El Modelo ideológico regeneracionista

Autor:Enrique Prieto Tejeiro
Páginas:201-243
RESUMEN

1. Raíces históricas: La comunidad aldeana. 2. La Pequeña-Burguesia en una sociedad en transición. 3. Componentes ideológicos del pensamiento económico y social regeneracionista. 4. Colectivismo agrario y escuela de economía Española. 5. ¿Reforma o revolución?.

 
ÍNDICE
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1. Raíces históricas: La comunidad aldeana

"Creemos que lo más digno es trabajar para sacar a este país de su pobreza y de su atraso; y, con tal objeto, pedimos humildemente su ayuda a todos los patriotas que no se consideren obligados a sonrojarse por haber nacido en estos páramos; a todos los que recuerden aún con amor aquella aldea en donde transcurrió su infancia; a todos los que tengan un hijo que haya abierto aquí sus ojos la primera vez; a todos los que reconozcan como deber de su conciencia el de honrar a la tierra sagrada que guarda las cenizas de sus padres y nutre las raíces de su espíritu"212.

Hemos elegido este nostálgico y místico fragmento de Julio Senador con intención de que nos sirva de introducción a la investigación de la raíz ideológico-material del regeneracionismo. En una sociedad como la española de comienzos del siglo XX, dotada de un bajo nivel de desarrollo económico respecto a Europa y en la que viejas estructuras feudales siguen aún vigentes, no se puede prescindir de la arraigada tradición comunitaria si queremos penetrar en su conocimiento. A pesar del duro golpe que las desamortizaciones decimonónicas asestaron a la forma de vida tradicional, nucleada en torno a la comunidad aldeana, no significó la liquidación de esta célula social característica de las sociedades precapitalistas. Continuó existiendo como entorno natural, pero, sobre todo, se resistió a sucumbir en cuanto aPage 202 su proyección histórica sobre la mentalidad colectiva.

La disolución o la pervivencia de las aldeas comunitarias será el dilema que se presenta a gran parte de los países europeos en la última fase de la transición al capitalismo. Las diferentes vías de transformación de la agricultura en Europa persiguen un objetivo parecido: disolver las relaciones de producción feudales, situando en su lugar un nuevo sistema, disciplinado por la producción para la venta y orientado a la obtención de beneficios.

¿Qué es la comunidad aldeana? ¿Cuál es su origen? ¿En qué estado se encuentra a comienzos del siglo XX en España? Estas son algunos de los interrogantes a los que intentaré dar respuesta.

Para Albert Soboul "La comunidad aldeana se define por una cierta estructura religiosa y administrativa, y más aún, por un sistema económico y social basado en la acción de las obligaciones comunitarias, la limitación de los derechos de propiedad privada y la existencia de unas tierras explotadas colectivamente'"213. Históricamente la comunidad aldeana se remonta al feudalismo. "Definir así la comunidad aldeana es plantear indiscutiblemente su anterioridad con respecto al señorío: las reglas comunitarias para la explotación del territorio municipal son muy anteriores a la primera etapa feudal. Sin duda los documentos ignoran hasta el siglo XIII la palabra 'comunidad': hablan mucho de señorío, casi nunca de conjunto de vecinos... pero el silencio de los textos es solo el silencio de los testigos, puesto que en lo esencial las fuentes son de origen señorial y la mayoría de las comunidades no cuentan con un archivo hasta el siglo XIV'214.

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La aldea es un microcosmos autónomo cuyos límites rara vez se traspasan, ni hacia dentro ni hacia fuera. "Cultivo y residencia, aldea y término municipal (finage) eran los polos de la existencia rural, que subrayaba el eterno vaivén de la casa a los campos"215'.

Si las comunidades rurales se caracterizaron por la autosuficiencia material, el pilar en el que descansaba esta autosuficiencia es la 'ayuda mutua'. La comunidad aldeana está al margen de la circulación monetaria y eso la obliga a autoabastecerse de lo necesario sin recurrir al mercado. Tampoco en las relaciones intercomunitarias se utiliza el dinero por la sencilla razón de que su uso se constriñe, como mucho, a la adquisición de algunos bienes insustituibles, como la parte metálica de algunos aperos de labranza y poco más. Las necesidades hay que cubrirlas mediante el trueque o la simple cesión entre vecinos.

