Crecimiento y características del empleo de los inmigrantes en España

Autor:José Ignacio Pérez Infante
Cargo:Universidad Carlos III de Madrid
Páginas:237-252
RESUMEN

El artículo analiza, en primer lugar, las causas del intenso crecimiento del empleo de los extranjeros desde 1997 y, especialmente, desde 2001, con base en el notable incremento del PIB que se produce ese período en España, al que se une un problema de insuficiencia demográfica. En segundo lugar, se descompone el crecimiento del empleo de los inmigrantes en tres componentes, relacionados con el empleo de los nativos, independiente, complementario y sustitutivo, llegándose a la conclusión del predominio de los dos primeros y del carácter marginal del tercero, puesto que no existe evidencia empírica de que el aumento de la inmigración haya repercutido negativamente ni en el empleo ni en el paro de la población autóctona. En tercer lugar, se reflexiona sobre el tipo de empleo de los extranjeros, en relación con el de los nacionales, concluyendo que en los primeros predominan los de carácter secundario y de menor cualificación, con elevada tasa de temporalidad. Y, por último, en cuarto lugar, se calcula el Índice de Duncan que refleja un elevado grado de concentración del empleo extranjero en pocas cualificaciones y ramas de actividad y un elevado grado de segregación ocupacional en relación con el empleo nativo. Palabras clave: Inmigración, Empleo, Crecimiento económico e insuficiencia demográfica y Empleos secundarios.

 
ÍNDICE
CONTENIDO

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La población ocupada extranjera ha crecido recientemente, desde 2001 a 2008 (primer semestre), en más de dos millones doscientas mil personas (2.259,3 miles de personas), lo que significa el 53% del aumento total del empleo de ese período. La tasa de incremento anual acumulado de la población ocupada extranjera ha sido en los últimos seis años y medio el 25,2%, mientras que la tasa de variación de la población ocupada nacional ha sido tan sólo del 1,9% (cuadro 11).

Este fuerte incremento del empleo extranjero explica, a su vez, el intenso aumento de la inmigración española, ya que, como se ha explicado en Pérez Infante, J.I (2008b) ésta es de naturaleza predominantemente económica o, más concretamente, laboral.

El primer factor a tener en cuenta es el elevado incremento del PIB español1, a partir de 1996 y, también, desde 2001, que es cuando la inmigración a España se acelera notablemente (cuadro 1). Desde 1996 a 2007 el PIB real o en volumen ha aumentado a una tasa anual acumulativa del 3,7% superior en 1,4 puntos porcentajes a la media de la UE-15, y en 1,3 puntos a la media de la UE-27 en el mismo período de tiempo.

Este notable aumento del PIB real español, al coincidir con un avance de la productividad bajo, muy inferior al 1%, el 0,2% en el período 1995-2007, provocó una elevada demanda de trabajo que se reflejó en un también muy alto incremento del empleo. En efecto, en términos de empleo equivalente a tiempo completo de la Contabilidad Nacional, en el período 1995-2007 el aumento en España ascendió al 3,5% en tasa anual acumulativa, 2,3 puntos más que el de la UE-15 y 2,6 puntos más que el de la UE-27.

Si, en vez de utilizar datos de la Contabilidad Nacional, se utiliza la información de la Encuesta de Fuerza de Trabajo (EFT) de la Unión Europea2, el crecimiento anual acumulativo del empleo en Espala de 1995 a 2007 es similar, el 3,4%, más del triple del de la UE-15, que es sólo del 1,1%, y más del cuádruple del de la UE-27, el 0,8%.

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Si se compara el elevado aumento del empleo, según la EPA, el 3,4%, con el incremento neto de la población activa nativa, la mitad que el del empleo, el 1,7%, se deduce la necesidad de los empresarios españoles de contratar extranjeros, lo que sería la causa explicativa fundamental del importante proceso inmigratorio español de los últimos años, que además se ha convertido en un hecho ineludible, necesario, para que el crecimiento del PIB español haya sido tan elevado, muy superior al del resto de los países de la Unión Europea y la OCDE3.

Ahora bien, el relativamente reducido crecimiento de la población activa española tiene su base en la insuficiencia demográfica, en el escaso crecimiento de la población nacional de 16 y más años, inferior a cien mil en media anual y cercano al cero por ciento, el 0,3%, en crecimiento anual acumulativo del período 2001-2008.

