Una mirada europea a la integración latinoamericana en la actualidad

Autor:Celso Cancela Outeda
Cargo del Autor:Universidade de Vigo
Páginas:70-85
 
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Una mirada europea a la integración
latinoamericana en la actualidad
Celso Cancela Outeda
Universidade de Vigo
ccancela@uvigo.es
1. Introducción
ALCA, MERCOSUR, CAN, ALBA, UNASUR, SICA, CELAC, AP… son
acrónimos vinculados con proyectos o iniciativas de integración que se desarrollan
en Latinoamérica. A primera vista, evidencian la amplitud y diversidad del fenómeno.
Así es, en esta región se desarrolla un vasto y variopinto repertorio de iniciativas
integracionistas que, sin embargo, presentan perfiles diversos (recientes/antiguas;
panamericanas/regionales; político-ideológicas, económico-comerciales,
geoestratégicas…) y responden a formulaciones contrapuestas y rivales. Aunque,
estas iniciativas suelen caminar en compañía de elevadas dosis de voluntarismo
político, de un discurso y una retórica integracionista, a la postre, su configuración
institucional, su práctica y sus resultados efectivos distan notablemente de las metas
propuestas y deseos expresados.
El observador o estudioso externo, en particular, europeo, como quien
redacta estas páginas, queda un tanto confuso; se ve forzado a cuestionarse acerca
del significado del regionalismo, de la integración, de las causas y factores o del
impacto resultante de los proyectos e iniciativas lanzados. Los antecedentes
históricos de la integración latinoamericana se remontan al siglo XIX. A lo largo del
tiempo, obviamente, las iniciativas integracionistas han ido adaptándose a las
transformaciones políticas, económicas, sociales, tecnológicas, ideológicas, tanto
estatales como internacionales. También han variado sus bases teóricas inspiradoras
de índole económica (dependencia externa) y político-ideológica (regionalismo
abierto y postliberal).
Esta presentación, que se enmarca en el I Congreso Euroamericano de
Derecho y Política, pretende ofrecer una mirada general de los procesos de
integración latinoamericanos, examinar las referidas bases y cosechar algunas
lecciones extraídas de esos procesos.
2. Breves pinceladas históricas
Desde la conquista de la independencia, la idea de establecer algún tipo de
unión entre los estados latinoamericanos es relativamente antigua, aunque ha sufrido
transformaciones. Podemos diferenciar dos grandes etapas en atención a la meta
perseguida. Durante el siglo XIX, la preocupación se centró en lo político y el
pensamiento bolivariano fue su inspirador, a lo largo del siglo XX, los intentos
integracionistas pivotaron en torno a lo económico.
Después de la independencia de las colonias hispano-lusas acontecida en el
primer tercio del siglo XIX, los intentos de unir políticamente, en especial, el Cono
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sur del Continente no cesaron. Simón Bolívar formuló la idea de una “nación
latinoamericana” con una finalidad política: servir de freno a las ambiciones de las
potencias europeas del momento
1
. En 1815, propuso el establecimiento de un
gobierno único y central para la totalidad de la América del Sur. La Constitución de
1821 de la República de la Gran Colombia
2
, inspirada netamente en las concepciones
bolivarianas, intentó construir un estado de carácter unitario, dotado de un poder
central sólido, con sede en Santa Fe de Bogotá. De esta manera, Bolívar aspiraba a
crear un instrumento protector frente a las eventuales intervenciones exteriores
(españolas o inglesas). Este plan unitarista fracasó a causa de factores domésticos: la
desconfianza de los poderes locales hacia ese poder central alentó las tendencias
desintegradoras que lo hicieron embarrancar.
Para remediar esa situación y contentar a los partidarios de una solución
federal, Bolívar convocó (1822) el I Congreso de la América del Sur con el que
deseaba instaurar una confederación (de enorme extensión territorial, puesto que
abarcaba desde México hasta Argentina). Este Congreso se celebró en 1826
conocido como el Congreso Anfictiónico de Panamá, pero se saldó nuevamente
con un fracaso (aparte de que varios estados convocados no acudieron), porque el
Tratado de Unión, Liga y Confederación perpetua (constitutivo de una unión perpetua
de índole confederal) sólo fue ratificado por Colombia y, en consecuencia, nunca
entró en vigor.
La siguiente tentativa de Bolívar se inclinó por la constitución de una
Federación de los Andes territorialmente más reducida, que agrupase la
referida Gran Colombia, Bolivia y Perú. Estaba dotada de una estructura institucional
de carácter federal (un presidente vitalicio, un vicepresidente, una cámara electiva,
un gobierno y una administración). En los estados miembros, la organización era
semejante: un presidente vitalicio, una asamblea elegida por sufragio restringido. A
la larga, fomentó los intereses de los jefes militares y dio pie al tradicional caudillismo
latinoamericano, que contribuiría a la separación de los nuevos territorios (Carraud,
1981). Esta Federación siguió los pasos de la mencionada Confederación ya que se
desintegró, en gran medida, a causa de las ambiciones personales de los
lugartenientes de Bolívar. Sucesivamente, proclamaron su independencia definitiva:
Venezuela (1826), Bolivia (1825), Perú (1827) y Ecuador (1830). Rápida y
esporádicamente, estos flamantes estados sudamericanos se aplicaron a la tarea de
salpicar de enfrentamientos, incluso bélicos, todo el Cono sur.
No obstante, el ideal político bolivariano quedó impreso en la mente de los
dirigentes sudamericanos y ha servido de trasfondo de posteriores manifestaciones
e intentos de unión en sus diferentes formas. Así, Díaz escribe que “los fallidos
intentos posteriores, no lograron hacer realidad los planes integracionistas, pero
nos dejaron el preciado legado del proyecto integracionista bolivariano” (Díaz,
1
Con anterioridad, en 1810, el chileno Juan Egaña sostuvo la posibilidad de crear un Sistema General
de Unión en la América del Sur. Asimismo, hay que tener en cuenta el pensamiento americanista de
Andrés Bello.
2
Esta entidad incluía los territorios de los actuales estados de Colombia, Ecuador, Panamá y
Venezuela.

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