Manuel Peña Bernaldo de Quirós

Autor:Antonio Pau
Páginas:5-8
 
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Manuel Peña había nacido en uno de los pueblos de Ávila más próximos a Madrid: Las Navas del Marqués. Estudió el bachillerato como alumno interno en las Escuelas Pías de San Antón, de la madrileña calle de Hortaleza.

Cursó la carrera de Derecho en la que entonces se llamaba Universidad Central, en la calle de San Bernardo. Su profesor de Derecho civil fue don Federico de Castro, al que Peña se mantendría unido, por lazos intelectuales y afectivos, durante toda la vida de aquél, y a quien consideró, desde muy pronto, su maestro. «Todavía más que maestro de Derecho fue maestro de vida –dijo Manuel Peña en una entrevista que se le hizo con motivo de su jubilación1–.

Como tantos otros, empecé a asistir a las reuniones que había en su casa los domingos por la tarde. Y, como otros, quedé sorprendido –desde la reverencial distancia que instintivamente sentía respecto de quien era maestro de autoridad indiscutida– por la facilidad con que se pasaba a la categoría de amigo. […] Tuve la suerte de experimentar la verdad del proverbio bíblico: “El que encuentra un amigo encuentra un tesoro”. Un amigo que, a la vez, era maestro, y de las personas que he tratado, es la única a la que he reconocido esa autoridad intelectual. Y sin duda contra su voluntad se hizo un centro de referencia en el momento de adoptar decisiones importantes en la propia vida».

La cercanía de Manuel Peña a don Federico no se limito a la universidad, sino que se extendió también al Instituto de Estudios Jurídicos, que entonces tenía su sede en la calle del Duque de Medinaceli. Allí se reunía todos los miércoles el Seminario que presidía don Federico, y al que asistían profesores de la universidad y profesionales del Derecho. Pero además de este seminario «de mayores», había también un seminario «de pequeños» –los jóvenes que aún estaban cursando la carrera–, cuya dirección le encomendó don Federico a Manuel Peña.

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Peña terminó la carrera de Derecho en el año 1945, y en poco tiempo obtuvo, sucesivamente, el Premio fin de carrera de Madrid, el Premio extraordinario de la licenciatura y el Premio extraordinario del doctorado. Ingresó en las oposiciones a Letrado de la Dirección General de los Registros y del Notariado celebradas en el año 1951, con el número dos –y último de una brevísima promoción, como solían ser las de Letrados, algunas de ellas unipersonales–. En la Dirección General de los Registros se mantuvo durante casi toda su vida activa. Fue, durante muchos años...

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