Este bajo crecimiento de la población en edad de trabajar es consecuencia de la caída de la tasa de fertilidad4 y, por lo tanto, de la tasa bruta de natalidad5, desde principios de la década de los setenta del siglo pasado, unida al ligero repunte de la tasa bruta de mortalidad6 desde principios de la década de los ochenta del siglo XX, debido al envejecimiento de la población. Este proceso ha provocado que el saldo vegetativo7 de la población española sea muy reducido, alcanzándose el míni-

CUADRO 1. EVOLUCIÓN DEL PIB REAL Y EL EMPLEO EN LA UE Y ESPAÑA

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mo en 1998, con sólo 4.632 personas, equivalente a una tasa de crecimiento vegetativo del 0,8 por mil del total de la población.

Ahora bien, en los últimos años, a partir de 1999, el efecto positivo sobre los nacimientos que supone la mayor tasa de fertilidad de las mujeres extranjeras, que son más jóvenes, al que se añade el ligero descenso de la tasa de mortalidad, provocado por el rejuvenecimiento de la población que resulta del aumento de la población extranjera8, se produce un aumento del saldo vegetativo de la población hasta 79.016 personas, el 1,8 por mil, en 2005 y 111.479 personas, el 2,5 por mil, en 2006. En todo caso, este aumento del saldo vegetativo no se hubiera producido, o hubiera sido muy inferior, sin el aumento de la población extranjera.

Si a este reducido saldo vegetativo de la población total, se añade el envejecimiento de la población española, como consecuencia de la coincidencia de la baja fertilidad y la elevada esperanza de vida al nacer, una de las más altas del mundo, más de 77 años en los hombres y casi 84 años en las mujeres, se entiende la incidencia del componente demográfico en el insuficiente aumento de la población activa nativa.

Sin embargo, el aumento de la población activa nativa, 1,7% desde 2001, y, en concreto, de la población ocupada nativa, 1,9%, es muy superior al que se explicaría por el aumento de la población en edad de trabajar española, 0,3% en el mismo período, por dos razones, el aumento de la tasa de actividad9 de esa población, sobre todo de la femenina, y el descenso del paro10 de la población española11.

En cuanto a la tasa de actividad nativa ésta ha crecido en casi cinco puntos porcentuales en los últimos años, desde el 52,4% en el conjunto de 2001 hasta el 57,2% en el promedio del primer semestre de 2008. Este crecimiento de la tasa de actividad ha sido muy superior en las mujeres que en los hombres. De hecho, limitándose al período que transcurre entre el primer trimestre de 2005 y el segundo de 2008, la tasa de actividad de las mujeres españoles crece en 3,6 puntos, desde el 44,1% hasta el 47,7%, mientras que la de los hombres españoles aumenta sólo en cinco décimas, desde el 66,8% hasta el 67,3%.

El aumento de la tasa de actividad femenina de las españolas, todavía inferior en dos puntos porcentuales al de la media de la UE, es lo que explica principalmente el incremento en los últimos años de la tasa de actividad del total de la población española, 2,1 puntos desde el primer trimestre de 2005 al segundo de 2008, desde el 55,2% al 57,3%.

También el aumento del empleo de los nacionales se explica, en parte, por el descenso del paro de los mismos en los últimos años, descenso que se produce a pesar del fuerte aumento del empleo extranjero. El paro nativo, que había crecido con la desaceleración económica de 2002, desciende continuamente desde 2003 a 2007 (más de 550.000 personas, en el conjunto del período), lo que implica que las tasas de paro de los españoles disminuyan desde el 11,1% en 2003 hasta el 7,6% en 2007. La crisis de la economía española en 2008 provoca un incremento de la tasa de paro de la población autóctona hasta el 9% en el primer semestre de 2008, aún inferior a la de 2003 y años anteriores.

Ahora bien, a pesar del aumento de la tasa de actividad y el descenso de la de paro de los nacionales, el práctico estancamiento de la población en edad de trabajar española, provocado, principalmente, por la baja tasa de fertilidad de las mujeres españolas, explica el insuficiente aumento de las poblaciones activas y ocupada nativas en un período en que las necesidades de empleo son crecientes.

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Aunque es cierto que la insuficiencia demográfica por sí sola difícilmente puede explicar la inmigración española12, sobre todo en su origen, a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, cuando la tasa de paro todavía era muy elevada, el 20,7% en 1997. Ahora bien dicha insuficiencia sí que puede convertirse en una causa principal de la inmigración cuando coincide, como ha ocurrido en los últimos años, con una notable expansión de la demanda de trabajo, causada por un fuerte crecimiento económico, que ha reducido drásticamente la tasa de paro, hasta situarse en 2007 en niveles similares a los de principio de 197913.

En esta situación se producirá un efecto atracción de la sociedad española hacia la población extranjera14 y el correspondiente aumento del empleo extranjero, que, en gran medida, es un empleo adicional al del empleo nativo, que, en general, no es sustitutivo de éste, y, por lo tanto, no limitativo, del empleo ni generador de paro de la población española.

