems de los que se dispone en estas investigaciones, los resultados son prácticamente iguales, pues los individuos muestran un alto grado de coherencia en sus actitudes hacia los inmigrantes. De hecho, la única forma de establecer si un instrumento de medición, que también lo es de explicación-predicción, es mejor o peor que otro es poner los dos en la misma investigación, de manera que se pueda contrastar mediante diferentes modelos estadísticos explicativos cuál de ellos es el mejor predictor. Esa es una tarea que esperamos poder llevar a la práctica en breve tiempo, y es la que desde el rigor científico mejor puede resolver la pregunta respecto a qué indicador es más eficaz y útil. En nuestra opinión, y como se ha indicado más arriba, cuanto más claro y sencillo es un índice más fácil es que sea utilizado por otros investigadores, permitiendo así más posibilidades de comparación en el tiempo y en el espacio25. No hay muchos ejemplos en España de investigaciones sobre una parcela de la realidad social que se hayan repetido a lo largo de un período de casi veinte años, lo que ha permitido constatar la estabilidad del IXR-2 en cualquier aspecto metodológico que se desee. Instrumentos de medición que, por complejos y caros, solo acaban utilizándose en una investigación, en poco contribuyen a la acumulación de conocimientos.

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[1] G. A. LUNDBERG: «Operational definitions in the social sciences», American Journal of Sociology, 47, 1942.

[2] H. BLUMER: «Science without concepts», American Journal of Sociology, 36, 1931.

[3] RICHARD L. MERRIT and STEIN ROKKAN (Eds). Comparing Nations: The use of quantitative data in cross natio-nal research, New Haven: Yale University Press, 1966

[4] BRUCE M. RUSSETT, HAYWARD R. ALKER, JR., KARL W. DEUTSCH y HAROLD D. LASSWELL: Análisis Comparado de Indicadores Sociales y Políticos, Euramérica, Madrid, 1969. (Traducción de J. Díez Nicolás).

[5] B. M. GROSS: «The State of the nation: Social systems accounting», en R. A. BAUER (ed.): Social Indicators. The M.I.T. Press, Cambridge, Mass., 1966.

[6] H. ZEISEL: Say it with Figures. Harper and Brothers Publishers, New York, 1957.

[7] http://www.freedomhouse.org

[8] http://www.bancomundial.org

[9] http://www.transparency.org

[10] http://www.eclac.org

[11] KAREL KOSIK, La Dialéctica de lo Concreto. Grijalbo: México. 1967. Kosik diferenciaba entre la «lógica en uso» (cómo se había hecho realmente la investigación) y la «lógica reconstruida» (como se decía que se había hecho la investigación). En realidad no es la investigación el único ámbito en que se procede así. Generalmente, al escribir un libro, las conclusiones son lo primero que se escribe, mientras que el prólogo es lo último.

[12] El proyecto CIRES fue solo un nombre para un proyecto, nunca fue una institución. Como ASEP llevaba haciendo un sondeo mensual nacional sobre «La Opinión Pública de los Españoles» desde octubre de 1986, ASEP y los patrocinadores-promotores del proyecto (Fundación BBV, Fundación Cajamadrid y Fundación BBK) decidieron dar el nombre de CIRES al proyecto de realizar una investigación mensual sobre un tema monográfico, distribuyendo los ficheros de datos brutos a más de 200 universidades y centros de investigación en España y 150 en el extranjero. Una de esas investigaciones mensuales, en el curso 1990-91, fue precisamente la de «Actitudes de los Españoles hacia los Inmigrantes», Juan Díez Nicolás, La Realidad Social en España, 1990-91. Centro de Investigaciones sobre la Realidad Social (CIRES), Fundación BBV, Caja de Madrid, Bilbao-Bizkaia-Kutxa, Madrid, 1992.

[13] JUAN DÍEZ NICOLÁS, Las Dos Caras de la Inmigración. Observatorio Permanente de la Inmigración (OPI). Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales: Madrid, 2006, págs. 91-92.

