Nuevo concepto jurídico de la edición

Autor:Dr. José Forns
Cargo:Asesor Jurídico de la S. G. A. E.
Páginas:391-397
 
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La producción intelectual, sea musical o literaria, no es en sí sino una creación de la mente destinada a transmitir a nuestros semejantes ideas y emociones. Filósofos y estetas han coincidido en considerar a la obra artística como expresión. Mas los contenidos psicológicos que en suma representa han de materializarse para ser captados y comprendidos. Y esta materialización es diversa, engendrando las distintas Bellas Arte, según se confíe a la palabra hablada o escrita, a las líneas, masas y colores o a los sonidos. Mas así como las artes plásticas, cual la letra impresa, perduran como materialización expresiva, las artes del sonido y el movimiento oratoria, declamación, música, coreografía y cine sólo son expresión verdadera en su realización sucesiva en el tiempo, donde mueren según van naciendo.

El hombre se ha ingeniado para evitar que se perdieran por siempre tales instantáneas realizaciones, y con la escritura, con la imprenta, con la fotografía, el disco, la banda y la cinta, ha procurado retener en forma permanente las obras de arte del tiempo, rebeldes a su materialización corpórea y tangible. El progreso marca, a través de los siglos, el avance en tal captación. Primero la escritura, en su más antigua forma jeroglífica, intenta por simple asociación de ideas representar, por formas visuales, palabras y frases. Luego, se consiguen signos que equivalen a los sonidos empleados en el lenguaje hablado, y surge la escritura alfabética. Esas mismas letras o unos signos convencionales especie de taquigrafía que sólo sirve para recordar cuando ya se conocen los gestos quirinómicos con que el magister indicaba con sus manos la sinuosidad de la línea melódica del canto homófono se transforman en las primitivas notaciones musicales, alfabéticas y neumáticas. Pero el arte musical, cual el declamatorio, no es simple sonido entonado y medido en una ordenada rigidez. Intentemos escuchar la mejor partitura musical a rigor de metrónomo y con intensidad uniforme, y no nos daráPage 392noción ni remota de su significado ideológico y emotivo. La notación manuscrita o impresa, la edición más moderna y cuidada en matices, sólo es un frío remedo de lo que el autor concibió que nada significa para el profano, y sigue siendo letra muerta aun para el capaz de leerla, si la imaginación de quien la lee o interpreta no consigue a través de las precisas o aproximadas indicaciones de entonación, intensidad, timbre y ritmo que la notación pretende representar, prestar a la efectiva realización sonora en el tiempo o a su audición mental por la lectura, esas cualidades que papel e imprenta son incapaces, no ya de fijar, sino aun de sugerir en muchos casos, para quien no ha escuchado previamente la obra.

Si esta es la realidad, cuan modesta resulta la misión de la edición papel desde el punto de vista artístico. Le aventajan hoy con mucho los medios mecánicos y eléctricos de reproducción que pueden ofrecer, no la fría y lejana equivalencia gráfica, mas la obra musical en su viviente y efectiva realización sonora, al alcance no sólo de músicos, sino del público en general. Moderno milagro del disco y la banda;

La importancia de la edición musical, a partir del siglo XVI, se debe exclusivamente a su capacidad difusora. No hemos de negar a los Petrucci, los Scotto, los Susato, los Attaingnant, los Ballard y tantos otros, que contribuyeron a esa...

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