Introducción

Autor:Lorena Varela
Páginas:19-22
 
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Introducción
La cuestión sobre la denición del dolo, su posible clasicación, su va-
loración e imputación forma parte de uno de los temas, que desde las prime-
ras épocas ha suscitado entre lósofos y juristas un innegable interés y apa-
sionado debate. A decir verdad, ya la sola discusión sobre la denición podría
llenar una modesta biblioteca, de modo que plantear un trabajo en donde,
además, se analice dicha discusión desde la teoría de las normas y de las reglas
de imputación hace todavía más interesante y compleja la labor. Como en
todos los planos de la vida, también en la discusión cientíca, existen temas
sobre los cuales siempre se habla, opina y teoriza, quizá no porque se tenga
nada nuevo por aportar o algo por resolver inmediatamente, sino, simple-
mente, porque hablar de esos temas causa una curiosa fascinación. Y esto es
lo que caracteriza al dolo, una especie de atracción irresistible sobre su teoría
y no sólo por su innegable trascendencia práctica, sino también porque, en sí,
el debate teórico va abriendo nuevos frentes de argumentación de una serie
de cuestiones bien distintas, que en ocasiones se resuelven del mismo modo
sin mayores razones1.
Lo cierto es que la teoría y práctica del dolo son dos mundos diferentes,
que han de complementarse en la medida de lo posible, porque el primero no
ha de reducirse al segundo, ni éste a aquél. Soy de la idea de que la teorización
del dolo no ha de ser vista como la apología de una dogmática sin consecuen-
1 Hace pocos años atrás P B, El dolo eventual, 2011, pp. 52, 55 defendió
la relevancia práctica de una investigación sobre el dolo basada en un «imperativo de
corrección teórica», pero al servicio de la práctica, en donde además se destacó que es
a través de las precisiones conceptuales desde las cuales se logra mayor plausibilidad
en el encuadramiento de casos.

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