La Fundación Ideas apuesta por ejercer mayor presión tributaria sobre las entidades financieras (I Parte)

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RESUMEN

El vicepresidente de la Fundación Ideas y ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, ha propuesto que las entidades financieras sean sometidas a una mayor presión fiscal para incrementar los niveles de recaudación y frenar la especulación de los mercados.

 
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5. ¿Cómo debería tributar el sector finan iero? c
5.1. Propuestas académicas y debate actual

Desde Keynes (1936) se han elaborado multitud de propuestas de impuestos sobre las transacciones financieras. La más famosa es la realizada por James Tobin en 1971, que consistía en exigir un impuesto sobre las transacciones en divisas como mecanismo para mantener la independencia de las autoridades monetarias nacionales. La "tasa Tobin", como llegaría a conocerse, era una forma de control del capital con el objetivo de evitar las especulaciones en el mercado de divisas, manteniendo así la estabilidad del sistema monetario internacional. Este impuesto nunca llegó a aplicarse.

A finales de los años ochenta surgieron nuevas propuestas. Stiglitz (1989) sugirió la aplicación de un impuesto sobre las transacciones financieras que no se limitara a las operaciones de divisas, tras la crisis de la bolsa de 1987. Su propuesta estaba orientada a cumplir tres objetivos distintos, recordando los problemas que habían llevado a la crisis de los mercados de valores de 1987: disuadir las transacciones especulativas a corto plazo, promover la eficiencia económica desincentivando el gasto excesivo en esta forma de "búsqueda de rentas" y reducir la volatilidad de los precios, incrementando la eficiencia con la que se asigna el capital.

En los años siguientes la idea fue tomando fuerza. Tornell (1990) demostró que un impuesto sobre las transacciones internacionales puede eliminar la expectativa de volatilidad del tipo a corto y, por tanto, la incertidumbre. Con ello se reduce el comportamiento inversor cortoplacista y se potencia la formación de capital real en lugar de puramente financiero. La base imponible del impuesto diseñado por Tornell sería una variable vinculada a las expectativas, en lugar de gravar las operaciones directas al contado.

Reinhart (1991) aplica el impuesto a las participaciones nacionales en activos extranjeros, no a los flujos de divisas extranjeras negociados, y sostiene que el impuesto incrementa los costes de oportunidad de mantener activos extranjeros, forzando a los inversores a cambiar a los activos nacionales. Eichengreen y Wyplosz (1993) estudian también una tasa Tobin sobre operaciones de divisas que, sin embargo, es implícita en lugar de explícita. Este impuesto resultaría de la exigencia a los bancos de "depositar una suma equivalente a la operación (en moneda extranjera), sin intereses, en el Banco Central durante un año". Spahn (2002) sugirió un ITF que limite los movimientos de capital a corto plazo y que debería establecerse a escala de la Unión Europea. La propuesta se discutió en Bélgica, pero no llegó a implantarse.

5.2. Impuestos para frenar la especulación financiera: propuestas para el G-20

La crisis financiera que comenzó en 2007 ha generado una nueva ola de propuestas para la regulación del sector financiero, y de voces que reclaman que se someta el sector a tributación. Las nuevas propuestas parten del ámbito académico, pero también del ámbito político e internacional. Autores como Krugman (2009), Rodrick (2009), Schulmeister (2009), Kapoor (2010) y Langmore (2010), entre otros, han apoyado la idea de

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implantar algún tipo de impuesto sobre las transacciones financieras. Algunos de ellos, con otros economistas, han hecho también propuestas para un nuevo sistema regulatorio para el sector financiero internacional.

Jetin (2009) ha apuntado una propuesta que se acerca al proyecto original de la tasa Tobin. Esta propuesta consiste en un ITF con distintos tipos impositivos según el agente que realiza la transacción financiera, con un tipo "bajo" del 0,02% para los bancos y uno más alto del 0,1% para las demás entidades financieras y sociedades no financieras. Un sistema fiscal de varios niveles sería también adecuado asumiendo que algunas categorías de contrapartes son más proclives a las transacciones especulativas que otras (por ejemplo, los hedge funds). En cuanto al ámbito de las operaciones, el ITF de Jetin cubriría los mercados de divisas "tradicionales" (esto es, el perímetro de Tobin), excluyendo todos los productos derivados, ya se negocien en mercados regulados u OTC.

