Una importante biblioteca jurídica madrileña del siglo XVII: la del oidor don Luis Barahona Saravia (1689)

Autor:José Luis Barrio Moya
Páginas:481-506
 
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La época bajomedieval va a marcar un punto de inflexión en el mundo jurídico de la corona de Castilla. Hasta ese momento la administración de justicia se encontraba en manos del monarca, quien ocasionalmente delegaba aquella destacada misión en toda una serie de funcionarios que la ejercían en su nombre. Esta situación de provisionalidad cambió cuando la administración de justicia se institucionalizó y ello tuvo por consecuencia el que los jueces, que hasta entonces actuaban de manera provisional. se convirtiesen en personas dedicadas de manera estable y profesional a tal función. Por otra parte, junto a los jueces populares surgieron los jueces técnicos, conocedores del derecho de los fueros y del más complejo mundo jurídico1.

Según parece ya desde el reinado de Fernando III existía en Castilla un grupo de letrados cuya función era informar al monarca de la marcha de los asuntos jurídicos. Estos oidores formaban parte del llamado Tribunal de la Corte. En 1274 las Cortes de Zamora dieron un primer reglamento al mencionado tribunal, estableciéndo que aquella institución estuviese formada por veintitrés jueces. En 1374 Enrique II reorganizó de nuevo el Tribunal de Corte, disponiendo que los asuntos civiles estuviesen a cargo de siete oidores -tres obispos y cuatro letrados-, mientras que las causas criminales fueran competencia de ocho alcaldes ordinarios de corte. Por otra parte hay que destacar la existencia, ya desde el reinado de Alfonso XI, de un tribunal real conocido conPage 482 el nombre de Chancillería, que a partir del siglo XIV se va a vincular estrechamente con el Tribunal de Corte. El nombre de Chancillería viene determinado por el hecho de que sus acuerdos y sentencias debían estar validadas con el sello real que estaba en poder del chanciller palatino. Los jueces de la Chancillería era conocidos como oidores, puesto que como letrados tenían que oir a las partes en litigio, lo que derivó que la Chancillería fuese también conocida como Audiencia, aunque en realidad aquel nombre no fue dado porque su función fuera escuchar las partes, sino tal vez por imitación del modelo romano-canónico de la Audiencia episcopal2.

Juan I en las Cortes de Valladolid de 1383 nombró un procurador fiscal de la Audiencia, elevando a dieciséis el número de oidores, de los cuales un obispo y cuatro letrados debían permanecer constantemente en ella. Este tribunal de justicia residía, alternativamente a lo largo del año, en Medina del Campo, Olmedo, Madrid y Alcalá de Henares, hasta que, para evitar los traslados y los gastos que ocasionaban, el propio Juan I acordó que se ubicase de manera fija en la ciudad de Segovia. Con el paso de los años la Audiencia cobra más y más importancia, logrando cada vez mayor autonomía del poder real, y así en las Cortes de Briviesca de 1387, el monarca ya no asistió a los juicios, que quedaban en manos de los letrados.

En 1436, Juan II dio nuevas ordenanzas a la Audiencia y en 1452, a petición de las Cortes, trasladó su sede desde Segovia a Valladolid, decisión esta que fue confirmada por los Reyes Católicos en 1489.

La Audiencia o Chancillería de Valladolid tuvo extensa jurisdición, ya que muchos procesos valencianos eran tramitados en ella. Contó también con una sala especial que entendía los pleitos del País Vasco, a cuyo frente se encontraba un juez mayor de Vizcaya.

El avance de la Reconquista, con la incorporación a la corona de nuevos territorios hizo que los Reyes Católicos creasen, en 1494, otra Audiencia para descargar a la de Valladolid, que ubicaron en Ciudad Real, y que tuvo vida efímera, puesto que en 1505 fue transferida a Granada. De esta manera el tribunal de Valladolid tuvo a su cargo los asuntos judicales de los territorios situados al norte del río Tajo, y el granadino los del sur del mencionado río.

Durante los siglos XVI y XVII los oidores de las Audiencias gozaron de numerosos privilegios, siendo elegidos para ocupar aquel cargo los letrados más competentes y de mayor formación jurídica. Esto último queda demostrado por las bibliotecas que poseyeron aquelllos funcionarios y que poco a poco van saliendo a la luz. Pero aquellos letrados crearon un mundo fuertemente jerarquizado, incluso en su funcionamiento interno, y en el que predominaba el estamento nobliliario3.

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Para colaborar en un mayor conocimiento de la formación profesional y cultural de los oidores vamos a dar a conocer la importante biblioteca que llegó a acumular el jurísta leonés don Luis Barahona Saravia, fallecido en Madrid en 1689.

Don Luis Barahona Saravia nació en la localidad leonesa de Valderas, en el partido judicial de Valencia de Don Juan, aunque en algunos documentos se afirma que vio la luz en el valle del Valdivieso, sin embargo la primera opción es la predominante. Fue hijo de don Andrés Barahona, natural de la población burga lesa de Quevedo y que ocupó el cargo de consejero de Su Magestad y su oidor en Lima y de doña María Saravia, que lo era del valle de Valdivieso. El matrimonio vivió durante algún tiempo en Valderas, pasando después a residir en Valladolid.

