Influencia del mercado en el orden jurídico: vigencia actual del liberalismo

Autor:José Antonio Pinto Fontanillo
Cargo del Autor:Académico Correspondiente R.A.J y L
Páginas:289-313
RESUMEN

El concepto de orden que subyace en la "sociedad abierta" es recogido por el liberalismo para proponer su patrón de justicia, dentro de su modelo jurídico propio. Se trata del llamado "orden espontáneo" aquel en el que sus directrices son reconocidas por la abstracción y no por la razón, según el pensamiento de F. A. Hayek que nos sirve de guía en este análisis. Un orden que tiene su fundamento úl... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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Introducción

Si hay un movimiento político y social en el que las reglas del mercado dejen su impronta con mayor evidencia ese es el liberalismo. Es por ello que las estructuras de producción y las inercias del comercio, junto a la competitividad como motor y aglutinadas bajo el interés particular que acaba siendo solidario con el interés común, son las señas características de los defensores de este movimiento.

A mediados del pasado siglo se asistía a una especie de renacimiento de la filosofía liberal que no estaba precisamente en sus mejores momentos, un fenómeno que habría que situar como una reacción a las ideas keynesianas entonces de moda. Ideas que estaban teniendo gran predicamento en esos años y que propugnaban un estado interventor como garantía a la inestabilidad histórica del sector privado y sus repercusiones en el desempleo. Es precisamente en estos momentos cuando aparece Camino de servidumbre de Friedrich August von Hayek, texto fundamental del pensamiento liberal, que trataba de rebatir las pujantes propuestas del economista que en aquel entonces estaban calando en la sociedad. La apuesta fundamental de este libro iba a consistir en la pretensión de situar el eje del control social entre los operadores públicos y privados, lo que en sus planteamientos generales se puede concretar en la propuesta de un repliegue del estado a favor de la iniciativa privada, todo ello sujeto al juego de la libre competencia.

Lo que había comenzado como una diferencia de ideas sobre la importancia de la economía en las decisiones políticas, acabaría convirtiéndose en uno de los más importantes debates del siglo XX con respecto a la arquitectura financiera mundial, en respuesta a los graves confiictos sociales suscitados por los vaivenes del mercado. El pulso intelectual entre Hayek y Keynes constituyó uno de los eventos más relevantes que sobre economía monetaria global se hayan conocido y que al día de hoy sigue sin cerrase con la victoria definitiva de ninguno de los dos contendientes, quienes a su vez arrastraron consigo a toda una corriente de adeptos para cada una de sus causas. En su ensayo The End of Laissez-Faire de 19261, John Maynard Keynes había justificado la

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necesidad del nuevo modelo de medidas intervencionistas del gobierno aparentemente desde propuestas cuasi liberales, al menos en sus postulados formales. En principio estas medidas parecían provenir de alguien que estaba del lado de los valores del capitalismo como salvaguarda del sistema, aunque bien pronto se pudo comprobar que se sustentaban en tesis esencialmente intervencionistas, tanto en el manejo de la infiación como medio de regulación financiera, como de la acción directa de los gobiernos para infiuir en los mercados.

Inmediatamente surgirá la reacción en sentido contrario de los economistas que defienden la competencia abierta, corriente reactivada a partir de la aparición del texto La libertad de elegir. En él Milton y Rose Friedman formulan el ideario en que se basaba esa libre competencia, así como las características propias de la sociedad liberal: "Nuestra sociedad no es otra que la que hacemos" constituirá su síntesis más ilustrativa. Cuando América está inmersa en plena lucha por la recuperación de lo que fue la Gran Depresión Friedman publica A Monetary History of the United States, 1867-19602 en el que denunciaba que la causa de la quiebra del hasta entonces sólido sistema capitalista había partido de una equivocada política de la Reserva Federal de los EEUU que habría advertido un exceso del fiujo del dinero en vez de hacer el diagnóstico adecuado, que no era sino la contracción de la demanda3. Estaríamos en condiciones de construir nuestras instituciones, entendiendo que las cuestiones físicas y humanas limitan las alternativas de que disponemos. "Sin embargo, nada nos impide, si es así como lo queremos, construir una sociedad que se base fundamentalmente en la cooperación voluntaria para diseñar tanto la actividad económica como el resto de actividades, una

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sociedad que proteja y estimule la libertad humana, que retenga al Estado en su verdadero lugar que es el de ser nuestro servidor y no permitiendo que se convierta en nuestro amo"4.

En la defensa de estos presupuestos quien más se iba a significar sería la llamada "Escuela Austriaca" de la que Hayek sería su más notable integrante y quien a lo largo de los cincuenta últimos años del pasado siglo mantuvo viva la supuesta solución liberal a los nuevos problemas de la sociedad. Conceptos firmes basados en fuentes tradicionales del pensamiento liberal, algunos de los cuales aquí precisamente revisamos, vuelven a llamar a la puerta del siglo XXI en forma de viejas recetas no olvidadas; más aun, invocadas por algunos como drástico remedio a la crisis económica actual.

