Modificaciones necesarias en la tabla VI desde la perspectiva médica

Autor:César Borobia Fernández
Cargo:Profesor Titular en la Universidad Complutense de Madrid
Páginas:505-509
 
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Se conoce popularmente que una cifra de glucosa (glucemia) por encima de 120 mg/dL hace pensar que puede tratarse de un diabético, pero no es tan conocido popularmente la razón por la dicha cifra sea precisamente de 120 mg/dL de glucosa en sangre. La realidad es que se ha llegado a ese consenso cuando se ha observado a través de los años y de estudiar a miles de pacientes y personas normales que, por encima de esa cifra, son numerosas las complicaciones que pueden existir. Esa cifra surge, por tanto, de un estudio real sobre el ser humano y después de haber llegado a un consenso en el sentido de que unos niveles de glucemia inferiores a 120 mg/dL, salvo excepciones, no van a dar lugar a las complicaciones propias de una diabetes. Se trata, por tanto, de una decisión tomada después de un estudio de campo.

En los daños personales y, en concreto, en el estudio de los baremos se conoce que la amputación de un brazo puede representar una pérdida de un 50 a un 65% del potencial de la persona expresado en porcentajes de incapacidad, de discapacidad o en puntuaciones. La realidad de ese consenso no se encuentra en un estudio experimental de laboratorio ni en un estudio de campo. Hay que buscarlo en la Historia, en la historia de los baremos de accidentes que, posteriormente fueron transformados en baremos de responsabilidad civil. Conviene recordar que los modernos baremos de accidentes proceden de finales del siglo XIX.

La situación de nuestro vigente baremo de tráfico es la de un baremo de accidentes bastante elaborado, más o menos consensuado, terminológicamente actualizado, de amplio reconocimiento español y de aplicación confusa, dado que en el cálculo de la valoración hay que tener en cuenta el daño psico-físico, el perjuicio patrimonial básico y el daño moral y, entiendo, que el daño psico-físico debe interpretarse por el perito médico y éste no debería inmiscuirse en el per-

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juicio patrimonial básico ni en el daño moral; al contrario, el no perito médico podría interpretar estos dos últimos pero no debería inmiscuirse en el daño psicofísico.

Por otro lado, y desde un punto de vista formal, habría que tratar de explicarse que significan las cifras (puntos) que aparecen en el baremo.

¿Representan una pérdida biológica? ¿Representan una pérdida funcional? ¿Representan una pérdida de una ABVD? ¿Representan un daño patrimonial?

¿Representan un daño moral?

¿Una mezcla de todas o de algunas de las anteriores?

No está claro en su desarrollo. El baremo (más en concreto, en el anexo primero) contempla los elementos a tener en cuenta, pero no explica cómo deben utilizarse y ajustarse en la tabla VI. Se puede intuir, dado el origen del baremo, que en algunos casos se está refiriendo a una pérdida biológica (por ejemplo, la pérdida...

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