De nuevo sobre el fraude en el deporte

Autor:José Manuel Ríos Corbacho
Páginas:39-72
RESUMEN

La corrupción instaurada en nuestra sociedad también se refleja en el deporte. Estamos viviendo unos momentos convulsos en esta materia. Cada final de temporada regresan los fantasmas de la compra de partidos u otro tipo de enfrentamientos deportivos a través de un mundo infinito, como el de las apuestas en el que se consiguen enormes beneficios económicos, expandido en sobremanera a través de... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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I Prefacio

La Constitución Española de 1978, en su artículo 43.3, ordena a los poderes públicos el fomento del deporte; así, se consagra un principio rector de la política social y económica que debe ser entendido en el contexto de los principios más generales. El texto constitucional difunde una perspectiva del deporte que, avalado también por la norma específica en este ámbito de la ley propia del deporte, establece una conceptuación de unos valores y de la limpieza en el desarrollo del mismo. Se trata de uno de los mayores fenómenos sociales que se dan en la realidad, como deporte de masas, de competición, de alto nivel e incluso de mantenimiento, por lo que se dice que muchos son los ciudadanos y ciudadanas que se acercan, en los diversos niveles de la estructura deportiva, a él1.

En las últimas fechas de cada temporada, suenan los “truenos” de los maletines, rasgándose las vestiduras todos los actores de ese teatro que es el deporte profesional. Sin embargo, quizá desde el principio de los tiempos, de una manera u otra, se pervierte la competición en aras del fortalecimiento monetario de una de las partes al albur de ganar o perder competiciones para su enriquecimiento económico.

En estos días, se hizo pública la noticia de que en el partido Real SociedadRayo Vallecano, el equipo de la conocida barriada madrileña alteró el resultado del partido dejándose perder en la Bella Easo, poniendo en primera plana de todos los rotativos españoles un nuevo escándalo de corrupción2.

Existe una leyenda en el fútbol que reza “Lo importante es la victoria, aunque sea en el último minuto y de penalti injusto”3. Por ello, no solamente desde el punto de vista del espectador, que también, sino que desde la perspectiva del profesional se ha de ganar pero, a cualquier precio, también se puede perder. Es esta fórmula la que da lugar al mundo de los amaños deportivos.

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La perversión por su parte suele revestir la forma de firme decisión de ganar sea como sea. No siempre: las apuestas deportivas ilegítimas pueden proporcionar sabrosos dividendos cuando inducen a la derrota de un contendiente teóricamente más fuerte pero éticamente menos inmune a la tentación crematística. Así, el balonmano francés, ofreció el ejemplo de jugadores que apostaron por la derrota de su equipo en el conocido caso de los hermanos Karabatic del Montpellier, cuando se enfrentó a un modesto adversario cuyas posibilidades de victorias eran exiguas. Asimismo, la historia del boxeo se encuentra teñida de combates cuyo perdedor lo decidió por el peso de los billetes puestos sobre la mesa de su manager. También, existen muchos juguetes rotos dentro de este deporte (Ringo Bonavena, Urtaín) cuya imagen niega, en términos absolutos, el binomio deporte-salud4.

Pero la parte más importante de corrupción se la lleva, en sobremanera, el fútbol. La detención por la policía italiana hacia 2012 de algunos jugadores5protagonistas de amaño de partidos hizo resurgir historias pasadas en el fútbol italiano, en particular, y en el resto de Europa, en general, donde volvieron a aflorar con muchísima fuerza los escándalos de compraventa de partidos como lo fuera en la década de los 80, a raíz del escándalo de la «calcio-scommese», el caso «totonero» y la «calciopoli» en la temporada 2004/05, en el que se advertía un desorden brutal de las apuestas en el balompié italiano6; empero, cuando el Fenerbache turco, campeón de la liga de fútbol 2010-2011, fue excluido de la máxima competición europea al confirmarse que sus dirigentes habían comprado partidos. Con todo, se incluyen en esta fórmula elementos como el deporte, las apuestas, el azar y el fraude.

En Italia, un periodista de la Gazzetta de lo Sport, llamado Máximo de la Pérgola, inicia un sistema de apuestas legales hacia 1946, fundando la

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Organización SISAL, creando mediante esta organización el sistema quinielístico italiano dando lugar al archiconocido «totocalcio»7

En España, por su parte, el deporte tiene mucho de lúdico, por lo que en virtud de ello puede ocasionar que se enfrentan dos partes al objeto de la búsqueda de un determinado resultado. Desde ese punto de vista, es posible montar un gran número de juegos de azar, es más, estableciendo el resultado deportivo como objeto de la apuesta, se puede construir un sistema de juego que genera pingües beneficios económicos8. De esta manera, el deporte no se va a constituir como objeto directo de un negocio o actividad económica, sino que tomando como base sus resultados se monta al margen del mismo, pero muy relacionado con él, un negocio basado en el azar, incidiendo en que dichas apuestas deportivas van a ser elemento determinante en la financiación del deporte moderno9.

