Interpretación constructiva

Autor:Pablo Raúl Bonorino
 
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A grandes rasgos, la interpretación constructiva es una cuestión de imponer un sentido a un objeto o práctica para hacer de él el mejor ejemplo posible de la forma o género al que se considera que pertenece... La interpretación creativa, en la perspectiva constructiva, es una cuestión de interacción entre sentido y objeto.” (LE: 52)5.

En este capítulo presentaré con cierto detalle la concepción de la “interpretación constructiva” que defiende Dworkin, tratando de integrar sus reflexiones referidas a prácticas sociales y a la interpretación en el arte. En esta tarea me apartaré de la secuencia histórica que siguió Dworkin para desarrollar su forma de entender la interpretación. Tomaré como punto de partida la presentación que hizo en LE (1986), y la complementaré con lo que dijo previamente en LAI (1982). Comenzaré con la interpretación de prácticas sociales, e incorporaré luego la analogía con la interpretación artística para ampliar la caracterización de lo que Dworkin denomina “la actitud interpretativa” que pueden asumir los participantes de una práctica social. Esta visión de conjunto de su posición hermenéutica permitirá apreciar el importante papel que representa en su crítica al positivismo la peculiar caracterización que brinda de las “proposiciones jurídicas”.

1.1. LA INTERPRETACIÓN DE PRÁCTICAS SOCIALES

La interpretación de prácticas sociales constituye, según Dworkin, un claro ejemplo de contexto en el que la “interpretación constructiva” se presenta como una forma particular de conocimiento. Específicamente se refiere a la circunstancia en la que los miembros de una comunidad, que comparten ciertas prácticas y tradiciones, formulan y discuten afirmaciones sobre cuál es la conducta que cierta tradición o práctica les exige en una circunstancia particular. Dworkin afirma que en esos casos, lo que esta en juego, es la determinación de cuál es la mejor forma de interpretar esas prácticas y tradiciones (LE: 46).

Dworkin nos propone, como punto de partida, que nos imaginemos una comunidad cuyos miembros siguen, en cierto tipo de ocasiones sociales, un conjunto de reglas denominado “reglas de cortesía” o simplemente “la cortesía”. En dicha comunidad sus miembros suelen formular, aceptar e instar a actuar [urge] conforme a ciertas proposiciones. Estas proposiciones son del tipo “La cortesía exige a y realizar x en circunstancias z”, en dónde y, x y z están en lugar de ciertas descripciones generales de sujetos, conductas y circunstancias. Un ejemplo de esta clase de proposiciones podría ser “La cortesía exige a los caballeros (y) ceder el asiento a las damas (x) en los transportes públicos (z)”, o bien “La cortesía exige a los campesinos (y) sacarse el sombrero (x) ante los nobles (z)” (LE: 47).

Dworkin considera que lo fundamental para explicar el funcionamiento y cambio de este tipo de prácticas sociales, consiste en prestar atención a la forma en que la actitud interpretativa opera desde el punto de vista de los participantes-intérpretes individuales de la práctica (LE: 49). Cuando los participantes de una práctica social interpretan sus instituciones, esto es cuando le asignan un significado o sentido, están realizando un ejercicio de “interpretación constructiva”. Pretenden mostrarla en su mejor perspectiva, para lo que resultan esenciales sus creencias respecto de la identidad, función y valor de sus instituciones. La peculiaridad de su tarea reside en el tipo de creencias necesarias para llevarla a cabo. Postema sostiene que esta “actitud protestante” que Dworkin atribuye a los intérpretes en una práctica social (LE: 413) constituye un problema para su teoría de la interpretación, pues lo lleva a brindar una comprensión distorsionada de las disputas que se producen en el seno de dichas prácticas sociales (Postema 1987b)6.

La piedra angular de su teoría del funcionamiento y del cambio de las prácticas sociales es la “actitud interpretativa” que los participantes desarrollan sólo en ciertas circunstancias de su evolución. Sería muy interesante saber cómo Dworkin entiende los estadios previos de dicha evolución, cuáles son a su entender los factores que determinan la adopción de la mencionada actitud, así como el papel que representan las reglas en el interior de la práctica. Sin embargo, debemos contentarnos con la explicación que Dworkin ofrece sobre el carácter y contenido de la “actitud interpretativa”, sobre lo que su adopción implica para la conducta de los participantes de la práctica, y sobre las diferentes etapas que en ella pueden diferenciarse. Es todo lo que podemos hallar sobre esta cuestión en LE.

La actitud interpretativa requiere la concurrencia de dos presupuestos básicos. El primero es la creencia de los participantes de que la práctica no sólo existe, sino que tiene un sentido o valor. El segundo, es la convicción de que las exigencias que se pueden derivar de la práctica dependen del sentido que se le asigne a la misma. Dworkin sostiene que estos componentes son independientes entre sí, pues ante ciertas instituciones sociales se puede asumir uno de ellos sin necesidad de hacer lo propio con el restante. El ejemplo al que apela es el de los juegos y competencias. Frente a un juego, como el ajedrez, se apela al sentido de la práctica de jugarlo sólo para argumentar como deberían ser cambiadas sus reglas, pero no para determinar cuales son de hecho sus reglas actuales (una excepción a esta afirmación puede verse en Dworkin 1975). Las reglas de un juego son establecidas por la historia y por las convenciones, no por la interpretación de quienes lo practican (Cf. Marmor 1996). En esos casos la interpretación sólo puede representar un papel externo (LE: 48)7.

En el ejemplo imaginario de la práctica de cortesía, es crucial que los participantes adopten los dos componentes de la actitud interpretativa. Esto es lo que permite enlazar el contenido y el valor de la práctica, ya que la interpretación de los participantes no sólo resulta decisiva para determinar cuándo la práctica de la cortesía existe, sino también para establecer la conducta que ella exige. Pero al mismo tiempo, constituye un requisito indispensable para poder explicar el cambio en el seno de la práctica. Antes de que los participantes desenvuelvan una actitud interpretativa completa, los mismos asumen que la práctica tiene un sentido pero no cuestionan a partir del mismo las formas tradicionales en que dicha práctica se ha desarrollado. Consideran que ante sus requerimientos sólo cabe conformarse o rebelarse. Esto cambia cuando surgen los dos componentes de la actitud interpretativa, pues...

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