El Juez entre Justicia y Democracia en la sociedad compleja

Autor:Giovanni Fiandaca
Cargo del Autor:Profesor de Derecho Penal, Universidad de Palermo
Páginas:47-60
 
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I. Una premisa me parece en gran medida opuesta: el rol del juez en las modernas sociedades complejas tiende a desbordar los confines tradicionales correspondientes al modelo típico de Estado de Derecho de matriz europeo-continental.

Es decir, el juez de hoy es siempre menos -admito y no acepto que, de hecho, lo haya sido nunca- un intérprete pasivo o aplicador mecánico de la legislación escrita deliberada por el soberano político: más bien, éste asume cada vez más un rol activo de co-protagonista, en colaboración (o tal vez en conflicto) con el legislador, en el proceso de producción del derecho.

Al mismo tiempo, la magistratura tiende a comportarse como poder antagonista o contrapoder respecto a los órganos políticos.

Esta doble tendencia emerge, por otra parte, de manera transversal, en el sentido que es común ya sea a los ordenamientos del common law o aquéllos del civil law.

Adicionalmente, ésta se encuentra no solamente en el ámbito de la justicia constitucional y civil, sino incluso en el sector penal -y ello puede a primera vista sorprender e inquietar, tanto más si se mueve por una concepción ingenua o mítica del principio de estricta legalidad. Fuera de toda ingenuidad o mito, la verdad es que aquel conjunto de factores heterogéneos de naturaleza extratextual, que podemos reconducir al concepto de «precomprensión» hermenéutica, tienen un rol no obstante secundario incluso en el campo penal, y el verdadero problema consiste en coordinar la compatibilidad con el principio de estricta legalidad.

Naturalmente, los modos en los cuales la doble tendencia antes indicada se manifiesta pueden en parte divergir, según el sector del ordenamiento que está en consideración o la tradición cultural de pertenencia del ordenamiento mismo.

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Todo ello induce a reconsiderar, también desde un punto de vista teórico, el viejo pero cada vez más actual problema de las relaciones entre jurisdicción y política. Y no solamente desde el punto de vista de aquello que los jueces hoy efectivamente hacen en el ejercicio de sus funciones: cuenta también aquello que los jueces piensan o dicen hacer cuando -como a menudo ocurre- intervienen directamente en los debates públicos, e interesa del mismo modo el tipo de aproximación que el circuito mediático adopta al representar las cuestiones judiciales.

Presumo legítimamente poder sospechar que no sea necesaria la correspondencia entre cuanto los jueces hacen, cuanto dicen hacer y el modo con el cual prensa y televisión informan sobre el trabajo judicial.

El debate político-periodístico habitual, aún cuando no desciende a los niveles más decadentes de una muy conocida polémica local antijueces, tiende por su misma naturaleza a simplificar demasiado: el lenguaje de los medios de comunicación es necesariamente superficial, ignora las distinciones y la complejidad, impone frecuentemente una lógica partesana de formación preconstituida.

Los mismos magistrados, por su parte, en alguna medida secundan este camino, privilegiando el estilo mediático y descuidando aquella profundización técnica que, hasta un reciente pasado, se concentraban en sedes especializadas como las revistas jurídicas.

II. Para evitar equívocos, es quizás superfluo en este punto aclarar que, si hablo de valencia política de la actividad judicial, no intento hacerlo en el mismo sentido de una vulgar corriente política que desafortunadamente se difunde en nuestro país: es decir, no aludo a presuntos jueces comunistas responsables de hilvanar intencionalmente procesos contra imputados prestigiosos pertenecientes a facciones adversas.

El discurso es mucho más serio y bastante más complicado, como sabe bien quien conoce ya sea el debate cultural que ha ido desarrollándose en el interior de la misma magistratura italiana en el último treinteno, o los más recientes desarrollos de la reflexión filosófica-jurídica y politológica a nivel internacional.

No puedo, en esta sede, dar cuenta ni siquiera sintéticamente de los actuales términos del debate científico respecto a las relaciones

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entre jurisdicción y política - debate rico de posiciones innovativas y, además, de giros provocativos especialmente si consideramos algunas contribuciones de matriz anglo-americana.

Pienso, por ejemplo, en el «escepticismo normativo» de ciertos estudiosos estadounidenses posmodernistas, aunque de orientación progresista: los cuales rechazan como mistificación de la realidad, o pura ilusión, la tesis tradicional del vínculo del juez a las normas generales y abstractas, y considero por ello que las sentencias se apoyan en decisiones políticas mascaradas.

Como todas las posiciones extremistas, este tipo de escepticismo científico es demasiado unilateral en su radicalidad, y por esto va más allá del límite.

Distinto es el razonamiento si, fuera de todo extremismo, buscamos razonar de manera actual sobre los problemas de la dimensión política de la jurisdicción.

En el espacio de esta intervención, me es útil también, por razones de síntesis, retomar a propósito una modelización ideal típica propuesta por François OST, quien distingue el modelo Hércules, el modelo Júpiter y el modelo Mercurio1.

Comenzamos por el modelo para nosotros más tradicional, es decir el modelo Júpiter, que por tanto tiempo ha dominado en la experiencia europea-continental. Éste asigna un rol prevaleciente al poder legislativo, que surge (al menos en teoría) como motor central del sistema jurídico, y un rol subordinado y servil contrario al poder judicial, el cual operaría siempre a la sombra del poder político. Consecuentemente, al Juez se le quisiera reducir a un siervo pasivo, a un puro ejecutor de las disposiciones contenidas en los textos normativos producidos por el soberano político.

Prevaleciente tradicionalmente en países como Italia, Francia y Alemania, el modelo en discusión ha recibido fuertes críticas, entrando en profunda crisis, en el curso de los últimos años.

Un modelo teórico alternativo es el modelo Hércules, típico...

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