Listado de jurisprudencia

Autor:Manuel Miranda Estrampes
Páginas:193-197
 
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LA PROGNOSIS BIOLÓGICA DE LA PELIGROSIDAD
193
Así, la neurociencia nos puede mostrar un continente (que no será el con-
tinente), pero no el contenido. Si no existe un cerebro que podamos utilizar
como modelo ni una única arquitectura cerebral, si no conocemos perfecta-
mente ni la estructura ni el funcionamiento cerebral, si el entorno se impri-
me en el organismo, si no somos homologables, si cambiamos a lo largo de
la vida: ¿cómo se puede adscribir un contenido unívoco a la activación de
un circuito neuronal? Como ya hemos expuesto, la dotación de significado
es una actuación personal, interna, intransferible. Por ello, si cada cerebro
es individual, es improbable que todos los cerebros reaccionen de la misma
manera ante estímulos idénticos 292. Es más, la activación de los circuitos
neuronales podría ser el efecto de una decisión y no su causa 293.
A guisa de síntesis, recurriremos a las palabras de
HARARI
, por cuanto
plasman a la perfección lo que queremos subrayar en este apartado: «la
biología permite, la cultura prohíbe» 294. La biología posibilita llevar a cabo
cuantas acciones queramos, dentro de los límites humanos, claro está, mas
es la cultura la que restringe ese ámbito al imponer unas normas, proscri-
biendo el despliegue de determinadas acciones. En méritos de todo lo ante-
rior, por muy cinematográfico que se presente, nuestra biología no sabe qué
es el odio, ni el amor, ni la honestidad, ni la maldad, ni la criminalidad. Por
consiguiente, pretender hallar en el cerebro conceptos sociales, carece de
todo sentido.
Habida cuenta de que ya reparamos en que la visión social de la crimina-
lidad aún está arraigada en el atavismo, profundizaremos sobre este aspecto,
aún más, con el propósito de evidenciar esta desconexión entre cultura y
biología. Para ello, nos serviremos de otros ejemplos: un estudio que afir-
ma que la elección acerca de la marca de refresco de cola seleccionada está
correlacionada con la activación del PFC 295 y dos estudios genéticos, cuyas
conclusiones descansan en el hallazgo de una correlación genética con el
comportamiento electoral y con en el uso de anticonceptivos; estos ya fueron
mencionados en el capítulo segundo.
Pues bien, si fuéramos coherentes con lo que manifestamos respecto de
la criminalidad, deberíamos sostener, con un ímpetu idéntico, que el PFC
nos compele a escoger un refresco de cola de la marca X, que un gen nos
constriñe a votar a un partido político y que otro gen nos impone un concreto
uso de los anticonceptivos. Mas ¿es así?
A estos efectos, se presenta como poco plausible sostener, seriamente, que
nuestro cerebro «sepa» qué marcas de refresco de cola hay o que nuestros
genes estén al día de la actualidad política y conozcan qué partidos políticos
existen, lo que devendría una cuestión prácticamente metafísica: ¿cómo se
292 G
REELY
, Henry T., «Neuroscience, Mindreading, and the Courts: The Example of Pain»,
Journal of Health Care Law and Policy, vol. 18, núm. 2, 2015, p. 183.
293 F
ILEVA
, Iskra, y
TRESAN
, Jonathan, «Will Retributivism Die and Will Neuroscience Kill It?»,
Cognitive Systems Research, vols. 34-35, 2015, pp. 54-70.
294 H
ARARI
, Yuval N., Sàpiens: una breu història de la humanitat, Barcelona, 2014, p. 214.
295 M
CCLURE
, Samuel M.; L
I
, Jian; T
OMLIN
, Damon, et al., «Neural Correlates of Behavioural
Preference for Culturally Familiar Drinks», Neuron, vol. 44, núm. 2, 2004, pp. 379-387.
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