El movimiento colegial europeo (I): siglos XII-XIV

Autor:Dámaso de Lario
Páginas:53-74
 
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EL MOVIMIENTO COLEGIAL EUROPEO (I): SIGLOS XII-XIV
“DOMUS PAUPERUM SCOLARIUM”
La “casa de los escolares pobres”. Esa era la denominación con la que se
conocían, en origen y durante buena parte del siglo XIII, las primeras funda-
ciones caritativas donde se daba alojamiento y comida a los estudiantes sin
medios económicos que llegaban a los Estudios Generales1. El Collège des
Dix-Huit, con el que se inaugura lo que Astrik Gabriel calicara de “movi-
miento colegial”, lo establece Londoniis en el asilo de París, cuando compra a
perpetuidad a los procuradores de este, por el precio de 52 libras, una habita-
ción para que se de “a 18 clérigos escolares camas adecuadas y doce dineros
cada mes tomados de las limosnas recogidas en la caja”2. Esta institución, que
podría calicarse más bien de “protocolegio”, se inserta, al igual que todas
las de la primera generación de colegios, en el marco de la “revolución de
la caridad” del Occidente cristiano, iniciada en el siglo XII y que se expande
durante el siglo XIII, en el que, con el crecimiento de las ciudades, las formas
de caridad se adaptan a las necesidades urbanas3.
Los autores contemporáneos hemos utilizado esa terminología para todas
las fundaciones creadas desde el inicio del movimiento colegial, por razones
funcionales, pero el término “colegio” (collegium) no se les aplica hasta la
segunda mitad del Doscientos4, cuando ya se habían creado 5 instituciones en
París, una en Toulouse y otra en Bolonia. Una denominación que no tiene su
origen en los colegios de los cistercienses o los de otras órdenes religiosas sino
en las casas seculares, particularmente la fundación de Robert de Sorbonne
(1257), con la que el colegio se congura como una organización indepen-
diente: una corporación eclesiástica distinta a la universidad. En el siglo XIII
las órdenes religiosas no llamaban todavía “colegios” a sus casas de estudios;
era precisamente en el ámbito secular dónde se las llamaba así5.
1 Weijers (c), pp. 73-75.
2 Denie-Châtelain, Chartularium Universitatis Parisiensis, cit., p. 49-50 (n° 50).
3 Para la “revolución de la caridad”, vid. André Vauchez, cit. por Gorochov (c), p. 127.
También Geremek, p. 23.
4 Weijers (c), p. 74.
5 Ibidem y p. 80; y Rashdall, I, p. 500. La fundación de Sorbonne es calicada ini-
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A la domus pauperum le habían precedido el “hospital” y el “hospicio”. El
hospitale podía ser tanto una casa de enfermos como una hospedería para
viajeros y estudiantes con escasos recursos económicos, o un lugar de reu-
nión para “toda una población marginal difícil de evaluar”. El hospitium, que
normalmente venía calicado después como “de pobres” (pauperum) o “de
peregrinos” (peregrinorum), tenía el signicado de vivienda o de lugar de
habitación; en el mundo estudiantil era una casa ocupada por un grupo de
estudiantes bajo la responsabilidad de un maestro. A diferencia de París, en
Oxford se le denominaba aula y en Cambridge domus, pero todos tenían la
misma función: dar comida y alojamiento en comunidad, y bajo la supervi-
sión de un superior, a aquellos estudiantes que no eran lo sucientemente
ricos como para vivir en una casa con un tutor, ni tan pobres como para tener
que vivir en condiciones miserables6.
La “casa de los pobres” –más tarde el “colegio”– de Londoniis no es sino
un “hospicio” dotado con edicios y rentas regulares, y aunque siga convi-
viendo durante mucho tiempo con las otras formas de alojamiento, tiene el
mérito de instaurar un modelo de asistencia, en el que un benefactor dota
un establecimiento con becas para estudiantes pobres, cuyas condiciones de
estudio y vida comunitaria son reguladas por un conjunto de normas esta-
blecidas al efecto: los estatutos. Esos nuevos establecimientos van surgiendo
mucho antes de que las universidades tuvieran sus propias sedes –lo que su-
cede a nales del siglo XV– y en muchos casos “son la primera presencia es-
table del mundo universitario dentro de los muros de la ciudad”, y terminan
convirtiéndose en centros de actividad y enseñanza que absorben gran parte
de la vida universitaria7. París, Oxford y Cambridge serán los casos señeros de
este modelo, al que se ha llamado “colegio secular”, al ir dirigido fundamen-
talmente a estudiantes clérigos, que no seguían la regla de una orden.
Las órdenes religiosas fundaron “casas” semejantes –los prioratos-cole-
gios benedictinos, cistercienses y mendicantes– calicadas de “colegios regu-
lares”, cuya nalidad y reclutamiento son totalmente diferentes de las insti-
tuciones inspiradas en el Collège des Dix-Huit parisino. No eran fundaciones
caritativas para estudiantes pobres, estaban destinadas exclusivamente a los
frailes de las órdenes y se trataba de auténticas escuelas, mediante las cuales
cialmente de “domus”, término que se tiende a sustituir por el de “collegium” a lo largo de
la segunda mitad del siglo XIII; vid. Weijers (b), p. 11.
6 Gonthier, pp. 286-287; Weijers (a) pp. 76-77 y 85; y Rashdall, I, pp. 499.
7 Weijers (a) p. 80 y (b), p. 10; Brizzi (e), p. 349, y Haskins, pp. 18-19.

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