Nota del autor

Autor:David Martín Herrera
Páginas:19-21
 
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El elevado estándar de protección de la libertad de expresión en la sociedad estadounidense parece presentarse como una realidad histórica incuestionable. Una característica proveniente de la mítica, y tantas veces mencionada, First Amendment to the United States Constitution, que fue adoptada el 15 de diciembre de 1791, pero que no siempre ha sido igual de bien recibida en su intrínseca jurisdicción ni en el propio escenario internacional.

Con la misma rotundidad debemos de reconocer la notoria influencia con la que la puesta en práctica del Derecho a la libertad de expresión e información estadounidense ha venido impregnando a las sociedades mucho más allá de sus fronteras. Sin duda, el cine y la televisión contribuyeron, al modo que ahora lo hace la Internet, a la difusión ilimitada del mercado de las ideas y a la divulgación de infinidad de avances científicos. Pero también, en algunas ocasiones, a la difusión de mensajes inquietantes y de una forma de hacer incompatible con el conjunto de la humanidad. Algo que no ha pasado por inadvertido Chomsky, quien advierte que muchos pueblos indígenas no ven ningún motivo por el que sus vidas, sus sociedades y sus culturas, deban ser alteradas o destruidas para que el hombre occidental se siente al volante de su vehículo en un atasco.

Visto desde fuera, pudiera comprenderse que la forma de digerir el temerario discurso de algunos de sus históricos dirigentes políticos,

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así como el apocalíptico estruendo cultural de su cine bélico-político, pareciera haber sido naturalizado por la sociedad estadounidense e incluso asimilado por buena parte de las sociedades periféricas. Sin embargo, pese a no ser fortuito, con la puesta en escena del cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América (USA), desde la génesis de sus discursos en la precampaña electoral y sus proliferantes ataques a determinados estados y medios de comunicación, diferentes voces en el panorama internacional acertadamente puntualizan que no todo es válido en política.

De esta forma, la alarma internacional suscitada por el temerario ejercicio del discurso político, tanto directo como cibernético a través de las redes sociales, nos conduce a plantearnos si el ejercicio de la libertad de expresión es, y ha sido, realmente impune en la sociedad estadounidense. Un ejercicio ilimitado que desde luego afecta al conjunto de la comunidad internacional en un mundo globalizado y que, hoy en día, está...

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