Metafisica y libertad en la filosofia antigua.

Autor:Berti, Enrico
Cargo:ESTUDIOS
 
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En la filosofía griega se delinean dos concepciones opuestas de la relación entre metafísica y libertad: una según la cual el universo ha tenido origen gracias a un principio inteligente a través de un acto de voluntad, el cual implica la libertad del principio metafísico, es decir, la libertad divina, y otra según la cual el universo procede necesariamente de un principio impersonal, la cual por tanto excluye la libertad divina.

Palabras clave: origen, creación, emanación, Anaxágoras, Platón, Filón, Plotino.

In Greek philosophy there are two rival accounts of the relation between ontology and freedom. In one of them the universe has its origin in the act of free will of an intelligence. This entails, of course, that this intelligence must be free. In the other the universe comes from necessity from an impersonal being which has not the features of an intelligent being and cannot be free.

Keywords: origin, creation, emanation, Anaxagoras, Plato, Philo, Plotin.

  1. EL ORIGEN DEL UNIVERSO

Un tema con respecto al cual es posible comparar la metafísica con la libertad es el del origen del universo, el cual ha sido objeto de una atención especial en la filosofía griega desde su inicio hasta su conclusión. Si, de hecho, se admite que el universo haya tenido un origen --y no sea eterno, como sostenía Aristóteles-, tal origen puede depender de un principio impersonal, que obra de manera necesaria, o bien puede depender de un principio inteligente, que actúa de modo libre, es decir, con libertad. En el primer caso no se establece relación alguna entre la metafísica y la libertad, mientras que en el segundo la libertad se convierte en el principio metafísico de la entera realidad, y de ahí que desarrolle un papel fundamental en el ámbito de la metafísica. Evidentemente, en este último caso, no se trata de la libertad humana, sino de una libertad, por así decirlo, divina, que, sin embargo, como veremos, plantea problemas justamente por su semejanza con la libertad humana.

El primer filósofo que ha establecido en el origen del universo un principio inteligente ha sido, como es sabido, Anaxágoras de Clazomene (siglo V a.C.). De hecho, escribió un libro en el que declaraba que al principio todas las cosas estaban mezcladas en un conjunto, después apareció una Inteligencia (nous), que las separó y las puso en orden (1). Según los testimonios de Platón y de Aristóteles, ese principio, además de ser inteligente, como indica su propio nombre, parece que estaría dotado también de voluntad, porque Platón lo describe como el "árbitro absoluto" (autokratór) (2), le atribuye la intención de ordenar todas las cosas del mejor modo y, por tanto, le atribuye también el conocimiento del bien y del mal, basándose en el principio de que la ciencia de los contrarios es la misma (3). Aristóteles, por su parte, afirma que Anaxágoras atribuye a la Inteligencia "el conocer y el mover" (4), y que esta Inteligencia "a partir de un cierto comienzo opera pensando" (ap 'archês tinos ergazetai noêsas) (5).

Parece, por tanto, que el principio propuesto por Anaxágoras fuese capaz de entender y de querer, es decir, que fuese libre, y que el cosmos sea el producto de su voluntad libre. De este modo, la libertad se establece en la base de la metafísica desde su origen. Es verdad que después, tanto Platón como Aristóteles, se declaran decepcionados con Anaxágoras: el primero porque el filósofo de Clazomene, aun habiendo puesto la Inteligencia en el origen del universo, no la habría utilizado después de un modo adecuado para explicar los diversos fenómenos, sino que los habría explicado basándose simplemente en los elementos materiales; el segundo, porque Anaxágoras habría recurrido al Intelecto sólo cuando no sabía explicar por qué motivo una cosa era necesaria, utilizándolo del mismo modo que se usa un recurso teatral (mêchanê, deus ex machina). Adviértase, entre paréntesis, cómo la tendencia de Anaxágoras para evitar el recurso a la Inteligencia debería ser apreciada por la ciencia moderna, mientras la crítica de Aristóteles anticipa la crítica del teólogo moderno Dietrich Bonhoeffer al "Dios tapaagujeros". Aristóteles, sin embargo, concluye que, gracias a su doctrina de la Inteligencia como causa del orden, Anaxágoras parece el único filósofo juicioso, o sobrio, mientras que sus predecesores hablaban si acaso como borrachos (6).

  1. ¿GENERACIÓN O ETERNIDAD DEL MUNDO?

