La mutabilidad morfológica de la participación ciudadana

Autor:Silvia Carmona Garias
Páginas:56-57
 
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PARTE II La mutabilidad morfológica de la participación ciudadana 37
La primera parte de este estudio se ha centrado en la recuperación de la dimensión ética en
la vida pública y en la democracia, un sistema que, como ya se ha visto, está ligado a la idea
de una mayoría investida del poder de decidir. Ligado a la idea del gobierno del pueblo, y no
solo del «gobierno querido por el pueblo»84, y en consecuencia, a la idea de la participación
ciudadana. Todo lo que se relaciona con el núcleo originario de la democracia, de hecho, es
un elemento consustancial al ejercicio democrático del poder85. Por pura coherencia teórica,
la democracia debe estar abierta a la participación ciudadana.
La cuestión de la participación ciudadana en el ámbito político y en la gestión pública
ha recobrado una gran importancia en las últimas décadas. Quienes están comprometidos
con este fenómeno tratan de orientar la actuación pública hacia una responsabilidad com-
partida o colectiva, propia de la democracia participativa o deliberativa, dejando atrás la
responsabilidad delegada que caracteriza a la democracia representativa. Es lo que en el
ámbito internacional se conoce como empowerment o empoderamiento. Supone una revitali-
zación del sistema democrático cuyo impulso inicial en España se debió principalmente a las
comunidades autónomas, pues se apreció, sobre todo, en los distintos Estatutos de Autonomía
de segunda generación. Esto llevó a parte de la doctrina a denominar este fenómeno como
regeneración democrática estatutaria86, que ha permitido el desarrollo posterior de distintas
prácticas y textos normativos cuyo núcleo esencial consiste en profundizar en la democracia
participativa.
Que el mayor impulso se haya llevado a cabo en núcleos autonómicos y locales nos lleva
a pensar que para que la participación ciudadana sea posible, es altamente recomendable
la descentralización del poder, pues cuanto más pequeño sea el ámbito en cuestión, más
sencilla, eficaz y eficiente será su ejercicio mediante la participación, pero esta descen-
tralización comporta indefectiblemente la representación, una representación adecuada,
motivo por el que no se defiende en el presente estudio que la democracia participati-
va deba sustituir a la representativa, pues ni las estructuras, ni el capital humano están
preparados para ese cambio de forma radical y repentina, siendo recomendable en el
contexto actual de transición de valores en la sociedad la inclusión de factores correctivos
de la democracia representativa que cuenten con el ciudadano de forma directa. Lo que
se propugna es que ambos tipos de democracia sean complementarios, que el cambio
sea paulatino, firme y sostenido, y se utilicen efectivamente instrumentos participativos
propios de cada una de estas categorías de forma indistinta para avanzar en el camino de
la calidad democrática.
Ahora bien, a propósito de la representación, esta nueva ola de regeneración democrá-
tica, con ejemplos emblemáticos de los cambios que está experimentando nuestra sociedad
como las diferentes consultas ciudadanas sobre materias cuya competencia parece ser muy
disputada entre Estado y comunidades autónomas, pone de manifiesto que la legitimidad de
84 C omo pone de manifiesto C ortina recordando l a expresión de Sartori e n Cortina, A. «La pol ítica
deliberativa de Jü rgen Habermas: vir tualidades y lím ites». Revista de Estu dios Políticos (nueva
ép oc a): núm. 144, 200 9, p. 184.
85 Expósito, E . «Participación ciud adana en el gobierno loc al. Un análisi s desde la perspect iva norma-
tiv a». Revista Ar agonesa de Administra ción pública: Monogra fías de 2013, p. 364.
86 Tur Ausina , R. «Participación c iudadana y evolución hacia…», op. cit., p. 138.
Carmona Garias, S. Democracia y gobierno abierto. INAP-McGraw-Hill, Madrid, 2019.

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