Ahora bien, en el aumento del empleo extranjero, si se compara con el empleo de la población autóctona, puede diferenciarse tres componentes, el independiente, el complementario y el sustitutivo15. El empleo de los extranjeros es independiente del de los nativos cuando puede aumentar el de los dos colectivos al mismo tiempo sin ninguna relación entre sí, es complementario, cuando el aumento del empleo de los extranjeros puede explicar o incluso condicionar, en determinadas situaciones, el crecimiento del de los nacionales y, por último, es sustitutivo cuando el empleo de los extranjeros desplaza al de los nativos, reduce el de estos últimos.

Empezando por el último componente del empleo extranjero, el sustitutivo o competitivo del nacional, éste puede producirse cuando los empresarios españoles deseen contratar para determinados puestos de trabajo, muchas veces irregulares o de baja cualificación, a trabajadores extranjeros, en vez de a nacionales, bien porque piensen que van a ser más productivos, van a esforzarse más que los nativos, van a poder imponerles condiciones de trabajo más beneficiosas para la empresa o van a poder pagarles menores salarios16. Esto puede ocurrir como consecuencia tanto de las circunstancias de irregularidad o incertidumbre en que se encuentran en España muchos inmigrantes, la necesidad imperiosa que pueden tener los extranjeros de encontrar un empleo o la mejora que el nuevo empleo, a pesar de todo, puede suponer en relación con la situación que tenía el trabajador en su país de origen.

Esta razón que, en última instancia, supondría un ahorro de costes laborales por parte de los empresarios que contratan trabajadores extranjeros, podría entrar en competencia y en detrimento del empleo de los nacionales17.

En efecto, si nos limitamos a la economía regular, y utilizando datos de la Encuesta de Estructura Salarial de 2002, los salarios brutos (costes salariales) de los extranjeros son menores en cerca de un 30% de los salarios de los españoles (29,6% menos en el salario bru-Page 241to anual por trabajador y 27% menos en el salario bruto por hora), diferencia que se acrecienta si se consideran únicamente los trabajadores inmigrantes de los países subdesarrollados (entre el 33% y el 35% menos si se considera el salario por trabajador).

Con datos de la mal llamada «Encuesta de Estructura Salarial Anual» de los años 2004 y 200518, en este último año el porcentaje del coste salarial bruto por trabajador en relación con el de los españoles era inferior en el 29,4% en el caso de los países europeos diferentes a los de la UE-25, el 27,4% en el de los de América Latina y el 26,3% en de los del Resto del mundo, principalmente África y Asia, aunque también incluye los procedentes de EEUU.

Muchas de estas diferencias son consecuencia de las características de los trabajadores extranjeros, así como de los puestos de trabajo que ocupan en relación con los trabajadores nativos, diferencias que pueden tener que ver más con que los dos tipos de trabajadores ocupados sean independientes o complementarios que con que sean sustitutivos o competitivos. En efecto, en muchos casos los trabajadores extranjeros son más jóvenes que los nacionales o tienen menor antigüedad en el empleo, los puestos de trabajo que ocupan requieren de menor nivel de cualificación, la contratación temporal es más intensa o es mayor la concentración en empleos o sectores con menor nivel de remuneración, como la construcción19.

Si se elimina la influencia de estas características personales y de los puestos de trabajo, las diferencias salariales entre extranjeros y nacionales, según cálculos realizados en Carrasco, R. y Ortega, C. (2006)20, se reducen notablemente del 29,6% al 7,2% en el caso del salario bruto anual por trabajador y del 27% al 5,3% en el del salario bruto por hora trabajada con datos de la Encuesta de Estructura Salarial de 200221.

Además, el efecto de sustitución del empleo nacional por empleo extranjero tampoco parece demasiado relevante, puesto que el primero ha aumentado en la última década a un ritmo muy superior al de su población activa y la tasa de paro ha descendido continuamente desde 2003 a 2007, hasta situarse en el promedio de 2007 en el 7,6%, muy inferior a la correspondiente a los extranjeros, el 12,2%.

Por otro lado, como se señala en Carrasco, R. y Ortega, C. (2006) y en Carrasco, R., Jimeno, J.F. y Ortega, C (2008), realizando diversas estimaciones econométricas, resulta que las oportunidades de empleo de los trabajadores españoles no se ven afectadas significativamente por la inmigración extranjera, y cuando se encuentra algún efecto, en todo caso muy escaso, probablemente no se debe a que exista una sustitución real entre extranjeros y nativos, sino a que en las distintas estimaciones se produce una selección no aleatoria de los inmigrantes entre los distintos sectores que no es independiente de sus características personales22.

