Introducción

Autor:Íñigo Sanz Rubiales
Páginas:15-22
 
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1. Una aproximación a la lucha contra el cambio climático

El título de la obra que aquí se presenta hace honor al contenido: se trata de una aproximación, teórica y práctica a la vez, a algunas políticas (especialmente, energéticas y locales) de lucha contra el cambio climático desde una perspectiva jurídico-pública.

No es completa, omnicomprensiva: no podría serlo. El fenómeno del cambio climático tiene tal alcance que no hay aspecto de la vida familiar y social que no se vea afectado, de forma mas o menos próxima, por el. No es completa, pero es práctica: se centra, aunque no de forma exclusiva, en la transformación energética y en las políticas locales (que son las que afectan al día a día de los millones de ciudadanos afectados a su vez por el cambio climático) y, sobre todo, aporta soluciones: baja a la arena de los problemas reales y propone respuestas jurídicas y técnicas, mas allá de la discusión académica.

Es sabido que acumular gases de efecto invernadero -los causantes del cambio climático-, es tan fácil como el respirar. Respiramos los seres vivos… y “respiran” también, a su manera, las fábricas, las centrales térmicas, y los edificios, los coches, aviones y barcos…

El fenómeno del cambio climático es fruto directo, no tanto de la respiración física de los seres vivos (aunque, lógicamente, contribuyen a él) cuanto, funda-

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mentalmente, de la actividad humana técnica, que viene desde hace pocos siglos y, especialmente, desde hace cincuenta años, enviando dióxido de carbono a la atmósfera, fruto de la combustión de carbono subterráneo (carbón e hidrocarburos): el carbón cambia de estado (de sólido o líquido a gaseoso) y de ubicación (del subsuelo a la atmósfera)1; pero es también consecuencia de la deforestación, que reduce la capacidad de los bosques de capturar dióxido de carbono atmosférico a través de la fotosíntesis. De esta forma, con mas emisiones y menos secuestro se van acumulando de forma progresiva gases de efecto invernadero en la atmósfera sin que la propia naturaleza tenga capacidad suficiente para eliminarlos.

Podemos decir, por tanto, que la actividad humana ha roto el delicado equilibrio entre emisión y captura de dióxido de carbono y está provocando, así, el efecto invernadero que calienta la tierra y que altera el normal funcionamiento del clima.

Si la actividad humana ha sido la causante del cambio climático, no podemos sacudirnos la obligación de resolver el problema, antes de que sea tarde. Tenemos que convivir con el cambio climático existente (tenemos que adaptarnos a él porque es inevitable, a corto y medio plazo) pero a la vez debemos también evitar el progreso e incremento de dicho cambio (mitigarlo). Las políticas públicas no pueden, por tanto, marginar los objetivos de mitigación y adaptación al cambio climático que afecta a la mayor parte de la población española2.

Pero el esfuerzo en la lucha contra el cambio climático exige el acuerdo internacional porque los gases implicados desconocen las fronteras estatales. No hay que olvidar que “el cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo”3. Este carácter transnacional se percibió tempranamente y se plasmó en el Convenio Marco sobre el Cambio Climático, aprobado en 1992, entre cuyos frutos mas señalados destacan el Protocolo de Kioto, de 1997 (hoy moribundo) y el Acuerdo de Paris de 2015, armado sobre bases parcialmente distintas y que sustituirá al anterior a partir de 2020. Las soluciones acordadas por estos instrumentos internacionales pivotan necesariamente sobre dos vectores

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de esfuerzo: la reducción de emisiones a la atmósfera y el incremento de secuestro de gases atmosféricos: menos entradas y mas salidas de gases de efecto invernadero en la atmósfera. A la luz de esta realidad, se entiende perfectamente la estructura del libro que aquí se presenta.

La estructura del libro intenta acoger, con una lógica propia, un gran número de aportaciones de especialistas en diversos sectores implicados en el cambio climático que aportan análisis de instrumentos jurídicos, políticos y técnicos bien diversos, desde una pluralidad de perspectivas. Su sistematización, nada fácil, responde, sin embargo, a pautas recognoscibles, que se apuntan a continuación, y que permiten dar unidad a este estudio y mostrar la utilidad que puede tener para los responsables de políticas climáticas.

2. Energía y cambio climático: hacia un nuevo modelo energético

En primer lugar, la lucha contra el cambio climático se concreta en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Pues bien, la parte del león de las emisiones cuantificadas (sometidas al mercado de emisiones) en España está constituida por las producidas por las instalaciones térmicas de generación eléctrica. No en vano, en el ámbito español, el 30 % de las emisiones netas derivan de la industria energética, y en tér-minos del mercado europeo de derechos de emisión, las emisiones vinculadas a la producción energética superan el 60% del total4. De ahí la importancia de dedicar un bloque a la energía, y mas en concreto, a la transformación del modelo energético, porque el modelo energético sobre el que se ha fraguado el crecimiento económico en Europa y en España está periclitado: la energía nuclear y la quema masiva de combustibles fósiles tradicionales tienen sus días contados. Y estamos ahora en un proceso de transformación, iniciado gracias al impulso de Kioto y de los compromisos de reducción de emisiones asumidos...

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