Necesidades de financiación de la PYME

Autor:Ángel Luis Vázquez Torres/Domingo Carbajo Vasco/Fidelio López Peláez
Cargo del Autor:Economista/Economista. Abogado. Inspector de Hacienda del Estado/Economista
Páginas:83-102
RESUMEN

9. Introducción - 10. ¿Qué financiación necesita una pyme? - 10.1. El “working” Capital (fondo de rotación o maniobra) - 10.2. El FM necesario (una aproximación a la determinación de los capitales mínimos para el ciclo de explotación) - 11. Principales conclusiones - 11.1 La financiación se ha convertido en un elemento estratégico de la empresa - 11.2. El FM y la determinación de su valor óptimo... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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9. Introducción

Uno de los grandes temas de la literatura clásica es la formación bruta de capital en las empresas, su estructura óptima de financiación y el estudio de cómo afectan las decisiones de financiación a los resultados y sobre la elección de los proyectos de inversión.

La formación bruta de capital fijo de las empresas no financieras constituye un componente fundamental de la formación del Producto Interior Bruto (PIB) de los países industrializados. Esta inversión, en el nivel macro, viene dada por la inversión agregada de las empresas individuales y condiciona la capacidad productiva de los países a lo largo del tiempo. Afecta asimismo a la demanda agregada e incide de forma sustancial sobre el nivel de empleo. De hecho, se ha constatado empíricamente la sensibilidad de la oferta y la demanda agregadas ante variaciones en la inversión, dado que ésta es el componente más volátil del PIB. Razones que, entre otras, justifican el interés de la literatura económica por predecir y modelizar los factores que inciden en la inversión empresarial a lo largo del tiempo52 (Raymond, Maroto y Melle, 1999 pág. 103).

Hoy en día, es un hecho constatado la importancia para las empresas de contar con una estructura financiera óptima, como condición necesaria para afrontar su proyecto empresarial con ciertas garantías de éxito en un entorno como el actual, pero no siempre ha sido así, pues los trabajos pioneros sobre inversión y crecimiento empresarial (Fisher, 193053) (Modigliani y Miller, 195854), se centraron en los factores económicos de la inversión, obviando la influencia de los factores financieros.

Desde este enfoque, basado en la existencia de unos mercados de capitales perfectos, se propugnaba que

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las empresas siempre encontrarían la financiación necesaria para sus proyectos de inversión a un tipo de interés ideal de equilibrio, por lo que las dotaciones de capital económico podrían abstraerse de los condicionantes financieros y regirse sólo por el descuento de los flujos netos de caja esperados de la inversión.

Con el transcurso del tiempo, pudo evidenciarse que la existencia de imperfecciones en los mercados de capitales impiden la separación entre las decisiones de inversión y financiación en las empresas; de ahí, que el binomio inversión-financiación se haya convertido en un atractivo campo de estudio, en el que confluyen las aportaciones del análisis macroeconómico, las finanzas de la empresa, la economía institucional o la economía industrial y en el que, tal vez como en ningún otro, se precisen enfoques interrelacionados; tanto entre lo micro y lo macro como entre los factores estrictamente económicos que expliquen la inversión y los factores financieros que pueden condicionarla en los mercados de capitales imperfectos.

Al hilo de lo indicado anteriormente, la literatura financiera ha evolucionado desde el enfoque tradicional y la “tesis de la irrelevancia” del modelo propuesto por Modigliani y Miller en 1958, hasta las teorías más modernas basadas en la asimetría informativa. De esta forma, la empresa pasa de ser una abstracción teórica, que participa en el juego de la oferta y la demanda en el mercado, a ser considerada una entidad de carácter complejo, la cual se desenvuelve en un entorno donde la incertidumbre y la existencia de información imperfecta juegan un papel importante a la hora de analizar los problemas que surgen en un ambiente caracterizado por la interrelación entre distintos agentes económicos.

10. ¿Qué financiación necesita una PYME?

Como hemos podido ver en la introducción de este Capítulo, la determinación de las necesidades de financiación de una empresa es uno de los temas clásicos de la literatura económica y financiera. Nosotros, sin olvidar el objetivo de esta publicación y a quién va dirigida, vamos a tratar de realizar una pequeña aproximación a las necesidades financieras de las PYME, en tér-minos lo más sencillos y comprensibles posible, pero sin apartarse del rigor científico.

En primer lugar, vamos a distinguir entre necesidades de financiación a largo plazo (inversión55) y necesidades de financiación a corto plazo (explotación56).

Para poder continuar con nuestra exposición, es necesario que, como decía el profesor Rivero57, esquematicemos mentalmente una imagen financiera del balance de una empresa, en la que el pasivo (y neto patrimonial) representan las fuentes de financiación, y el activo representa las inversiones en las que se materializan las mismas.