Esto es lo que ocurre utilizando los datos del Censo de Población de 1991 y 2001, que supuestamente incorporan tanto a inmigrantes legales como ilegales, en los que un aumento del 10% de la inmigración repercute negativamente en sólo un 0,2% en el empleo de los trabajadores nacionales, mientras que con una muestra que cubre sólo a trabajadores inmigrantes regulares y si la estimación Page 242 se realiza por el método de mínimos cuadrados ordinarios un incremento del 10% de extranjeros incide negativamente en un 1% en el empleo de los extranjeros23.

Si el efecto sustitución del empleo de los extranjeros en relación con el empleo de los nativos es muy poco significativo, salvo en casos muy específicos de trabajadores poco cualificados, parece que la mayoría del crecimiento del empleo de los extranjeros es independiente del de los nativos, al ser adicional al de estos últimos, o es complementario del de los nacionales, al provocar, incluso, aumentos en el empleo de éstos, lo que puede ocurrir al favorecer la participación en el trabajo de las mujeres españolas como consecuencia de los servicios en el hogar y para el cuidado de niños y personas mayores prestados por extranjeros o al elevarse la demanda de determinados empleos cualificados cuando crece el empleo no cualificado de extranjeros.

En cualquier caso, si nos encontramos en una situación de segmentación del mercado de trabajo en la que, junto a empleos de calidad, primarios, pueden existir empleos de peor calidad y mal remunerados, secundarios, puede ocurrir que los trabajadores nacionales «rechacen» esos puestos de trabajo «malos» o «secundarios», debido al aumento del «nivel de aceptabilidad» de los puestos de trabajo por la mejora de la calidad de vida y trabajo de los españoles en las últimas décadas y, especialmente, por el mayor nivel de educación y cualificación de dichos trabajadores24.

Este «rechazo» de los puestos de trabajo «secundarios» por parte de los trabajadores nacionales podría producir un «desajuste» cualitativo entre la demanda de trabajo y la oferta de trabajo que provocaría la existencia simultánea de personas paradas y puestos de trabajo sin cubrir.

En una situación en la que existe mano de obra extranjera o posibilidades de conseguirla un modo de resolver esos desajustes cualitativos sería la contratación de trabajadores extranjeros para ocupar esos puestos de trabajo vacantes, muchos de ellos «secundarios», lo que dará lugar a un empleo de extranjeros que no tendrá carácter sustitutivo de los nacionales, sino adicional o, incluso, complementario, por el papel de complementariedad que pueden jugar entre sí los empleos «primarios» y «secundarios».

La concentración de extranjeros en puestos de trabajo «secundarios», unido a la existencia de personas extranjeras sin permiso de residencia25, explicaría la situación de trabajadores extranjeros irregulares. Comparando la cifra de afiliaciones a la Seguridad Social, que, obviamente, sólo incluye a los trabajadores regulares, con la de los ocupados de la EPA, que, en principio, considera también a las irregulares, la diferencia para la media del segundo trimestre de 200826 a favor de la cifra de ocupados de la EPA, lo que podría utilizarse como estimación de los trabajadores extranjeros en situación irregular, ascendería a alrededor de ochocientos mil (818.300) para el total de la población trabajada extranjera, que se desagregaría en ciento sesenta mil (161.900) de extranjeros de la UE-27 y seiscientos cincuenta mil (652.400) de extranjeros no comunitarios.

La estimación de trabajadores extracomunitarios irregulares (652.400 en el segundo trimestre de 2008) es muy similar a la del conjunto de residentes empadronados extra-Page 243comunitarios irregulares (en torno a seiscientos mil a finales de 2007). Ahora bien en el caso de los trabajadores (los residentes incluyen a menores de 16 años y a inactivos), a la cifra de irregulares extracomunitarios habría que añadir la de comunitarios, que, al igual que los españoles, pueden encontrarse en situación irregular en relación con la Seguridad Social, especialmente búlgaros y rumanos, que teniendo el permiso de residencia no han conseguido el de trabajo, permiso, que a diferencia del resto de la UE, tienen hasta el 31 de diciembre de 2008 la obligación de solicitar y obtener para trabajar regularmente. Por lo tanto, en la actualidad algo más de ochocientos mil extranjeros se situarían en situación de trabajo irregular, por no estar dados de alta como afiliados y cotizantes a la Seguridad Social, de los que 650.000 serían extracomunitarios27 y algo más de 150.000 comunitarios, principalmente búlgaros y rumanos.

Por otra parte, la concentración en empleos «secundarios» en los trabajadores extranjeros en mayor medida que en los españoles se refleja en la distinta distribución del empleo por ocupaciones en los dos colectivos de trabajadores. Mientras que, con datos de la EPA, es muy superior el porcentaje de españoles que el de extranjeros que ocupan empleos directivos, de técnicos profesionales, administrativos y de operadores de instalación, maquinistas y montadores, es muy superior el porcentaje de extranjeros que el de los españoles en trabajadores de los servicios de restauración, personales, de protección y vendedores de comercio, en trabajadores cualificados de industrias, construcción y minería, por la importancia que tiene en el empleo de los extranjeros la construcción, y, sobre todo, en trabajadores no cualificados, que representan más del 35% en los extranjeros no comunitarios (cuadro 2)28.

Si se desglosan las ocupaciones en manuales y no manuales, la diferente importancia de cada una de ellas entre los españoles y los extranjeros es también muy significativa. Así, las ocupaciones no manuales que absorben casi el 50% del empleo total de los trabajadores autóctonos sólo representan algo más del 16% en el empleo de los trabajadores extranjeros, porcentaje que se reduce al 12,2% en el caso de los extranjeros no comunitarios.

La diferente distribución del empleo de extranjeros y nacionales también se refleja en el análisis sectorial. En efecto, el peso relativo del empleo de los extranjeros con datos de la EPA del segundo trimestre de 2008 es superior al de los nacionales en la agricultura, tanto en hombres como en mujeres, así como en la construcción en los hombres y en los servicios en las mujeres. Si se desglosa por grupos de países, la agricultura sobresale en los varones del resto del mundo, por la incidencia del empleo de los marroquíes en este sector, y de la UE, por la repercusión que tienen los empleos agrícolas29 en los nuevos miembros, especialmente en Rumania; la construcción en los hombres del Resto de Europa (no UE-27) y de América Latina y los servicios en las mujeres de América Latina, Resto de Europa y Resto del Mundo (cuadro 3).

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CUADRO 2. DISTRIBUCIÓN DEL EMPLEO DE ESPAÑOLES Y EXTRANJEROS POR OCUPACIONES. DATOS DEL SEGUNDO TRIMESTRE DE 2008

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No obstante, como los datos de la EPA no clasifican el empleo de extranjeros por ramas de actividad30, para analizar la distribución de la población ocupada extranjera con un mayor nivel de desagregación hay que recurrir a las afiliaciones a la Seguridad Social. En el cuadro 4 se muestra la distribución del empleo de los españoles y de los extranjeros por ramas de actividad31 y, en concreto, el porcentaje que en cada rama de actividad representa el empleo extranjero. Este porcentaje de extranjeros sobre el empleo de cada actividad es especialmente elevado en los hogares que emplean personal doméstico, al superar en 2007 el 50%, seguidos de la hostelería, en el que el 22% del empleo total es de extranjeros32, la construcción, con el 18%33, agricultura, sin incluir la pesca y la acuicultura, con el 15%, y las actividades inmobiliarias y otras actividades empresariales, que incluyen, estas últimas, las distintas subcontratas, sobre todo de la construcción en hombres y limpiezas en mujeres, con casi el 11% en cada una de ellas. Aunque en las industrias manufactureras el porcentaje de extranjeros es notablemente menor que en la agricultura, la construcción y la mayoría de los servicios, destaca el porcentaje de extranjeros en las industrias de alimentación, bebidas y tabacos, con el 10%.

Si, por otra parte, se considera el porcentaje que representa cada rama de actividad en el empleo total de los extranjeros (Ei en el cuadro 4), destacan las ramas de construcción, con el 21% a finales de 2007, seguidos, a distancia, de la hostelería, con casi el 14%, otras actividades empresariales, que, como ya se ha señalado, engloba a las subcontratas, con el 10%, la agricultura, con el 9%, y comercio y el trabajo doméstico, ambas con el 8%34.

Por su parte, la diferencia entre el porcentaje del empleo de cada rama de los extranjeros y los nacionales (Ei - Ni del cuadro 4), destaca, a favor de los primeros, en la mayoría de las ramas de actividad en que sobresale el porcentaje del empleo en los extranjeros (Ei): construcción (9,9 puntos de diferencia), hostelería (8,2), trabajo doméstico (7) y agricultura (3,4). En cambio las mayores diferencias a favor de los nacionales (valores negativos de Ei-Ni) corresponde a Administraciones públicas (-5,4%), actividades sanitarias, veterinarias y servicios sociales (-4,4%), comercio al por menor (-2,9%), educación (-2,3%) y actividades financieras y seguros (-2,1%). También en todas las ramas pertenecientes a las industrias manufactureras, la diferencia es negativa, lo que significa que el porcentaje que representa cada rama en el empleo total es mayor en el nacional que en el extranjero.