Por tradición familiar, don Luis Barahona Saravia siguió la carrera jurídica, siendo muy apreciado por Felipe IV, quien le nombró caballero de la Orden de Alcántara, en la que ingresó el 8 de agosto de 1645. Fue don Luis Barahona Saravia oidor de la Chancillería de Valladolid y consejero de Hacienda en la Sala de Millones. Casado con la dama madrileña doña Manuela Chumacero, de aquella unión nacieron varios hijos: Juan Tomás, Diego José, María Josefa, Antonia Manuela y Francisca María. Los dos primeros fueron caballeros de la Orden de Alcántara, mientras que María Josefa y Antonia Manuela hicieron muy buenos matrimonios, con don Juan de Zapata y don Juan de Vera Zúñiga y Fajardo, respectivamente. La tercera hija, Francisca María, ingreso como religiosa en el Real Monasterio de las Huelgas4.

Don Luis Barahona Saravia, que sobrevivió a su esposa, falleció en Madrid el 11 de mayo de 1689, iniciándose después el inventario y tasación de sus bienes, trabajo que se llevó a cabo varios meses más tarde5.

El 9 de agosto de 1689, Juan de los Arcos, maestro de ebanista, ponía precio a los muebles y varias esculturas dejadas por don Luis Barahona Saravia, destacando entre estas últimas un niño Jesús realizado en Nápoles.

- primeramente una cama de granadillo, de una cavezera, sin bronzes, 550 rs.- otra de palo santo con una cavezera guarnecida de bronces plateados, 700 rs.- un escriptorio de concha, de mas de vara de largo y media de ancho, 400 rs.- otro escriptorio de vara de ancho y media escasa de alto, de evano y marfil y una escrivania del mismo genero con quatro gavetas, 200 rs.- ocho sillas de terciopelo verde con galon de oro, vien tratadas, 352 rs.- otras seis sillas de cañamazo blanco y negro, ya trahidas, 60 rs.- otras seis sillas de vaqueta colorada y viexas, 84 rs.- dos taburetes de terciopelo verde, maltratados, 10 rs.- un bufete de nogal de dos varas de largo y mas de vara de ancho, 88 rs.- tres bufetes de caoba, los dos de zinco quartas de largo y tres de ancho y el otro de vara y media de largo y una de ancho, 350 rs.- dos bufetes de dos Page 484 varas y quarta de largo y vara y quarta de ancho, 60 rs.- dos bufetes de palo santo, de vara de largo y media de ancho con las cantoneras de concha, 300 rs.- otro bufete compañero de lo mismo, 10 rs.- otro bufete pequeño, de vara y media de largo y mas de media de ancho, de ebano y marfil, 100 rs.- otros dos bufetes de caoba aforrados en terciopelo verde ya andados, de vara de largo y media de ancho, 48 rs.- otros dos bufetes de palo santo con cantoneras de bronce, de vara de largo y media de ancho, 150 rs.- otro pequeño delo mismo juego, 150 rs.- yten otro bufete pequeño con un escritorio de ebano y marfil, 100 rs.- tres bufetes de pino viexos, de vara y media de largo y tres quartas de ancho, 20 rs.- una papelera viexa de pino con su bufete, de vara y media de ancho, 100 rs.- dos arcas aforradas en cabritillas negras, de cinco quartas de largo y tres de ancho, 20 rs.- quatro camas de tablas, 80 rs.- dos escaparates de zedro con cantoneras de hierro dorado y puertas de res de alambre, 132 rs.- cinco arcas de zedro, tres de vara de largo y media de ancho y las otras dos, la una de mas de vara de largo y dos tercias de ancho, ensambladas en Yndias, 182 rs.- una arca forrada de baqueta de Moscovia colorada, de zinco quartas de largo y tres de ancho con poca diferencia, 33 rs.- tres bancos de respaldo de pino, largos, 24 rs.- una silla grande de terciopelo carmesi con clavazon dorada y galon de oro, 70 rs.- mas un Niño Jesus de Napoles, de talla, antiguo, de vara de alto con su peana, 300 rs.- una Nuestra Señora de talla con su peana, de media vara de alto, 150 rs.- un San Antonio de Padua con su peana, de talla, 200 rs.- un Santo Christo de tres quartas de alto, de talla, con su cruz, 66 rs.- una cruz de media vara en que estan grabadas las ynsignias de la Pasion, 12 rs.- una hurna, de vara de alto, de evano, con sus bidrieras christalinas y dentro San Pedro de Alcantara y Santa Theresa de pasta y un Niño de zera, 600 rs.- otra urna pequeña de evano, de una tercia de largo y dentro una ymagen de Nuestra Señora con el Niño de marfil, 132 rs.- un relicario de media vara de largo y tercia de ancho con el marco de evano, 30 rs.- otros tres relicarios, nose tasan por ser reliquias.- dos escrivanias, la una de evano con caxa en que se guarda y la otra de evano solo con sus cerraduras, 176 rs.- un tintero y salbadera grandes, de azofar, con sus tapaderas y campanilla, 88 rs.- tres sellos, uno de bronze, otro de plata y otro de vidrio, 94 rs.- una tixeras largas, 3 rs.- una caxa de relox de campana, de bronze, 50 rs.- dos valaneras de camino forradas en cabritilla negra, 24 rs.- una frasquera forrada en cabritilla negra con dos frascos de peltre, 66 rs.

Juan de los Arcos fue un prestigioso profesional de la época, y así lo demuestra los muchos aprendices que...

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