Referencias introductorias del fenómeno creciente de las urbanizaciones de baja densidad

Autor:Aina Salom Parets
Páginas:461-467
RESUMEN

1. Planteamiento - 2. Tipologías de la producción residencial de baja densidad - 3. Algunas consideraciones sobre los costes económicos, sociales, medioambientales de la ciudad de baja densidad

 
ÍNDICE
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1. Planteamiento

Las cada vez más emergentes áreas residenciales de baja densidad son discontinuas, en mayor o menor grado, respecto a los núcleos de población existentes912y se constituyen, en la mayoría de los casos, como un tipo de urbanizaciones claramente insostenibles913frente al modelo de ciudad compacta y densa. Resulta prioritario tomar como base el hecho de que no se puede hablar indistintamente de compacidad y densidad. A priori, parece obvio pero puede inducir a errores. Al margen de la expansión urbana, en los municipios rurales y pequeñas áreas urbanas, por lo general, se responde a un modelo compacto con bajas y medias densidades respectivamente. Por tanto, en estos supuestos, la compacidad va unida a poca densidad.

Los geógrafos, arquitectos y técnicos especialistas en planificación urbanística vienen denunciando la confusión que existe a la hora de aplicar los conceptos de urbanización difusa y de baja densidad pues se alude a ambos para referirse a todo tipo de urbanizaciones con independencia de su envergadura914.

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Frente a esto se refleja la necesidad de diferenciar entre «baja densidad», «dispersión» y «difusión». Para comprender esta premisa, reproduciré en un esquema la distinción operada por la mejor doctrina en la materia:

– La «baja densidad» se concibe respecto aquellos asentamientos cuyo peso poblacional, de viviendas o de techo destinado a una u otra actividad, en relación con su superficie, está por debajo de la media de situaciones análogas.

– Por «dispersión», en cambio, se entiende la valoración de la posición relativa en el espacio de los asentamientos, fragmentos o elementos individuales entre sí, que generan una estructura espacial discontinua. Se trata de una condición topológica que no tiene porque estar asociada necesariamente a la baja densidad. Los edificios en altura de algunas ciudades americanas pueden tener la condición de dispersos y ser de alta densidad.

– Finalmente, la «difusión» se considera como una condición de transmisión o distribución, en este caso, por el espacio –de manera similar a los procesos físicos o químicos en los cuerpos sólidos, en los líquidos o en el aire–, de unas características o valores urbanos o de ciudad, que no tienen porque producirse en condiciones de dispersión o de baja densidad.

Sin perjuicio de lo anterior, para los casos en que el escaso peso poblacional (baja densidad) va unido al fenómeno de la urbanización dispersa, debo apuntar los tres posicionamientos doctrinales que se defienden. Así, se puede distinguir:

– Un primer grupo de profesionales cuya idea base es la de eliminar los supuestos de urbanización difusa. Parten de la consideración de la ilegalidad de los asentamientos difusos que no están ligados al uso estrictamente agrícola. Se trata de potenciar la creación de nuevas ciudades y de mejorar la calidad urbana en las ya existentes.

– En segundo lugar, se ubican los que comparten la opinión de favorecer este tipo de urbanizaciones. Lo justifican sobre la responsabilidad y daños que se derivarían si se limitasen estas situaciones. Consideran que es imposible poner freno a esta dinámica. «Son imputables a este planteamiento la falta de una interpretación original del fenómeno y la no diferenciación incluso terminológica entre situaciones diferentes en la sustancia, en las causas, como ocurre cuando se asimila la “difusión” europea al “sprawl” norteamericano915».

– En último lugar, encontramos el posicionamiento –en el que me incluyo, tal y como quedará reflejado a lo largo de este estudio– defensor de la

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necesidad de corregir o modular estos procesos. Una vez aceptada la relevancia de los mismos y las circunstancias económicas y medioambientales que de ellos se derivan, se trata de mejorar las condiciones urbanas. Lo anterior, en el marco del acceso a los servicios públicos, se recoge en la Directiva Bolkestein916(D 2006/123/CE, de 12 de diciembre, sobre libre petición de servicios). En efecto, el artículo 15 de dicha norma determina que los Estados miembros deberán examinar si sus respectivos ordenamientos jurídicos supeditan el acceso a una actividad de servicios o su ejercicio al cumplimiento, entre otros, «de límites cuantitativos o territoriales y, concretamente, límites fijados en función de la población o de una distancia geográfica mínima entre prestadores (apartado a)».

Es decir, al ya haberse implantado ese conjunto de residencias de baja densidad con mínimos equipamientos y servicios, se debería fomentar e impulsar su densificación y, si procede, la creación de nuevas ciudades medias917. Obviamente, a posteriori, corresponderá a la normativa de ordenación del territorio ejercer su primordial papel, en cuanto prever la interrelación entre todas las ciudades, urbes, en fomento de los sistemas policéntricos (aspecto, al que más adelante me referiré al estudiar el Plan Territorial Parcial del Bilbao Metropolitano). A mi entender, los poderes públicos deben aceptar el hecho de que la proliferación de estos asentamientos de baja densidad implicará unos costes ambientales y económicos para el conjunto de la ciudadanía.

Resulta muy oportuno, llegados a este punto, traer a colación un estudio que en el año 2003 se realizó, respecto a los crecimientos de baja densidad, en las urbanizaciones de las provincias de Barcelona918. En este trabajo se plasma una actitud positiva para proceder a transformar la situación claramente negativa en la que se encuentran estos territorios. Se parte de la irrefutable aceptación de que este tipo de asentamientos constituyen una realidad que no va a desaparecer. Consecuentemente, se considera que mantener una posición de indiferencia únicamente conduce a profundizar, más aún, en la fractura urbana y el desorden en el territorio. En este sentido, se afirma que:

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Puesto que existe, crece y es un fenómeno irreversible, porque se ha de gestionar de algún modo, hay que tratar de que esto sea positivo; y ello solo es posible si se entiende el crecimiento urbano de baja densidad como un ámbito de oportunidad, adoptando otra escala territorial que permita introducir la complejidad919

.

Igualmente, al enunciar propuestas y posibles líneas de actuación, se dispone que «las urbanizaciones920son una herencia ya consolidada e irreversible (…). Presentan graves déficits de infraestructuras de servicios y de articulación con su entorno natural, social, económico, etc. Consecuentemente, en materia de medidas de mejor articulación del territorio, se contempla la creación de nuevas centralidades/polaridades de actividades y servicios cohesionados del territorio sobre la red vial que organiza el sistema territorial».

En esta línea, considero muy importante la plasmación de las finalidades, defendidas en estos estudios, en el marco de la Generalitat de Cataluña, mediante la...

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