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CUADRO 4. DISTRIBUCIÓN DE LAS AFILIACIONES A LA SEGURIDAD SOCIAL, SEGÚN SEAN ESPAÑOLES O EXTRANJEROS, POR RAMAS DE ACTIVIDAD. AÑO 2007

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CUADRO 4. (continuación)

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Una forma de cuantificar las diferencias existentes en la distribución del empleo de los nacionales y los extranjeros es utilizar un índice muy común en los estudios de discriminación y segregación del empleo femenino, el índice de Duncan, igual a la semisuma de las diferencias en valor absoluto de los porcentajes del empleo de cada rama de actividad respecto del total del empleo de los extranjeros y nacionales, es decir, donde n es el número de ramas de actividad, Ei es el porcentaje del empleo de la rama de actividad i en el empleo total de los extranjeros y Ni el mismo porcentaje en el empleo de los nacionales.

Los valores del índice de Duncan están comprendidos entre cero y 100 y su significa-Page 249do puede ser el porcentaje de trabajadores extranjeros que tendría que cambiar de rama de actividad para que se iguale su distribución del empleo con la de los trabajadores nativos35.

Según los datos de afiliaciones del cuadro 4, la suma de las diferencias en valor absoluto de Ei y Ni (Ei - Ni) es igual a 58. Como el índice de Duncan se obtiene dividiendo por dos la suma de las diferencias en valor absoluto, el valor para el 31 de diciembre de 2007 sería igual a 29 (58/2), valor menor que el que se suele obtener cuando el índice se utiliza para medir la discriminación del empleo femenino, que se suele acercar a 40, 36,8 en concreto para la media de 200736. El índice aplicado a la diferencia entre el empleo de los extranjeros y los nacionales indica que prácticamente el 30% de los primeros, tendrían que cambiar de empleo para igualar su distribución de empleo con la de los nativos37.

De la distribución por ramas de actividad del empleo extranjero, cabe señalar, por último, dos características, la elevada concentración del empleo en unas pocas ramas y la importante temporalidad38 de la mayoría de éstas.

La elevada concentración del empleo extranjero se refleja en que las tres ramas de actividad con mayor afiliación extranjera absorben el 45,2% del total y las cinco con mayor afiliación el 61,1%, mientras que en la afiliación de los españoles esos porcentajes son, respectivamente, el 32,1% y el 45,2%, muy inferiores.

A su vez, la mayor concentración del empleo de los extranjeros en ramas de actividad como la construcción, el servicio doméstico, la hostelería, la agricultura y los servicios a empresas en forma de subcontratas (para la construcción en hombres y la limpieza en mujeres), en las que las tasas de temporalidad son muy elevadas, junto a la temporalidad en muchos casos del permiso de residencia39, sobre todo al principio de la estancia en España, o incluso la ausencia de ese permiso en el caso de los inmigrantes irregulares, ha permitido hablar de una «doble temporalidad» en el caso de los extranjeros40.

Ello se reflejaría en los datos de la tasa de temporalidad de los extranjeros estimados por la EPA, que figuran en el cuadro 5, muy superiores a los de la tasa de temporalidad de los españoles41. Así, en toda la serie histórica considerada en el cuadro la tasa de los extranjeros es muy superior a la de los nacionales, el doble en la actualidad, 50,5% para los primeros y 25,5% para los segundos en el segundo trimestre de 2008. Si se diferencia por sexo, al contrario de lo que ocurre para los trabajadores nacionales, la tasa de temporalidad de los hombres (55,2%) es superior a la de las mujeres (44,7%), lo que podría explicarse por la gran importancia que el empleo en la construcción representa en los primeros.

Si se atiende a la evolución de las tasas de temporalidad, se aprecia, que, pese a las oscilaciones que se producen en algunos años, la tendencia es decreciente en el caso de los trabajadores autóctonos y creciente en el caso de los extranjeros hasta el segundo trimestre de 2006, lo que se produce tanto en el conjunto de los dos sexos como en cada uno de ellos, por lo que las diferencias de las tasas de los dos tipos de trabajadores aumenta notablemente hasta esa fecha.

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CUADRO 5. EVOLUCIÓN DE LAS TASAS DE TEMPORALIDAD POR NACIONALIDADES Y SEXO PARA LOS SEGUNDOS TRIMESTRES DE CADA AÑO (en %)

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La diferencia de la tasa de temporalidad entre extranjeros y nacionales que era para ambos sexos de 18 puntos en 1995 aumentó hasta 30,7 puntos, 12,7 puntos más, en 2006. El crecimiento de esa diferencia es de 10,8 puntos en los varones y de 17,4 puntos en las mujeres, hasta situarse en el segundo trimestre de 2006 en 35,4 puntos en hombres y en 24,1 puntos en mujeres.

