Hugo SELME, Guillermo LARIGUET, Oscar PÉREZ de la FUENTE, René GONZÁLEZ de la VEGA (dirs.), Democracia. Perspectivas políticas, morales y deliberativas

Autor:Jesús Mora
Páginas:443-453
RESUMEN

Palabras clave: democracia deliberativa, igualdad, presidencialismo, legitimidad, movimientos ciudadanos, interpretación judicial

 
EXTRACTO GRATUITO

Page 443

En numerosas ocasiones durante los últimos años se ha hecho referencia, tanto desde el mundo académico como desde diversos sectores de la opinión pública, al posible agotamiento de los modelos democráticos actuales. Si en el volumen anterior de esta serie, titulado “Democracia. Perspectivas sociales y económicas” se incidía en las razones para dicho agotamiento vinculadas con la crisis económica y el consecuente aumento de la desigualdad, en “Democracia. Perspectivas políticas, morales y deliberativas” el foco se des-plaza hacia aspectos más vinculados con el propio modelo democrático representativo y las carencias que presenta en la actualidad. En el caso que nos ocupa, el punto de partida de la obra es un análisis crítico de la percepción generalizada que circunscribe la democracia a los procesos electorales que se celebran con mayor o menor periodicidad, tal y como indican los directores de la obra en su presentación. En base a dicho análisis crítico se abordan, en idéntico tono, algunos de los problemas que asolan a los sistemas demo-cráticos actuales, siempre con una mirada hacia la propuesta de soluciones y la evaluación de modelos alternativos. Entre dichos modelos alternativos, cobra especial relevancia la democracia deliberativa, como mecanismo para promover la participación y el consenso y, al mismo tiempo para dar respuesta a los inconvenientes que presentan las democracias actuales en cuanto al desgaste de sus instituciones y a la pérdida de legitimidad de actores clave como los partidos políticos.

Page 444

La obra empieza con un primer capítulo titulado Razón práctica y motivaciones para la deliberación pública a cargo de Graciela Vidiella, en el que se aborda uno de los principales problemas para la democracia deliberativa: el motivacional. La autora parte de un reconocimiento de las ventajas de la democracia deliberativa con respecto a otros modelos, en especial en cuanto tiene que ver con su potencial para que las minorías también se identifiquen con los resultados del proceso de toma de decisiones. Sin embargo, señala al mismo tiempo las críticas que habitualmente se formulan hacia la democracia deliberativa por su capacidad limitada para motivar a la ciudadanía a la participación en los procesos de discusión de los asuntos públicos. Vidiella formula un posible mecanismo de respuesta a dichas críticas que se basa en la importancia de las emociones en el proceso deliberativo. Según la autora la democracia deliberativa es deudora en buena medida de la idea kantiana de imparcialidad, en virtud de la cual la situación personal de cada individuo no debe influir en sus decisiones. Vidiella señala cómo algunas respuestas críticas a esa concepción particular de la imparcialidad han incidido en la importancia de las emociones y las pasiones para la participación política y la deliberación pública (entre otras, la de Gutmann y Thompson). No obstante, estas últimas, al igual que ocurre con el planteamiento kantiano, han cometido en ocasiones el error de reducir dicha imparcialidad, fundamental para la discusión de los asuntos públicos en toda democracia deliberativa, a las emociones, dejando de lado total-mente los aspectos de esta que tienen que ver con la razón. Pues bien, Vidiella intentará justificar el desacierto que, desde su punto de vista, se comete al caer en ambos reduccionismos. A lo largo del capítulo, la autora intenta, por un lado, defender la importancia de las pasiones para la democracia deliberativa y, por el otro, justificar su oposición a la idea de que razón y pasiones son elementos mutuamente excluyentes. Para ello, desarrolla, primero, toda una serie de argumentos por los cuales entiende que la democracia deliberativa depende en buena medida de emociones como la empatía y las inclinaciones afectivas positivas hacia el bien público. Y, segundo, con el fin de sostener la importancia de las emociones para la adopción de decisiones racionales, expone toda una serie de planteamientos cognoscitivos que podrían ayudar a desterrar la idea de que la única fuente fiable para la toma de decisiones es la razón desprovista de todo apoyo emocional.

La democracia deliberativa es también el tema central del segundo capítulo, que firma Adriana Vercellone con el título La democracia deliberativa y el papel de los principios sustantivos. Sin embargo, en este caso la autora aborda dicho

Page 445

modelo de democracia desde una perspectiva que no tiene que ver tanto con las dificultades prácticas para su implementación como con el contenido de la misma. En ese sentido, la cuestión fundamental a la que se refiere el capítulo es la de si la democracia deliberativa propone un modelo exclusivamente procedimental o, por el contrario, ha de incorporar también determinadas características sustantivas en cuanto a las consecuencias de su puesta en marcha y los resultados de la discusión que se da en su seno. El objetivo de Vercellone será, por tanto, justificar por qué, desde su punto de vista, la democracia deliberativa ha de definirse exclusivamente a partir de consideraciones de naturaleza procedimental y, en ningún caso, a partir de planteamientos sustantivos. Para ello nos presenta, en primer lugar, un recorrido a lo largo de un conjunto de teorías que abordan la democracia deliberativa a partir de sus elementos estrictamente procedimentales. Entre dichas teorías, la autora destaca las que justifican la democracia deliberativa por los ideales regulativo y de participación que encarna, la amplitud de los asuntos que acepta que puedan ser objeto de debate público, su inclusividad en cuanto a quiénes pueden tomar parte en dicho debate, su compatibilidad con la democracia representativa o la importancia que adscribe a la motivación de la ciudadanía con respecto a la promoción del bien común. No obstante, señala también la autora la existencia de todo un abanico de teorías que defienden que la democracia deliberativa no puede justificarse únicamente a partir de una serie de procedimientos en virtud de los cuales se imponen decisiones mayoritarias al resto de la ciudadanía. Según dichos planteamientos, la democracia deliberativa ha de añadir una serie de elementos sustantivos a los...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA