Mujeres poetas en las antologías de posguerra: presencia, compromiso y canon

Autor:María Paz Moreno
Páginas:121-140
 
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Mujeres poetas en las antologías de posguerra:
presencia, compromiso y canon
MARÍA PAZ MORENO
UNIVERSITY OF CINCINNATI
Voces sin eco
Cualquier intento de llevar a cabo un acercamiento a la cuestión del compro-
miso de la voz femenina en las antologías poéticas españolas posteriores a la
Guerra Civil plantea, a priori, unas dificultades de tipo práctico que no se dan
en el caso de los autores masculinos. Un repaso a las antologías durante la dé-
cada de los años 40 y hasta bien entrados los 60 pone en evidencia la casi total
ausencia de mujeres en el Olimpo poético construido por los antólogos, lo que
dificulta seriamente la tarea de establecer un corpus de las autoras que escri-
bían durante las décadas mencionadas. Dicha ausencia constituye además un
reflejo distorsionado e inexacto de la realidad literaria del momento. Y es que,
a pesar de la escasísima presencia de mujeres en las antologías «normativas»
—enteramente masculinas en la mayoría de los casos, y tan solo mínimamente
mixtas en algunos otros—, la realidad es que sí había un número significativo
de mujeres poetas en activo durante dicho período, que luchaban por ser escu-
chadas y por publicar sus libros en medio de un entorno sociocultural marca-
damente patriarcal y misógino. La crítica se ha ocupado ya de denunciar este
problema: Genara Pulido, por ejemplo, ha analizado la visibilidad de la poesía
escrita por mujeres en las antologías españolas del siglo XX y principios del XXI
(Pulido, 2011); María Payeras Grau señala la incongruencia de la ausencia de
autoras en este tipo de obras, culpando de ello al «pacto tácito de silencio»
existente en torno a las poetas españolas (Payeras, 2009, 18); Candelas Newton
incide igualmente en el silenciamiento sistemático de que fue objeto la escritu-
ra hecha por mujeres durante la posguerra española (Newton, 1988, 129). Do-
lores Romero López se pregunta: «¿Dónde están las voces de la poesía escrita
por mujeres? Las busco, no por ser mujeres, sino en cuanto poetas olvidadas
por una historiografía literaria lastrada por intereses ideológicos hoy caducos,
pero que siguen siendo rentables en cátedras y en editoriales» (Romero López,
2005, n. p.).
José María Balcells ha contribuido positivamente al rescate de varias de estas
autoras, además de señalar la incongruencia de denominar a las antologías feme-
ninas «de género», pero no a las masculinas, que son consideradas «generales»
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A LA ÉTICA POR LA ESTÉTICA. CANON, COMPROMISO POÉTICO Y ANTOLOGÍAS EN ESPAÑA
(Balcells, 2001 y 2006).1 Por su parte, Sara Pujol lamenta las ausencias, silencios y
omisiones de la crítica tradicional, notando que las antologías españolas presen-
tan «una realidad extraña, que no responde a la realidad» (Pujol, 2007, 32), dado
que si la función de las antologías es constatar la existencia de autores y obras, «la
ausencia casi total de nombres femeninos en las antologías generales [...] pone de
manifiesto una extraña voluntad de apartamiento, que excluye con él, como con-
secuencia, a la mujer poeta de la polémica, del debate estético y de la invitación a
la lectura de sus obras, excluyéndole, por antonomasia, de la historia literaria»
(Pujol, 2007, 32). Esta crítica acierta de lleno al señalar la importancia de las anto-
logías como mecanismos constructores del canon, y por ende, el perjuicio que ha
supuesto para las mujeres el haber sido excluidas durante décadas de dichos espa-
cios normativos. Definitivamente, en lo relativo a la poesía escrita por mujeres la
historiografía literaria española ha fracasado rotundamente, dado el gran núme-
ro de voces olvidadas, ignoradas, y pasadas por alto. Que no están todas las que
son resulta un hecho incuestionable.
Encontramos algunos intentos de paliar este vacío, como el caso de la antolo-
gía de José Luis Martínez Redondo, Poesía femenina, publicada en 1953. Sin em-
bargo, el prólogo de esta obra no hace sino confirmar la problemática que intenta
atajar, ya que las palabras del propio antólogo dejan constancia involuntaria de las
dificultades con las que se topaban las mujeres que osaban cultivar la escritura.
Claramente, la actitud del público masculino seguía considerando a la mujer es-
critora como una suerte de rareza adorable, mientras que las expectativas que el
entorno imponía sobre ellas no dejaban mucho espacio al cultivo de actividades
creativas. Los menesteres de servir al marido y el cuidado de los hijos eran sin
duda la prioridad fundamental, como pone de manifiesto el siguiente comenta-
rio, en el que el antólogo celebra con tono paternalista la actividad poética de las
mujeres, señalando que «es magnífico comprobar que en nuestra Patria siguen
empeñándose las mujeres en demostrar al mundo que se puede armonizar la ho-
norable melodía de las pantuflas, el deseo de tener un hijo, zurcir los calcetines al
marido y escribir poesía» (Martínez Redondo, 1953, 5).
La condición marginal de las mujeres poetas dio como resultado iniciativas
como la creación del grupo «Versos con faldas», surgido en respuesta al ningu-
neo de sus colegas masculinos y como el único modo de contar con un espacio
en que dar a conocer su obra. En palabras de Gloria Fuertes, una de las fundado-
ras del grupo,
1. Estamos de acuerdo con José María Balcells en el rechazo del uso del término «antologías de género»
referido a antologías que recogen únicamente la obra de mujeres, ya que las antologías que a pesar de
presentarse como generales no incluyen ninguna mujer, son de hecho antologías «masculinas». Como
señala este crítico, «en numerosas antologías generales no se ha tenido en consideración a autora alguna,
de modo que en no pocos cas os tales libros son, en la práctica, “de género, aunque teóricamente no lo
sean» (Balcells, 2006, 635).
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