A modo de epílogo

Autor:Faustino Gudín Rodríguez-Magariños
Cargo del Autor:Magistrado. Letrado de la Administración de Justicia (excedente). Doctor en Derecho. Licenciado en Criminología
Páginas:219-223
 
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El Derecho es un sistema o conjunto de reglas para alcanzar la armonía social, es decir, la paz. La vocación de todo buen jurista viene orientada a rehuir en todo lo posible el confl icto y buscar el punto de encuentro y la concordia. Como escribiera ese gran norteamericano que fue William Fulbright en su libro La Arrogancia del Poder “el Derecho es la base esencial de la estabilidad y el orden tanto dentro de las sociedades, como en las relaciones internacionales”.

A grosso modo, el Derecho Americano debe ser reputado técnicamente como un sistema legal muy avanzado. En ciencia, los avances de una rama científica nunca se presentan de un modo aislado sino que precisan el desarrollo de todos las demás áreas de conocimiento. En consecuencia, es indudable que la nación americana es una sociedad tecnológicamente muy avanzada a la par que rompedora en numerosas materias, paralelamente, desde el ángulo meramente técnico, su Derecho no le va a la zaga en este progreso. Es la eterna lucha encaminada a dar el paso del mito al logos, es decir, transformar las burdas e incoherentes creencias tradicionales en explicaciones lógicas y racionales, el Derecho norteamericano ha supuesto un ariete racionalista rompedor en muchas áreas y merece aunque solo sea por ello un enorme respeto.

Lo distinto no siempre supone algo totalmente inferior o, inclusive, parcialmente peor. Es cierto que el Derecho puede inclinarse hacia dos platillos de la balanza el yo o el ego (que da un mayor énfasis a las libertades individuales) y el no yo o el alter (que pone el acento en las responsabilidades del individuo hacia el grupo). Esta dialéctica se traduce en derechos y deberes, y es una tirantez que no se resuelve de un modo reduccionista o simplón pues engloban infinitas respuestas intermedias. Cada Derecho y cada grupo social responde a los problemas de un modo propio, y estas respuestas, a su vez, también variarán a lo largo del devenir del tiempo. A su vez, todo ordenamiento jurídico supone la superación de un estadio primitiva donde la bruta fuerza tiende a ser suplida por la búsqueda de la solución armónica (non armis sed iure) y en las técnicas de la negociación y conciliación de intereses el Derecho norteamericano ha ido dos pasos por delante a los del resto de la humanidad.

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Parece palmario que en Estados Unidos irrumpe, de cara al resto del mundo, como un movimiento ideológico que se resiste frente al monstruoso Leviatán del poder arbitrario...

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