El nuevo papel del Estado ante la regulación de Internet

Autor:Jesús Punzón Maraleda, Francisco Sánchez Rodríguez
Cargo:Universidad de Castilla la Mancha
RESUMEN

SUMARIO. I. Estado actual de la cuestión.1. La “sociedad de la información” digital como modelo de saber. 2. ¿Qué Derecho aplicar a Internet? 3. Sobre la licitud de la no regulación de Internet. II. Alternativa y eficacia de los sistemas de autorregulación. III. Sobre la necesidad de un Derecho de Internet espec&ia... (ver resumen completo)

 
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I. Estado actual de la cuestión

1. La “sociedad de la información” digital como modelo de saber

Hay quien ha denominado “Sociedad de la Información” al momento histórico actual. Esta concepción resulta vaga e imprecisa si no se reviste de una adecuada teoría explicativa. Es por ello, que el símil que ha utilizado algún autor1, al compararla con la revolución industrial de los siglos XVIII y XIX, si bien a priori, apunta a una exageración calculada, posiblemente no tengamos más remedio que admitir, al menos en cuanto a la magnitud que cualitativamente representa, que esté en lo cierto. Desde este punto de vista, tenemos que exponer como un dato relevante, que en el momento actual existen en el mundo alrededor de 450 millones de personas con acceso a Internet. Ello supone un hecho crucial por su relevancia histórica, dado que la posibilidad de intercambio de información a través de la Red representa magnitudes impen- sables, hecho al que debemos añadir la disponibilidad, casi instantánea, de ese magma imbricado e ingente de información. El apunte realizado podría ser analizado desde dos puntos de vista bien diferenciados, dado que todos los analistas que se han preocupado por realizar estudios acerca de las características, ámbito, repercusión y proyección de Internet, han distinguido los tres aspectos más relevantes sobre su uso: el que hace referencia al uso de la expresión como medio para transmitir una ideología o un pensamiento, el que se circunscribe a la simple exposición de documentación sobre un tema determinado, y finalmente, el que supone una actividad económica.

Los tres indicativos que se acaban de exponer son, sin duda alguna, representantes de actividades totalmente diferentes que difícilmente pueden conciliarse con la defensa de la “teoría del caos”. Para quienes han defendido que Internet debe de vivir en una situación caótica y en la que la bandera izada forzosamente tiene que enarbolar, figurativamente, los colores de la libertad digital, evidentemente, no han visto con buenos ojos el que los políticos, y por asimilación, los legisladores, se detuvieran a pensar sobre la necesidad o no de la regulación de Internet. En el sentido indicado, basta con leer algunos textos en los que la idea principal es la declaración de libertad independencia del Ciberespacio2, para darse cuenta de que existe un conflicto de intereses real.

Ahora bien, la regulación de Internet presenta dificultades que tienen difícil solución, dado que no podemos olvidar que se trata de una inmersión en un entorno tecnológico complejo, por el momento sin fronteras, caracterizado por un continuo cambio, y que en la mayoría de las ocasiones, presenta indicios de ir muy por delante de las posibilidades del legislador. Estamos pensando en este momento, por ejemplo, en que la legislación actual únicamente tiene perfiles limitados sobre los aspectos materiales tecnológicos, y es posible, antes de lo que muchos pudieran pensar, que tengamos que hablar de regulaciones biotecnológicas, en cuyo caso, las miras del legislador, tengan que dirigirse tanto a la actuación humana como a la actuación autómata.

Por tanto, resulta de interés resaltar, la idea de que si bien Internet y el mundo digital, o bien si se quiere decir, el mundo inmaterial del ciberespacio, de momento, no es una rama independiente del ordenamiento jurídico, sino que muy al contrario, es el resultado de una imbricación de normas administrativas, civiles, mercantiles, penales, y laborales, que nadie puede obviar y que tienen características propias que, en muchos aspectos, suponen una diferenciación del resto del ordenamiento jurídico.

Teniendo en cuenta las ideas plasmadas hasta el momento, es necesario explicar si es necesaria o no la regulación de Internet, dado que, resulta evidente, se presenta un conflicto de intereses divergentes, casi podríamos decir antagónicos, entre, por un lado, quienes defienden -en el medio, denominados agentes internautas3-, la total libertad, la autorregulación y, en definitiva, la no intromisión del legislador en Internet; de otro, un gran grupo4 de personas, entre los cuales los autores de estas líneas se incluyen, que piensan que la regulación de Internet es totalmente necesaria5. A nuestro juicio, resulta evidente que el hombre de leyes -sobre todo el que es un usuario asiduo de la Redno puede contemplar el mundo inmaterial de Internet como mero espectador, sino que, muy al contrario, los juristas deben saltar a la palestra con razonamientos en los que la argumentación básica debe de estar encaminada a aportar su granito de arena para llegar a una solución razonable y, sobre todo, ajustada a Derecho. Es posible que los puntos de reflexión se deban centrar en la eficacia de las normas ya existentes que se quieren aplicar y en la elaboración de otras nuevas que se inserten en el Ordenamiento Jurídico como ejes vertebradores de la regulación sobre Internet en un espacio concreto: el Estado español. No obstante, sobre todo teniendo en cuenta, tal y como ya se ha expuesto, que existe cierta radicalización respecto de si la arquitectura de Internet debe de estar o no regulada, la visión que se desprende sobre Internet es que en la actualidad supone una transformación cultural. A nuestro juicio, el producto de la comunicación interactiva entre internautas es un cúmulo de información muy importante –no todo el saber cómo algunos indican de forma claramente hiperbólica -. ¿Qué es lo que realmente ha ocurrido? Pues, en cierta medida, que la libertad en la cual se ha vivido ha sido el producto resultante del gobierno llevado a cabo por el dios Caos. Ahora bien, hay que diferenciar dos tipos muy distintos de caos. Por un lado, el organizativo, que se plasmaría en fenómenos diversos de autorregulación, y por otro lado, el de la propia información. Tal y como se puede observar, el problema que se plantea tiene realidades entrecruzadas entre uno y otro, aunque con respecto del segundo existen amplísimos campos que sólo tiene una importancia muy relativa. Así, por ejemplo, en la actualidad, es incluso difícil para el experto, poder determinar a simple vista si la información que maneja es información contrastada, veraz y conforme a los valores de la sabiduría ancestral o si se trata de basura digital. Esta parte de la estructura del caos, a pesar de todo, es la que, conforme a los principios generales del Derecho democráticos de los Estados, va a pervivir en la autopista digital que representa Internet. Desde este punto de vista, debemos de defender que las libertades y derechos que se desprenden, principalmente de las Constituciones de los Estados, representan los límites fundamentales a tener en cuenta en la controversia que...

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