En cambio, a partir del segundo trimestre de 2006, fecha en que se aprueba la reforma laboral pactada en el Acuerdo para la Mejora del Crecimiento y del Empleo42, las tasas de temporalidad de los extranjeros disminuyen con mayor intensidad que la de los extranjeros, ascendiendo en el segundo trimestre de 2008 la diferencia entre ambas tasa de temporalidad a 25 puntos porcentuales (5,7 puntos menos que dos años antes) para el total, a 33,2 puntos (2,2 puntos menos) para los hombres y a 16 puntos (8,1 puntos menos) para las mujeres.

En cuanto a la explicación de por qué la tasa de temporalidad de los extranjeros es más elevada que la de los españoles no pare-Page 251ce que, pese a la posible «doble temporalidad» de los extranjeros exista un problema de discriminación en contra de los trabajadores extranjeros, sino que parece que esa diferencia está más relacionada con las características personales de los extranjeros (más jóvenes de media que los españoles) o de los puestos de trabajo que ocupan (menos exigencia de cualificación y mayor concentración en las ramas con mayor temporalidad que los españoles), que con la propia nacionalidad de los trabajadores como se deduce de las estimaciones econométricas realizadas por Garrido, L. y Toharia, L. (2004)43, aunque, en ocasiones, los puestos de trabajo que ocupan sí que pueden estar relacionados con su condición de extranjeros.

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[1] En PÉREZ INFANTE, J.I (2008a), págs 127-133 se analizan las causas del aumento de la inmigración en España en la última década.

[2] Con base en las Encuestas de cada país miembro, la EPA en España. Véase COMISIÓN DE LA UE (2007).

[3] El efecto del aumento de la inmigración en el crecimiento del PIB se analiza en una numerosa serie de estudios, entre las que destacan DOLADO, J.J. y VÁZQUEZ, P. (2008a), Oficina Económica del Presidente del Gobierno (2006) y Caixa de Catalunya (2006). Resúmenes de los estudios relativos a los efectos de la inmigración en la economía española se hacen en DE LA DEHESA, G. (2008), PAJARES, M. (2007), 1º Cap., e IGLESIAS FERNÁN-DEZ, C. y LLORENTE HERAS, R. (2008).

[4] Número de hijos por mujer en edad fértil.

[5] Nacimientos de un año divididos por la población de ese año y multiplicados por mil. Las tasas demográficas se suelen calcular en tanto por mil y no en tanto por cien.

[6] Defunciones de un año divididas por la población y multiplicadas por mil.

[7] Diferencias entre nacimientos y defunciones. La tasa de crecimiento vegetativo es la diferencia entre las tasas brutas de natalidad y mortalidad.

[8] Para ver el efecto de la inmigración en distintas variables demográficas de España, véase IZQUIERDO, A. (2007) y (2008).

[9] La evolución de la población activa depende tanto de la del componente demográfico, población en edad de trabajar como de la de la tasa de actividad: PA = ta x POB16+

[10] El aumento de la población ocupada, depende tanto de la variación de la población activa como de la del paro: PO = PA - PP.

[11] Véase para los factores que influyen en la variación del empleo nativo PAJARES, M. (2007), págs 18-21, y OLIVER ALONSO, J. (2007).

[12] En ARANGO, J. (2004a), págs 23-36 se cuestiona que la insuficiencia demográfica sea una causa explicativa de la inmigración española.

[13] Véase PÉREZ INFANTE, J. I. (2008), pág.131.

[14] Éste es, y no los procesos de regularización extra-ordinarios el auténtico efecto llamada de la inmigración española.

[15] MORENO, G.; CEBRÍAN, I.; IGLESIAS, C.; y LLORENTE, R. (2007) analizan estos tres efectos en la población nacional, en relación, con el aumento del empleo de las mujeres extranjeras. Por su parte, ARANGO, J. (2004b), págs 40-41, trata de los efectos complementarios, sustitución y adición, en relación con el empleo de los extranjeros.

[16] Evidente en las situaciones de empleo irregulares, en las que además, el empresario se ahorra otros costes laborales, como la cotización a la Seguridad Social.

[17] MARTÍN URRIZA, C (2006), pág. 71, se refiere a esta posibilidad.

[18] A diferencia de la Encuesta de Estructura anual no es una auténtica encuesta, sino que la mezcla de datos de naturaleza administrativa, como los de la Seguridad Social y los de las retenciones del IRPF.

[19] Los empleados del hogar y la agricultura se excluyen de la Encuesta de Estructura Salarial.

[20] Págs 24-27.

[21] Utilizando el método de descomposición de Oaxaca y Blinder.

[22] Esto sucede cuando la estimación se realiza por el método de los mínimos cuadrados, pero no cuando se realiza mediante variables instrumentales. CARRASCO, R. Y ORTEGA, C . (2006), págs 22 y 23.