En nuestro país, el elemento característico, en lo que a las apuestas se refiere, es el de la quiniela10o apuesta mutua deportivo-benéfica. Estos boletos han generado durante muchos años una ingente financiación del deporte, ayudando a financiar la competición, además de ser el aliciente semanal para el apostante deportivo11, alcanzando cifras

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gigantescas que circulan en torno al deporte y que tienen su causa en él12.

Pero frente a un asentado mundo de las apuestas, éstas no han quedado a la zaga de la globalización y de la modernidad; tanto es así, que estos fenómenos han acrecentado su presencia en el mercado a través de Internet, haciendo que la «red de redes» se haya convertido en un auténtico mercado común, pudiéndose realizar cualquier tipo de operaciones, en general, y apuestas, en particular, desde cualquier rincón de nuestro planeta13. En consecuencia, la puesta en escena de los juegos de azar mediante la red ha configurado un mecanismo de desarrollo sin igual que diseña, en los últimos años, la instauración y afianzamiento de los espacios de apuestas online, proliferando multitud de dominios desde los que apostar en lo que a lo deportivo se refiere14, situación que será harto protagonista en el devenir de la corrupción en el deporte ya que aquella será uno de los acicates importantes para que pueda observarse la soborno en el deporte a través de los amaños de partidos.

II Casos de amaños deportivos en el mundo del fútbol

Entre otros deportes, el fútbol, el más bello y popular de ellos, ha llegado a ser degradado hasta ser considerado un «factor criminógeno», ya que en éste se han convertido en muy frecuentes los episodios de brutal violencia frente a otros deportes masivos como pueden ser el automovilismo o el ciclismo; de igual manera, el balompié, que otrora fuera un deporte civil y caballeresco, en la actualidad está muy asolado por crecientes olas de violencia, en virtud de «mutaciones subculturales» que han ido sufriendo, por lo que un deporte, que en sus raíces no es en sí mismo criminógeno, ha terminado por convertirse en un caldo de cultivo criminal debido a la forma en que es vivido y por ello, se le ha designado como «estupidógeno»15. Pero debemos ir más allá, éste ya no sólo es un

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deporte «estupidógeno» fundamentado en el desarrollo que en el existe de la violencia sino que también puede entenderse como criminógeno, determinado no sólo por el subsuelo de las corrupciones emergentes, de los partidos falseados, de los fraudes deportivos y de las quiebras fraudulentas que cada vez son más frecuentes, sino porque se encuentra «drogado» por el tóxico de la «estupidez criminógena»16que está invistiendo absolutamente el cosmos futbolero.

Precisamente, en este apartado, expondremos ciertos ejemplos donde la corrupción no ha sido determinada por el ámbito de ganar o perder en aras de la competición por los intereses de los clubes (caso del «silbato dorado» en Portugal o el «caso Brugal» en España), sino por el hecho de las apuestas deportivas (el caso italiano o el alemán), fijando una casuística ya clásica dentro de los amaños deportivos, no siendo patrimonio exclusivo del fútbol por cuanto últimamente otros deportes se han visto salpicados por esta plaga fraudulenta, que incide fundamentalmente en las apuestas ilegales, factor determinante hoy día en el ámbito del Derecho penal del deporte.

1. El caso italiano

En Italia, los escándalos en el mundo del fútbol no son recientes puesto que en los años 80 el país transalpino fue el epicentro de la corrupción en el deporte. Así pues, el primer ejemplo de corrupción que nos encontramos fue el de las quinielas italianas17. Debe apuntarse que la práctica de lo designado como totocalcio18fue muy importante en este país, al utilizarse un sistema de apuestas paralelas de carácter privado y clandestino, de tal manera que su coexistencia pasaba absolutamente inadvertida para las autoridades a pesar de que los recursos de carácter económico que se usaban mediante estas organizaciones ilícitas eran de una importancia mayúscula.

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El contenido del fraude se situaba en la acción de comprar jugadores para dejarse ganar en determinados partidos y forzar, de este modo, los resultados de las apuestas, basándose en un solo partido, frente a los trece en que se cimentaba el totocalcio legal19.

Todo este asunto de corrupción, el Calcio-Scommesse, se supo porque en una ocasión los futbolistas no cumplieron el compromiso acordado causando la ruina de alguno de los implicados20. De esta forma, puede decirse que se realizaron amenazas de descalificación contra futbolistas e incluso contra entrenadores profesionales implicados en el tráfico de las apuestas clandestinas tramitadas en la mayoría de los casos por la criminalidad organizada, donde se producían unos enormes beneficios en virtud de la...

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