Leyes y conocimiento en la teoría jurídica hayekiana: la ley como resultado de la ignorancia y falibilidad humanas

Autor:Paloma de la Nuez
Cargo del Autor:Profesor Contratado-Doctor, URJC, Madrid
Páginas:133-148
RESUMEN

La mayoría de los intérpretes del pensamiento político y jurídico de F. A. Hayek considera que para comprender su obra es necesario analizar su teoría del conocimiento. No en vano, sus tesis epistemológicas explican muchas de sus ideas fundamentales sobre la sociedad, la economía, la política y el Derecho. Concretamente, su tesis sobre los límites constitutivos de la mente y la razón subyacen a... (ver resumen completo)

 
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I La teoría hayekiana del conocimiento y sus implicaciones

Hoy en día F. A. Hayek es considerado uno de los pensadores más infiuyentes del siglo XX. Su obra, profunda y multidisciplinar, constituye una aportación decisiva a la recuperación y adaptación a los nuevos tiempos de la filosofía política y jurídica liberal; no en vano Hayek pretende revitalizar unos ideales que él considera consustanciales a la civilización occidental pero que habían sido olvidados y abandonados durante muchos años.

Para llevar a cabo esta tarea, nuestro autor considera necesario no sólo investigar los fundamentos económicos, políticos y filosóficos de una sociedad liberal sino también descubrir y analizar qué teoría del conocimiento subyace a las premisas liberales que con tanto empeño trata de justificar. De hecho, la mayoría de los estudiosos de la obra hayekiana concede un papel fundamental a su teoría del conocimiento como punto de partida para entender el resto de su filosofía política1.

En realidad, a Hayek le interesaron los temas epistemológicos desde su juventud. No hay que olvidar que el ambiente intelectual de la Viena de fin de siglo se caracterizaba, en gran medida, por la enorme infiuencia de la obra filosófica de E. Mach y por el debate y la discusión en torno a problemas epistemológicos y linguísticos. Además, dentro de la Escuela Austriaca a la que Hayek pertenecía, existía desde sus orígenes un gran interés por los temas epistemológicos y metodológicos, como se pone de manifiesto en la obra de su fundador, Carl Menger2.

De ahí que en sus años de estudiante dudara entre dedicarse a la Psicología o al Derecho y la Economía, y de ahí también que comenzara a preparar lo que luego sería un libro sobre la psicología de la percepción: The Sensory Order: An Inquiry into the Foundations

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of Theoretical Psychology que, sin embargo, se publicó en 1952 sin que apenas tuviera repercusión. No obstante, este libro se considera actualmente una aportación fundamental a la explicación fisiológica del proceso de conocimiento y es muy valorado por algunos insignes neurólogos3. Lo cierto es que, como decíamos antes, para comprender con claridad la extensa obra hayekiana hay que hacer referencia a las ideas epistemológicas que constituyen el fundamento de toda su filosofía.

De acuerdo con las tesis de The Sensory Order y otros escritos sobre estas cuestiones (Hayek nunca dejó de escribir sobre estos asuntos), queda claro que el autor vienés tiene una visión naturalista de la mente, y por eso afirma tajantemente que la mente humana es producto de la evolución y que, por lo tanto, también ella está sometida a un proceso continuo de cambio.

Para nuestro pensador, la mente humana es básicamente un aparato de clasificación: clasifica los hechos y los hace inteligibles; encauza, canaliza y ordena. Dicha clasificación se lleva a cabo mediante unas categorías sin las cuales nada se puede percibir, aunque también ellas sean fruto de la evolución y, por lo tanto, no sean fijas (a diferencia de lo que ocurre con las categorías kantianas en las que -según algunos especialistas- parece inspirarse el propio Hayek). Está claro, pues, que existe una prioridad de las categorías de la percepción sobre la sensación.

Sin embargo, esas categorías del pensamiento no reproducen fielmente el mundo exterior: son ellas las que lo configuran. No conocemos los objetos mismos, sino sólo sus relaciones. No conocemos el mundo como es en realidad; el mundo externo es una función del pensamiento. Todo nuestro conocimiento, del mundo físico y de la mente, es en realidad un conocimiento de estructuras; un conocimiento abstracto. Pero esto no tiene demasiada importancia. Hayek huye de tentaciones metafísicas o esencialistas: asume que es imposible llegar a conocer la verdadera naturaleza de los objetos reales o la intrínseca naturaleza del mundo físico. La mente, pues, no puede abarcarlo ni conocerlo todo, pero puede ordenar: esa es su auténtica tarea porque, en realidad, ni siquiera podemos conocer el funcionamiento general de la mente, nunca podremos entenderla completamente, aunque sí sabemos que el conocimiento es un proceso

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gobernando por reglas; reglas meta-conscientes. Pero siempre habrá un nivel de la vida mental no explicito e inconsciente; nuestra mente es compleja, dinámica e impredecible.