Baker et al. (2009) propusieron un impuesto con un alcance más amplio que las contribuciones de Tobin o de Jetin. Además de los mercados tradicionales de divisas, esta propuesta de ITF se aplicaría a prácticamente todas las transacciones que tengan lugar en bolsas organizadas (futuros y opciones) así como a la renta fija y variable. El impuesto de Baker se aplica a varios niveles: él considera necesario distinguir entre tipos de operaciones, en función del instrumento que se negocia, del coste de transacción, y de los años hasta el vencimiento del instrumento. Esta misma idea ya había sido propuesta anteriormente por Pollin et al. (2002).

La propuesta de ITF de Schulmeister (2009) tiene un carácter más amplio que la de Baker, ya que su propuesta cubre los mercados de divisas, los derivados negociados en bolsa y los derivados OTC, incluidos los CDS. Este autor considera necesario incluir todas las transacciones financieras para garantizar una igualdad de condiciones entre los mercados bursátiles y extrabursátiles, y para reducir las distorsiones entre mercados.

5.3. Experiencias internacionales

Si bien un impuesto internacional del tipo defendido por Tobin y otros autores no ha llegado a aplicarse nunca, varios países sí han utilizado distintos tipos de impuestos sobre el sector financiero. Así, por ejemplo, hay diversas experiencias de impuestos sobre transacciones financieras a escala nacional. Por otro lado, un impuesto sobre las plusvalías es también corriente en la mayoría de los países, y grava, por regla general, a los inversores a través de su impuesto sobre la renta.

El Reino Unido, Suecia y Dinamarca, entre muchos otros países, tienen (o han tenido) impuestos sobre las operaciones en valores de renta fija o variable. Suiza aplicó un impuesto sobre transacciones financieras sobre acciones, bonos privados y títulos del tesoro público para evitar la apreciación del franco suizo por razón de los fuertes flujos de capital hacia el país. No obstante, en varios países, estos impuestos se redujeron o eliminaron durante los años noventa. Algunos países incluso los combinaron con un impuesto sobre el valor añadido.

En los años noventa, se aplicó una oleada de impuestos sobre el sector financiero. Muchos países latinoamericanos, que por entonces habían sufrido con dureza varias crisis financieras, optaron por aplicar impuestos sobre el sector financiero, mientras que en otros casos, como Malasia, se recurrió a medidas temporales, incluidos los controles de capital.

En Brasil, aunque también se ha introducido un impuesto sobre el sector bancario, no ha sido a causa de una crisis financiera. Dado el buen comportamiento de la economía brasileña, resulta especialmente interesante el análisis de los efectos que ha generado este impuesto, puesto que ha alterado el comportamiento de las instituciones financieras y de los inversores. Para minimizar el impacto del impuesto sobre los mercados de renta fija, las estrategias se han basado en el diseño de nuevos productos financieros.

Otro caso interesante es el del Reino Unido. Desde 1992, las sociedades británicas están sujetas a un impuesto sobre las plusvalías que grava el incremento del valor de capital de un activo entre la compra y la venta de dicho activo, y a un impuesto sobre las plusvalías que funciona como un impuesto de sociedades adicional. En cuanto a este último, la plusvalía sujeta a tributación recibe el mismo tratamiento que los beneficios adicionales del

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período contable en cuestión. En 2002 se introdujo una exención para participaciones societarias significativas, aplicable a aquellas participaciones iguales o superiores al 10% en otra sociedad (al 30% para las participaciones ostentadas por el fondo de seguro a largo plazo de las compañías de seguros de vida).

No existen ejemplos de gravámenes a los bancos del tipo propuesto recientemente por los gobiernos europeos y estadounidense. Sin embargo, la cifra de las contribuciones a los fondos de garantía de depósitos pueden ser similares en cuanto a su diseño, cuando la contribución es obligatoria y el fondo está gestionado por un organismo público. Por ejemplo, Finlandia tiene un sistema de este tipo, y el fondo de garantía de depósitos español se examina en este trabajo en mayor detalle más adelante. El plan finlandés de garantía de depósitos se creó a comienzos de 1998. Su objetivo es proteger los depósitos en caso de que un banco se declare insolvente.

Todos los bancos comerciales que operan en Finlandia están obligados a ser miembros de este Fondo. Una entidad crediticia autorizada en un Estado perteneciente al Espacio Económico Europeo puede solicitar la inclusión en calidad de miembro del Fondo de Garantía de Depósitos para su sucursal establecida en Finlandia, con el fin de complementar la cobertura para las reclamaciones de los depositantes de conformidad con su Estado de origen, si la sucursal recibe depósitos del público y la cobertura ofrecida por su Estado de origen no puede considerarse adecuada en comparación con la protección que...

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