    El problema del origen del universo, o del cosmos, deviene especialmente agudo en la época clásica de la filosofía griega, es decir, en el siglo IV a.C., el siglo de los dos filósofos más conocidos (porque de ellos se han conservado sus obras) y, por ello, más influyentes en toda la historia de la filosofía occidental: Platón y Aristóteles. Para Platón, la ciencia es conocimiento de verdades necesarias; por ello, constatando que en el mundo sensible todo cambia, nada es estable y necesario, concluyó que el verdadero ser, objeto de la ciencia, debe ser diverso del mundo sensible, es el "mundo de las Ideas", es decir, de los ejemplares eternos de las cosas. Éste, obviamente, no tiene principio, en el sentido de origen, ni final, si bien Platón admite que las Ideas tienen un principio en el sentido de una causa de su ser, causa eterna de un ser igualmente eterno, la Idea del bien (7).

    Sin embargo, Platón se plantea también el problema del origen del universo sensible, porque éste, aun no siendo el verdadero ser, no es, sin embargo, simple apariencia, sino que es más propiamente "imagen" del mundo de las Ideas, y por tanto tiene una cierta consistencia, la consistencia, justamente, de las imágenes, que son menos reales que su propio modelo, aunque son igualmente algo, es decir, son un algo intermedio --dice Platón-- entre el verdadero ser y la nada. Él narra el origen de este mundo sensible en el Timeo, donde ante todo contrapone "lo que siempre es y no tiene nacimiento", es decir, el mundo de las Ideas, objeto de ciencia, y "lo que nace siempre y nunca es", es decir, el mundo sensible, objeto de opinión. Inmediatamente después, formula el principio por el cual "todo lo que nace, nace de alguna causa" (que será después llamado principio de causalidad) y lo aplica al mundo sensible, concluyendo que, si ha nacido --y que haya nacido queda fuera de toda duda, porque se puede ver y tocar, y tiene un cuerpo, y todas las cosas que tienen un cuerpo son generadas--, debe de haber tenido como causa un artífice, en griego "demiurgo" (demiurgos). Ahora bien, los artífices en general fabrican las obras propias mirando un modelo y sus obras resultan bellas si el modelo es bello. Como --continúa Platón-- este mundo sensible es bello, esto es, está ordenado, es regular, se debe concluir que ha sido fabricado por un artífice que miraba a un modelo bello. Pero el modelo más bello es el modelo eterno, esto es, el mundo de las Ideas, y por eso se debe decir que el mundo sensible ha sido fabricado por un artífice que ha tomado como modelo al mundo de las Ideas (8).

    De este demiurgo Platón afirma que es "hacedor y padre (poiêtês kai patêr) de este universo", y que es difícil encontrado, o sea conocerlo, y que, aún encontrándolo, es imposible señalarlo a todos. Lo que se puede saber con certeza, en cambio, es que él se ha servido del modelo eterno "porque el mundo es el más bello de los nacidos, y él es el más bueno de los autores" (9). Por consiguiente, Platón habla de un demiurgo que es hacedor y padre del universo y es bueno, el más bueno de los autores. En este punto, antes de describir de qué forma el demiurgo ha fabricado el mundo, Platón realiza una puntualización de carácter metodológico o, como se diría hoy, epistemológico. Como el mundo sensible, como ya hemos visto, es sólo una imagen (eikôn) del mundo de las Ideas, el discurso que lo describe y, por tanto, también aquel que describe su origen, será, en cualquier caso, solamente una imagen del discurso que describe el mundo de las Ideas, es decir, será un "relato" (muthos) similar al verdadero, un "relato verosímil" (eikôs muthos) (10).

    Veamos, pues, cuál es esta descripción, que en la historia del pensamiento occidental ha marcado época. Hemos visto ya que el demiurgo era bueno. A partir de lo cual Platón argumenta:

    "Él era bueno, y en uno bueno jamás nace envidia alguna por nada. Inmune, por tanto, de ella, quiso que todas las cosas llegaran a ser semejantes a él en la medida que podían". Sobre este punto él escribe: "Por ello el dios (ho theos), queriendo que todas las cosas fuesen buenas y, en la medida que era posible, ninguna mala, tomó, por tanto, todo cuanto era visible que no estuviera quieto, sino que se agitaba sin regulación

    y desordenadamente, y lo redujo del desorden al orden, juzgando esto enteramente mejor que aquello" (11).

    Aprendemos así que el demiurgo es un dios, que él ha fabricado el mundo por bondad, que ha querido hacer las cosas similares a sí...

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