Queda bien claro que la ignorancia y la falibilidad del ser humano es constitutiva y que de ello se derivan una serie de consecuencias e implicaciones fundamentales para comprender todo el pensamiento hayekiano, no sólo su filosofía política y jurídica. Por ejemplo, en relación a las cuestiones metodológicas tan relevantes en su pensamiento y el de su Escuela, nuestra ignorancia constitutiva impide que, a pesar de lo que defienden otras corrientes de pensamiento más atractivas para la mayoría de los intelectuales, no podemos predecir ni controlar el futuro. Por el contrario, nuestra ignorancia y falibilidad nos enseñan que debemos ser humildes porque, nos guste o no, nuestras ambiciones tienen un límite. No obstante, aunque no podemos abarcar toda la realidad ni conocer ni preverlo todo, sí podemos hacer mapas, modelos o explicaciones de principio que, aunque no contemplen todos los detalles, nos sirven para guiar nuestras acciones.

Para Hayek, la capacidad de abstracción es importante. Los procesos mentales proceden de lo abstracto a lo concreto. El entendimiento debe realizar operaciones abstractas si ha de ser capaz de percibir objetos particulares. Lo que percibimos, en realidad, son rasgos sumamente abstractos del entorno. Es más, percibimos modelos más que los elementos que los componen. Y ese modelo, cuadro o mapa del mundo que nos hacemos es siempre abstracto; selecciona sólo alguno de los aspectos infinitos que contiene la realidad. No conocemos hechos precisos, sino caracteres generales y abstractos. La abstracción simplifica el mundo, reduce los fenómenos complejos facilitando así la adaptación al medio. Se trata de un gran recurso para que los humanos puedan desenvolverse en un mundo que conocen muy imperfectamente. La razón consiste en esa capacidad para el pensamiento abstracto.

A la larga, sólo se pueden predecir modelos generales y abstractos de actividades o hechos sociales; es decir, sólo podemos llegar a afirmar que bajo determinadas condiciones aparecerá o no cierto tipo de modelo, pero el modelo, siempre abstracto, sólo representa alguno de los rasgos presentes realmente en el original. Se trata de una predicción de modelos o patrones (pattern prediction), y es de carácter más bien

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negativo o prohibitivo: puede limitarse a excluir la posibilidad de ciertas eventualidades.

Pues bien, el reconocimiento de la necesidad de la modestia y humildad intelectual explica por qué la metodología de las ciencias sociales que defienden "los austriacos" es completamente contraria al objetivismo, colectivismo, historicismo y cientificismo. Porque Hayek se muestra convencido de que el método para estudiar la sociedad no es de todo neutral; ciertas posturas metodológicas y epistemológicas propician la difusión y consolidación de regímenes contrarios a la libertad individual. Por eso, muchas de las afirmaciones más típicamente hayekianas, se encuentran en sus trabajos sobre filosofía de la ciencia, psicología, metodología de las ciencias sociales o epistemología.

Todo esto no significa, sin embargo, que Hayek sea un filósofo irracionalista, pues entender que la razón humana tiene unos límites no implica en absoluto que debamos descartarla por completo de los asuntos humanos. Lo que ocurre es que -como es sabido- el economista vienés distingue dos tipos de racionalismo, y él se adhiere al llamado "racionalismo crítico" o "evolutivo" de su amigo y compatriota, K. Popper. Es decir, frente a otras tradiciones políticas que consideran que la sociedad, la economía o las instituciones son el resultado de un diseño humano consciente y deliberado ("racionalismo constructivista"), los liberales en sentido hayekiano habrían comprendido que la realidad social constituye el fruto espontáneo de las acciones individuales libres, y muchas veces de consecuencias inintencionadas, de generaciones de seres humanos. Podemos conjeturar que más que el resultado previsto y planificado de una razón autónoma y consciente, las instituciones humanas han surgido espontáneamente me diante un proceso de prueba y error para dar respuesta a esa situación de radical incertidumbre en la que se desarrolla muchas veces la vida humana.

Lógicamente, estas ideas se oponen al contractualismo, al utilitarismo radical o al historicismo porque se apoyan en una visión particular del individuo y la sociedad: un individuo que actúa persiguiendo unas metas de acuerdo con una escala de valores totalmente subjetiva, dotado de un conocimiento limitado e inmerso en un mundo incierto, cambiante y dinámico que nunca...

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