Introducción

Autor:Blanca Ballester Casanella
Páginas:9-14
 
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Aunque las hipotecas multidivisa comenzaron a comercializarse en España en 2000, fue durante los años 2007 y 2008 coincidiendo con el momento de mayor fortaleza del euro frente a otras divisas1, y coincidiendo con la denominada “burbuja inmobiliaria”, cuando las entidades empezaron a ofrecer a sus clientes hipotecas en divisas con la promesa de un interés mucho más bajo; de hecho, entre estos años se comercializaron el ochenta por ciento de estos préstamos.

Durante este periodo, existía un contexto económico que hacía a este tipo de hipotecas, especialmente atractivas por dos factores: el primero, los elevadísimos niveles del Euribor, la hipoteca contratada en di-visas ofrecía una alternativa muy atractiva, pues la misma se referenciaba al LIBOR (London InterBank Offered Rate)2, tasa de referencia cuyos niveles históricos son sensiblemente inferiores al Euribor, y ello se traducía en cuotas hipotecarias inferiores a las de una hipoteca tradicional referenciada al mencionado Euribor.

El segundo factor, fue la fuerte apreciación del euro respecto a otras divisas como el yen japonés o el franco suizo, siendo tal situación especialmente beneficiosa para aquellos ciudadanos de la zona euro que percibían sus rentas en dicha moneda, y que contrataban hipotecas en divisas débiles respecto a la local.

Esta operativa nació con vocación de ser utilizada fundamental-mente, por empresas que comerciaban en el ámbito internacional y, no

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tanto para ser un instrumento de financiación para el consumidor. Sin embargo, fueron muchos los particulares que la contrataron convencidos de las bonanzas de este producto, y del ahorro mensual que podía suponerles.

Lo que caracteriza a la hipoteca mutldivisa, es que se vende en otra divisa distinta al euro con el objetivo de pagar tipos de interés más bajos, el cliente las contrata en euros, pero las cuotas y la cantidad a amortizar se recalculan periódicamente en la divisa elegida, ya sea en yenes, francos suizos o en otra divisa, como el dólar americano y la libra esterlina, (aunque cabe afirmar que la mayoría de estos préstamos se comercializaron en yenes o en francos suizos)3 .

Este tipo de cláusula que permite el cambio de la divisa en la que originariamente se ha concedido el préstamo, incluida el euro, se concibe como un instrumento de garantía y tutela del cliente bancario con el propósito de mitigar el riesgo específico del tipo de cambio de divisa, más intenso en el caso de un préstamo en divisa sin dicha cláusula4.

Si el euro se devalúa frente a esa divisa, sube la cuota para el cliente, un riesgo que, en plena crisis, los bancos no advirtieron claramente a sus usuarios y que tuvo consecuencias catastróficas para muchos de ellos. Miles de afectados se encontraron con que, después de haber pagado las cuotas durante varios años, debían en euros mucho más dinero del que pidieron al comprar el inmueble.

La hipoteca multidivisa admite por tanto, cambiar de una divisa a otra periódicamente (normalmente cada mes, coincidiendo con la periodicidad del pago de las cuotas del préstamo)5, con el correspondiente coste para el prestatario, consistente en la comisión de cambio fijada en la escritura.

No obstante, este tipo de hipotecas conllevan un riesgo intrínseco añadido frente a las hipotecas tradicionales, y es que, además de las posibles subidas del índice de referencia, también están expuestas a los

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cambios de cotización de las divisas. Por ese motivo, las entidades financieras estaban, y siguen naturalmente estando obligadas, a facilitar una información adecuada y suficiente para que el cliente bancario sea capaz de entender el funcionamiento de este tipo de producto y decidir en consecuencia, la conveniencia de su contratación en base a los riesgos que conllevan.

Por otra...

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