[23] CARRASCO, R., JUMENOS, J.F. y ORTEGA, C. (2008).

[24] Véase CACHÓN RODRÍGUEZ, L. (2006a), págs. 179-180 y PÉREZ INFANTE, J.I. (2008a), págs. 131 a 133. Véase asimismo CACHÓN RODRÍGUEZ, L. (2006b).

[25] En PÉREZ INFANTE, J.I. (2008b) se recordaba que para el total de la población residente a finales de 2007 existían algo más de un millón doscientos mil extranjeros empadronados sin permiso de residencia, de los que en torno a seiscientos mil eran extracomunitarios. Esta última cifra puede utilizarse como estimación de las personas extranjeras irregulares.

[26] La media considerada par las afiliaciones de la Seguridad Social es la de las cifras del último día del mes de abril, mayo y junio.

[27] Para comparar las cifras de ocupados de la EPA y de afiliaciones hay que tener en cuenta las diferencias entre ambas estadísticas, entre las que destacan que la primera no considera a los que habitan en hoteles y pensiones o llevan residiendo poco tiempo en España, que las segundas incluye el pluriempleo y que, mientras que la EPA se refiere a los ocupados residentes, aunque trabajen fuera de España, las afiliaciones consideran únicamente a los que trabajen en España, sean o no residentes.

[28] Véase para el análisis de la distribución del empleo tanto por ocupaciones como por sectores PAJA-RES, M. (2007) y (2008).

[29] Si, en vez de utilizar datos del segundo trimestre de 2008, si utilizan datos del cuarto trimestre de 2006, como se hace en la pág. 139 de PÉREZ INFANTE, J.I. (2008a), cuando todavía no habían ingresado en la UE Rumanía ni Bulgaria, destaca el empleo en la agricultura tanto en hombres como en mujeres entre los extranjeros del Resto de Europa.

[30] Con los microdatos, derivados de la explotación de los cuestionarios individuales de la EPA podría realizarse una desagregación mayor, pero el aumento de los errores de muestreo que ello provocaría lo desaconseja. Un análisis de este tipo de datos se efectúa en GARRIDO MEDINA, L. (2005) y en HERRARTE, A. y SÁEZ, F (2006), pág. 234.

[31] La presentación oficial de los datos de las afiliaciones a la Seguridad Social de extranjeros y españoles plantea un problema de falta de homogeneidad: que impide su comparación: los primeros se refieren al 31 de diciembre de 2007 y los segundos a la media de 2007. pese a ello, la Subdirección General de Estadística del Ministerio de Trabajo me ha proporcionado los datos del total de afiliaciones al 31 de diciembre de 2007, lo que ha permitido superar esa alta de homogeneidad.

[32] No se destaca el 20% de la extracción de petróleo, gas, uranio y torio por el bajo nivel de empleo de esta rama de actividad.

[33] El empleo de los extranjeros de la construcción puede estar infravalorado en los datos de afiliaciones del 31 de diciembre como el de otras ramas con elevada temporalidad de 2007 por las bajas de afiliaciones que algunas empresas hacen de sus trabajadores en las vacaciones de Navidad.

[34] Si se distinguiera dentro de los extranjeros por el país de origen se producen diferencias muy importantes en la distribución sectorial de los afiliados como se observa en VILLENA RODRÍGUEZ y GÓMEZ GARCÍA, F. (2006), págs. 61-62.

[35] En la Caixa Cataluña (2006) se utiliza el índice de Duncan para obtener un «índice de complementariedad» entre el empleo de los extranjeros y los nacionales. Ahora bien, el valor del índice no se debe únicamente a que los empleos de los extranjeros sean complementarios de los españoles, sino también a los otros dos factores, el que sean independientes o sustitutivos entre sí.

[36] Calculado con la misma desagregación por ramas de actividad que el cuadro 4.

[37] En PÉREZ INFANTE (2008a), págs. 140-143, se calcula el Índice de Duncan para noviembre de 2006 y con un nivel de desagregación menor, obteniéndose un valor más elevado, de 35,9.

[38] Porcentaje de asalariados con contrato temporal.

[39] A pesar del aumento en los últimos años del peso relativo de los permisos de larga duración o permanentes, como señala CARRASCO, R. (2003), págs. 95-97.

[40] MARTÍN URRIZA, C. (2006), pág. 62.

[41] No se diferencia por grupos de países, debido a que la representatividad de los datos se reduce con la desagregación, al aumentar sustancialmente los errores de muestreo.

[42] Firmada por el gobierno y los interlocutores sociales más representativos a nivel estatal el 9 de mayo de 2006. Un análisis detallado de esa reforma laboral y de sus primeras consecuencias puede verse en PÉREZ INFANTE, J.I. (2007).

[43] Págs. 81-84.