[14] Algunas de las publicaciones en que se ha utilizado el IXR-1 son: J. DÍEZ NICOLÁS, La Realidad Social en España, 1990-91, 1991-92, 1992-93, 1993-94, 1994-95 y 1995-96. Centro de Investigaciones sobre la Realidad Social (CIRES), Fundación BBV, Caja de Madrid, Bilbao-Bizkaia-Kutxa, Madrid, 1992, 1993 y 1994. Bilbao, 1995, 1996 y 1997. J. DÍEZ NICOLÁS, Actitudes Hacia los Inmigrantes, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Instituto de Migraciones y Servicios Sociales (IMSERSO), Madrid, 1998. J. DÍEZ NICOLÁS, Los Españoles y la Inmigración. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Instituto de Migraciones y Servicios Sociales (IMSERSO), Madrid, 1999. J. DÍEZ NICOLÁS y Mª JOSÉ RAMÍREZ LAFITA, La Inmigración en España. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Instituto de Migraciones y Servicios Sociales (IMSERSO), Madrid 2001. Y, J. DÍEZ NICOLÁS, Las Dos Caras de la Inmigración. Op. cit.

[15] RONALD INGLEHART, The Silent Revolution. N.J.: Princeton University Press. 1977. J. DÍEZ NICOLÁS, «La Escala de post-materialismo como medida del cambio de valores en las sociedades contemporáneas», en F. ANDRÉS ORIZO y J. ELZO, (eds.) España 2000, entre el localismo y la globalidad. La Encuesta Europea de Valores en su tercera aplicación, 1981-1999. Madrid: Editorial Santa María. 2000.

[16] Mª A. CEA D'ANCONA, «La medición de las actitudes ante la inmigración: evaluación de los indicadores tradicionales de racismo», REIS, 99: 87-111, 2002. De la misma autora, «La compleja detección del racismo y la xenofobia a través de encuesta. Un paso adelante en su medición», REIS,125: 19-46, 2009.

[17] En España se pudo comprobar una muy fuerte correlación entre el ISC y el índice de la Bolsa. J. DÍEZ NICOLÁS, «Los Españoles, la Economía y la Bolsa». Revista Bolsa de Madrid, 100. Junio-Julio, Madrid, 2001.

[18] J. DÍEZ NICOLÁS, «La escala de post-materialismo....», op. cit.

[19] Todos los cálculos a partir de este momento se han llevado a cabo sobre la base del fichero de datos agregado para las 18 investigaciones que está disponible en Colección Inmigrantes, Banco de Datos ASEP/JDS, www.jdsurvey.net para su consulta interactiva en línea y para su descarga en fichero spss.

[20] En efecto, la escala de distancia social de Bogardus establecía los siguientes ámbitos de mayor cercanía a mayor lejanía: parentesco por matrimonio, amigos íntimos, vecinos de calle, compañeros de trabajo, conciudadanos, visitantes al país, y excluiría del país. Emory S. Bogardus, «Social Distance in the City». Proceedings and Publications of the American Sociological Society. 20, 1926, 40-46.

[21] En la escala para medir la prohibición de enamorarse se ha dado 2 puntos a los que contestan «Prohibiría que continuara» y 1 punto a los que contestan «aconsejaría que lo dejasen», y 0 puntos al resto. En la escala que mide el grado de molestia de diversos grupos de vecinos se han asignado 2 puntos a quienes contestan 10 («molestaría mucho»), y 9, 1 punto a los que contestan 8, 7 y 6 puntos, y 0 puntos al resto. Y en relación con las frases con las que se pedía estar de acuerdo o en desacuerdo, se han asignado 2 puntos a quienes están «muy de acuerdo» y 1 punto a los que están «de acuerdo». Así pues, la escala pude fluctuar entre 0 y 12 puntos, siendo 12 puntos el máximo grado de xenofobia-racismo.

[22] Véase módulo sobre Identidad Nacional, ISSP, 1995 en www.issp.org y Colección Estudios de Valores (EVS y WVS), en www.jdsurvey.net, así como J. DÍEZ NICOLÁS y Mª JOSÉ RAMÍREZ LAFITA, La inmigración en España: Una década de investigaciones, Madrid: IMSER-

[23] JOHAN GALTUNG, «Social Position and the Image of the Future», en H. ORNAUER et al. (eds.), Images of the World in the Year 2000. Paris: Mouton, 1976.

[24] R. INGLEHART, Modernization and Post-modernization, Princeton: Princeton University Press, 1997.

[25] No es frecuente en España la replicación de una investigación, y menos aún la utilización del mismo instrumento de medición. Por ello merece resaltarse la importancia de la investigación realizada por HERRANZ DE RAFAEL en Almería, utilizando básicamente los mismos items para construir el IXR-1, con resultados prácticamente idénticos a los que aquí se han comentado. La replicación es absolutamente imprescindible para el avance acumulativo del conocimiento científico, tanto cuando confirma como cuando rechaza resultados precedentes. En este caso los resultados son confirmatorios de los de España. Véase GONZALO HERRANZ DE RAFAEL, Xenofobia y Multiculturalidad, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2008.