El juicio de faltas

Autor:Fernando Martín Diz - Marta del Pozo Pérez
Cargo:Profesor Titular de Derecho Procesal, Universidad de Salamanca
Páginas:119-123
 
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Fernando Martín Diz Profesor Titular de Derecho Procesal

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Queridos e ilustres compañeros y amigos, muy querida Carmina.

Plantearse en la presentación de la mesa redonda que versa sobre el juicio de faltas realizar una serie de reflexiones sobre dicha institución procesal, con la presencia de la profesora Calvo Sánchez, y otros muy reputados profesores, prácticos y estudiosos del Derecho Procesal, sería una osadía en toda regla por mi parte.

La prudencia invita, en estos casos, y tal y como ha tratado de hacernos ver la profesora Calvo en muchas de sus orientaciones y sugerencias, a dejar tomar la palabra a quienes más saben, y de quienes se puede aprender, o bien, como será mi caso, a tratar de "desviar el punto de atención" hacia otro terre-no. Pues bien, ese terreno hacia el cual pretendo dirigirme es de carácter más personal, y además, para introducir un factor que considero debe ser reconocido en este momento, en este acto y que dice mucho, a mi modesto entender lo dice todo, de la vertiente más humana, familiar y personal de Carmina.

Quiero utilizar el término "faltas", para ser fiel al tema central que nos ocupa aunque desde otra perspectiva, en el sentido que el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia, le confiere en cuanto a "ausencia de una persona del sitio en que debería estar". Es indiscutible e innegable la absolu-

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ta vocación con la cual la profesora Calvo ha desarrollado el ejercicio de su profesión. Tal es así que en muchos momentos, y en virtud de esa ejemplar entrega y dedicación a la Universidad y al ámbito del Derecho Procesal, ha dispensado tiempo que dedicaba a su propia familia en beneficio de todos nosotros. Creo que es de justicia homenajear, y reconocer con ello, a quienes nos han "cedido" a Carmina más tiempo del estrictamente profesional. Siempre, en todo momento, Carmina nos ha atendido a todos nosotros. Desplazándose a formar parte de un tribunal, asistiendo a cualquier acto académico al cual se la convocara -ya fuese como parte activa (interviniente) o pasiva (asistente) del mismo-, hablando el tiempo que fuera necesario para darnos un consejo, para animar, resolver problemas. Por teléfono, en su propia casa, o acudiendo a donde fuese pertinente.

Por eso, y por muchas más cosas, es momento de rendir homenaje a Fausto, su marido; a Raquel, Ana y Coco, sus hijas. El y ellas han asumido en prime-ra persona las "faltas" de Carmina, sin ningún género de...

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