Libertad: carga o condición para la cohesión social? 7ª ponencia

Autor:Rosa Maria Rodríguez Magda
Páginas:123-140
 
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I. GLOBALIZACIÓN, LIBERTAD, DERECHOS
HUMANOS Y DIFERENCIA CULTURAL
La globalización se presenta como el Gran Hecho contemporáneo. En
otros lugares he afirmado que, en cuanto podemos percibirlo como Gran Re-
lato, implica un efectivo cambio de paradigma que he pretendido perfilar con
el concepto de Transmodernidad.
Una primera consecuencia sería evidenciar la falta de actualidad de lo
que constituyó una de las tesis de la corriente postmoderna: el fin de los Gran-
des Relatos. Un nuevo Gran Relato, con pretensiones ominiexplicativas «la
Globalización» emerge, certificando la muerte de la era post.
En un primer momento, la globalización, aún sin un discurso sistémico
coherente, ofrecía una envolvente realidad basada en la sobredimensión in-
terconectada de la economía, la cibertecnología y los mass media. Una visión
que se fue gestando en la década de los 80 y que se hizo contundente en los
90. Si hemos de dar una fecha clave, ésta sería la caída del muro de Berlín en
noviembre de 1989. Con este hecho comienza el fin de la división de Europa
en dos bloques, y, a un nivel internacional, el cese de la guerra fría, hecho
que lanzó las campanas al vuelo con el rimbombante anuncio del «fin de la
historia». Un solo sistema, el capitalista, parecía prevalecer, y con él la utopía
de la abundancia, el consumo, la era del postdeber, líquida, frívola, hedonista,
tecnológica, narcisista, virtual y postmoderna. El derrumbe del socialismo
real amenazaba con dejar sin discurso a la izquierda que sentó sus bases en el
marxismo. El proceso tecnológico y de mercado encontraba así en la reestru-
turación geopolítica el espaldarazo necesario para presentarse como discurso
único, envolvente, totalizante. (Tal es lo que pretendí mostrar en mi texto «La
globalización como totalidad transmoderna»). Pero cuando hoy intentamos
captar la impronta de nuestro presente, observamos relevantes diferencias.
Si aceptamos mantener el término transmodernidad para describir un
cambio de paradigma, deberemos constatar que la totalización tecnoeufórica
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únicamente es un primer momento frente al que intentan manifestarse los en
un principio incluidos invisibles, reduciendo el todo a parte, a tesis dialéctica-
mente combatible.
No quiere esto decir que los conceptos y los modelos que utilizamos en-
tonces ya no sean adecuados, pero sí que se requieren ajustes necesarios y en
algún caso un replanteamiento de mayor calado.
El paradigma transmoderno, en lo que he dado en llamar su fase de to-
talización, podía apoyarse en diversos modelos de complejidad, entre los que
podemos recurrir a los propuestos por la ciencia especulativa: teoría del caos,
lógica borrosa…, o la estructura reticular de la cibertecnología, que propicia-
ría lo que he definido como una nueva ciberontología.
El carácter totalizante puede entenderse en dos sentidos, uno por así de-
cir epistemológico y otro social. El epistemológico nos advertiría de que ese
complejo de estratos, planos, redes, fugas, pliegues, diseminaciones, hetero-
geneidad, que exige un modelo transversal telescópico , tiene una tendencia
implícita, ante la dificultad de asumir la tensión complejidad-dispersión, de
retornar a lo panescópico unitario, bien sea como vacuo cerramiento, bien por
totalización unilateral de lo microscópico local. En el primer caso la pulsión
de homogeneización anula las disonancias de los incluidos invisibles, en el se-
gundo caso estos incluidos invisibles, en un repliegue identitario, se postulan
como totalidad homogénea frente a la falsa homogenidad de la primera totali-
dad. Y aquí aparece el segundo sentido, el social. La afirmación política de los
incluidos invisibles para lograr su visibilidad deberá utilizar útiles epistémicos
sólidos, no borrosos, incluso premodernos, abandonando el modelo trans-
versal telescópico. En el enfrentamiento, el estrato hegemónico globalizado
será visto como facción imperialista, toda persistencia en la complejidad-dis-
persión será utilizada en su contra, como debilidad ontológica, por la facción
emergente identitaria, por lo cual deberá él también asumir por su parte un
refuerzo identitario.
Llegamos así a la situación actual en la que más que totalización la glo-
balización envuelve pares de contrarios enfrentados. El altermundismo busca
un espacio de contestación en la paradoja de denunciar la globalización aún
estando dentro de ella. Retoma el estatuto del excluido, cuando lo que en rea-
lidad denuncia es su situación de incluido invisible, situación de la que busca
obtener la legitimación moral para el rechazo del «Sistema». Desplazada la
globalización de característica englobadora a mecanismo de explotación de
los poderosos sobre los desposeídos, reaparece de forma estereotipada la vieja
retórica de la lucha de clases. El mundo queda dividido en dos bloques: Norte-

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