Cuando lo que se precisa es trabajo ajeno para poder abordar las labores agrícolas o de otro tipo, sean estas de carácter individual o colectivo, se establece un sistema de cooperación permanente: 7a ayuda mutua'. Las actividades que desbordan las posibilidades humanas de la unidad familiar o que son de interés colectivo se resuelven en este marco, que no es otra cosa que un acuerdo de reciprocidad, establecido históricamente por la costumbre. El problema de la cuantificación del trabajo prestado es secundario puesto que la racionalidad y el aprovechamiento del tiempo es la propia de las sociedades precapitalistas, en las que el trabajo forma parte del modo de vida, sin que exista ruptura radical entre tiempo de trabajo (determinado por el salario en las sociedades modernas) y el resto del tiempo disponible216. Lo quePage 204 verdaderamente importa aquí es la disponibilidad de cada vecino para el otro, aunque hay "ordenanzas" (algunas aún en vigor en aldeas españolas hasta hace pocas décadas) en las que se especifican obligaciones y sanciones. "... la comunidad rural -decía Soboul- se caracterizaba por la servidumbre que imponía al conjunto de los vecinos, así como a sus posesiones individuales... Las limitaciones al derecho de propiedad privada, el carácter colectivo de la propiedad comunal, el cultivo en cierto sentido comunitario del suelo, permiten definir la comunidad rural de fines del Antiguo Régimen, dejando a un lado los progresos de la penetración capitalista, en la medida en que la comunidad aldeana transforma las fronteras de los sistemas productivos históricos, como un sistema de economía agrícola natural, como un modo de producción precapitalista, con las relaciones sociales específicas que necesariamente lleva consigo'"217. Aunque el concebir el modo de vida rural como un modo de producción plantea más problemas de los que resuelve. Incluso definirlo como un sistema de 'economía natural' agrícola choca con la opinión de historiadores económicos como Maurice Dobb, que no parece muy de acuerdo con el concepto de Gustav Smoller y su escuela sobre la economía natural. Para Dobb resulta una idea en exceso abstracta'218.

El propio Soboul recoge una formulación de I. Chiva en la que se mantiene que "La comunidad rural es una unidad social restringida, que vive en un territorio dado y obtiene su sustento de la explotación de ese territorio en una economía más o menos cerrada. Dotada de una organización social, económica y a veces jurídica, y de un sistema de valores éticos, forma un todo capaz de asegurar la duración del grupo y la subsistencia tantoPage 205 material como moral de cada uno de sus miembros"219. La definición de Chiva, tiene la ventaja de señalar la ambigüedad que en muchos aspectos ilustra a la comunidad aldeana.

Hasta aquí hemos repasado rápidamente la naturaleza social y económica de la comunidad aldeana. Resta ahora situarla en el contexto de comienzos del siglo XX, momento en que en España era ya patente el efecto de los procesos desamortizadores que estrecharon considerablemente su base material (desaparición de los bienes comunes) e introdujeron resortes hostiles (numerosos tipos de arrendamientos alternativos a la enfiteusis y la renta monetaria) que abocaban a esta sustitución hacia un callejón sin salida.

Normalmente "La comunidad debía desaparecer necesariamente en el movimiento de transición del feudalismo al capitalismo, junto con todas las antiguas estructuras que frenaban el paso a la economía y a la sociedad nuevas. Sí, pese a la mutación revolucionaria (en el caso francés), la comunidad aldeana sobrevivió aún durante mucho tiempo, poniendo de manifiesto los aspectos negativos de la evolución capitalista de la agricultura francesa en el siglo XIX, la razón hay que buscarla, sin duda, en el carácter inacabado de la revolución agraria"220. La opinión de Soboul puede subscribirse sin dificultad para España, teniendo en cuenta el retraso que España lleva respecto al país vecino y la radical diferencia entre la vía revolucionaria francesa de modernización de la agricultura y el correspondiente proceso español. Mientras la vía francesa permite a los campesinos imponer desde abajo la destrucción del Antiguo Régimen, sin atentar, en principio, contra la institución comunal, el modeloPage 206 español está más en la línea de las revoluciones liberales europeas, en concreto de la vía prusiana, impulsadas desde arriba, es decir, sin la participación campesina221. De todas formas, ni los resultados ni las intenciones del caso español son comparables con el modelo centroeuropeo. En Prusia se llevó a cabo una modernización de la agricultura que la colocó en posición de empujar la revolución industrial (que afloraba al mismo tiempo), modificando las relaciones de producción en el campo, liberando mano de obra campesina que inmediatamente pasó a ser absorbida en las urbes industriales (al menos en parte), abaratando el coste de la fuerza de trabajo (salarios) y contribuyendo a acelerar el proceso de acumulación capitalista. Todo ello sin amenazar la hegemonía de los junkers ni socavar la estructura del Estado prusiano, impulsores de los interesados cambios. Tampoco puede pasar desapercibido el hecho de que en Prusia la comunidad aldeana no representó un obstáculo importante puesto que, como observa T. Kemp, "al faltarle la protección de una fuerte comunidad aldeana, el campesino prusiano se encontraba en algunos aspectos en peor situación que el siervo ruso"222, con lo que el cambio no empeoró sustancialmente su condición social.

El modelo español, posee algunas semejanzas formales con el prusiano, y esto ha sido razón suficiente para que algunos hayan hecho una identificación casi mimética...

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