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Ilustración 18: Esquema financiero del balance

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En un balance, tanto los activos como los pasivos se presentan clasificados en corrientes y no corrientes58, utilizando para su diferenciación el criterio de ciclo normal de explotación, que con carácter general, no excederá de un año.

En el nuevo PGC se sigue la técnica de definición por exclusión, es decir, define lo que son activos y pasivos corrientes y lo que no se encuentra en esta definición, por exclusión, se consideran activos y pasivos no corrientes.

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Ilustración 19: Activos y pasivos corrientes

Activos corrientes Pasivos corrientes
• Activos que la empresa espera vender, consumir o realizar en el ciclo normal de explotación, que con carácter general, no excederá de un año.
• Activos diferentes a los anteriores, cuyo vencimiento, enajenación o realización se espera que se produzca en el corto plazo (máximo 1 año) desde la fecha de cierre del ejercicio.
• Activos financieros clasificados como “mantenidos para negociar”, salvo los derivados financieros cuyo plazo de liquidación sea superior a 1 año.
• Efectivo y otros activos líquidos equivalentes.
• Obligaciones vinculadas al ciclo normal de explotación que la empresa espera liquidar en el transcurso del mismo.
• Obligaciones cuyo vencimiento o extinción la empresa espera que se produzca en el corto plazo (máximo 1 año desde la fecha de cierre).
• Pasivos financieros clasificados como mantenidos para negociar, excepto derivados financieros con plazo de liquidación superior a 1 año.
10.1. El “working” capital (fondo de rotación o maniobra)

Working” capital es una expresión inglesa utilizada con frecuencia en España que hace referencia al fondo de maniobra o capital de trabajo, el cual podemos definir como la cantidad de recursos a largo plazo que requiere una empresa para la realización de las actividades.

Es equivalente a la diferencia entre el activo corriente (AC) y el pasivo corriente (PC), por lo tanto, es la parte del AC que debe ser financiado con recursos a largo plazo.

El fondo de maniobra o FM (en adelante utilizaremos esta acepción), además de ser utilizado bajo distintas denominaciones, también es usado por diferentes autores para definir conceptos distintos, partiendo de concepciones estáticas o dinámicas de la estructura financiera del balance.

El FM, considerado como la parte del activo corriente que se encuentra inmersa en el ciclo de explotación (AC – PC), exige ser financiado con recursos a largo plazo, tanto propios (PN=Patrimonio Neto) como ajenos (PNc=Pasivo no corriente), para poder asegurar que una eventual restricción del crédito no pueda originar la paralización de la actividad, por lo que la literatura tradicional ha mantenido que, para consolidar una correcta estructura financiera, es necesario un FM positivo.

Sin embargo, la afirmación anterior no está exenta de críticas:

- Aunque considerado como uno de los instrumentos más significativos para determinar el equilibrio financiero de una empresa por la mayoría de los expertos, un valor positivo del FM, por sí mismo, no es indicativo de un equilibrio financiero de una empresa, y tiene que analizarse en combinación con otros ratios financieros como, por ejemplo, el

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ratio de solvencia59 (activo circulante / pasivo circulante) que, al comparar el activo circulante con el pasivo circulante, nos da un indicativo relativo de la capacidad de la empresa para hacer frente a sus obligaciones financieras.
? No es correcto decir que, cuanto mayor sea el FM, mayor será la liquidez de la empresa, pues ésta dependerá del grado de realización del activo corriente y del grado de exigibilidad del pasivo corriente. ? Un FM negativo no necesariamente tiene que significar problemas de liquidez para la empresa. Pensemos en las grandes cadenas de hipermercados que compran con grandes diferimientos en el plazo de pago y venden al contado.

El FM considerado de esta forma estática (activo corriente – pasivo corriente), lógicamente variará de uno a otro periodo de cálculo, y la herramienta financiera que nos sirve para analizar estas variaciones es el tradicional “Estado de Origen y Aplicación de Fondos” o el EFE (Estado de Flujos de Efectivo) del nuevo PGC cuya estructura, de forma resumida, es la siguiente:

Ilustración 20: Esquema del EFE [Estado Flujos Efectivo]

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Y, centrándonos en el cálculo de los flujos de efectivo de las actividades de explotación, el procedimiento utilizado por el nuevo PGC es el siguiente:

A) Flujos efectivo actividades explotación
1. Resultado del ejercicio antes de impuestos.
2. Ajustes del resultado.
3. Cambios en el capital corriente.
4. Otros flujos de efectivo de las actividades de explotación.
5. Flujos de efectivo de las actividades de explotación.
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