I El orden

Es el concepto nuclear del pensamiento liberal, por cuanto el modelo de sociedad que propone no sólo gira en torno al mismo, sino que es el que garantiza tanto su fin último como su propia supervivencia.

El orden es el que da la identidad a la sociedad que sugiere el liberalismo. En Derecho, legislación y libertad se recoge con detenimiento este concepto ya anticipado en obras anteriores. Hayek considera éste un trabajo de madurez y en cierto modo afianzador de buena parte de sus tesis previas sobre la esencia última que explica las motivaciones de las comunidades tanto en desarrollo libre, como en desarrollo que bien pudiéramos llamar vigilado. En concreto, justifica la conveniencia de escribir esta obra por tres motivos que considera fundamentales. El primero por la necesidad de distinguir entre el "orden espontáneo" o autogenerante como también lo llama, y el orden de la organización. El segundo por la necesidad de redefinir lo que supone un término sumamente equívoco como es el de qué se entiende por justicia social o distributiva, concepto que el autor considera que es no sólo ajeno al orden espontáneo, sino absolutamente incompatible con él. El tercero es el de la necesidad de poner de relieve la denuncia de lo que supone la integración del orden normativo y las propias funciones del gobierno y sus efectos, y que tiene

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como resultante principal y uno de los efectos más indeseables el de la apropiación por el segundo para sus fines de la estructura del primero. En suma, el de poner en evidencia que por ese camino el orden espontáneo se convierte de hecho en un orden de intereses. A este fenómeno habría contribuido el desmedido afán de la sociedad moderna por justificarlo todo en un racionalismo supuesto director de un comportamiento deseable.

El Racionalismo, en efecto otro concepto objeto de análisis y crítica principal del liberalismo, será el culpable en buena parte de estas desviaciones. El error del "racionalismo constructivista" está en considerar que la razón nos lleva a una especie de objetividad neutra que, trascendiendo los límites de lo abstracto, nos sirve de la mejor guía para decidir de forma imparcial sobre la idoneidad de nuestro comportamiento5. Esto podría tener una explicación convincente en el caso de que la razón fuera una especie de guía del pensamiento que se eleva sobre lo cotidiano y que por tanto está por encima de los fenómenos que pretende analizar. Pero lo que ocurre es bien distinto, la razón humana no puede entenderse de ningún modo en estado puro, sino mediatizada y contaminada por una serie de impulsos de naturaleza no racional, por lo tanto pretender que la razón sea la depositaria de lo que en cada momento se debe hacer "es una pura falacia".

Para desmontar lo que indudablemente constituye una arraigada idea en la opinión pública, Hayek iba a dedicar una buena parte de sus investigaciones y trabajos de la década de los 40, los cuales irían apareciendo publicados paso a paso en las revistas especializadas de la época. Revisando las corrientes filosóficas más o menos consolidadas entre la clase intelectual y que daban asiento a las consiguientes formulaciones de carácter macroeconómico y aún político, pudo concluir de forma provisional que se trataban globalmente de un conjunto de aserciones basadas en prejuicios científicos de imposible traslado al campo de la vida práctica, pero que no obstante tenían gran predicamento para los planificadores de las políticas sociales. Hoy se identifican esas publicaciones como La Contrarrevolución de la Ciencia: Estudios sobre el abuso de la razón que una vez recopiladas en su totalidad salen a la luz en el año 1952. Lo que denuncia el autor en este libro que es quizá el de

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mayor consistencia intelectual de entre todos los suyos es el desgobierno que produce el uso de la razón de forma sistemática, máxime cuando es impuesta desde grupos que en modo alguno pueden arrogarse representar a la sociedad en su conjunto. La Contrarrevolución viene a recoger la crítica a la pormenorizada epopeya intelectual del "racionalismo constructivista" y en general al más que cuestionable asunto de la aplicación del "cientificismo" en las ciencias sociales. Lo que quiere denunciar es que nuestra civilización no tiene como enemigos la supuesta ignorancia, ni las tradiciones ancestrales más o menos recurrentes que presuntamente impiden la colonización de las ideas de la ilustración; por el contrario, es la razón, en su forma invasiva o abusiva que esgrime el racionalismo constructivista en su intento de concebir y dibujar los perfiles de la sociedad actual y del futuro, la que debe ser puesta en tela de juicio.

Para fundamentar su trabajo Hayek recurre de forma singular a ofrecer su visión de lo que fue el gran proyecto de la Ilustración Escocesa, desde David Hume a Adam Smith y especialmente en lo relativo a este proyecto que enfatizaba en la necesidad de utilizar la razón...

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