Historia de las drogas en México

Autor:Eduardo Lopez Betancourt
Páginas:107-132
RESUMEN

1. Época prehispánica - 2. Época colonial - 3. Época independiente - 4. Época posrevolucionaria

 
ÍNDICE
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La historia del consumo y comercio de sustancias psicoactivas en nuestro país, como en el resto de América Latina, tiene sus particularidades. Se inicia con el consumo tradicional en las culturas precolombinas; dentro de cada civilización, determinadas plantas psicoactivas son utilizadas con fines religiosos, como vínculo entre el mundo de los dioses, al que se accede por medio del trance o la ebriedad de la droga; así como para curación mística. Tras la conquista, se implantan en los países americanos las concepciones que en materia de drogas prevalecen en Europa, tanto la persecución durante la época de la inquisición, como el desarrollo posterior de la industria y mercado masivo de las drogas, participando sobre todo como naciones productoras. Ya en el siglo XX, la política prohibicionista impulsada por los Estados Unidos se establece y es reproducida por los gobiernos locales. Desde entonces, y a partir sobre todo de la década de los ochenta, el gobierno americano se dedica a presionar e intervenir constantemente en los asuntos internos de los países latinoamericanos, instándolos a adoptar sus lineamientos en materia de políticas antidrogas.

Haciendo énfasis en el desarrollo de la cuestión en México, el presente capítulo se divide en cuatro apartados: 1. Época prehispánica; 2. Época colonial; 3. Época independiente; y 4. Época posrevolucionaria.

1. Época prehispánica

En América florecieron “un extenso complejo de sociedades medicinales, extáticas, visionarias y chamánicas”.142 La gran diversidad biológica del continente, y dentro de ella, de plantas con alcaloides de características psicoactivas, favoreció que en los diversos horizontes culturales se conocieran y utilizaran numerosas drogas.

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Escohotado afirma que se han encontrado semillas de plantas visionarias, en asentamientos preagrícolas con una antigüedad de 7.000 años antes de nuestra era. Y añade que “a partir del siglo X a.C., hay piedras-hongo entre los monumentos de la cultura de Izapa, en la actual Guatemala, que seguirán esculpiéndose por distintos puntos de Mesoamérica durante más de mil años. Al siglo IX a.C. se remontan también deidades de la cultura chavín, cuya sede fue el actual Perú, que en algunas tallas de piedra sujetan un cacto visionario. Al siglo IV a.C. pertenece una pipa en cerámica con forma de venado, que tiene entre los dientes un botón de peyote.”143El conocimiento de estas plantas se extendía por todo el continente, incluyendo Aridoamérica y el sur de los Estados Unidos. De acuerdo con Shultes, “descubrimientos arqueológicos en grutas y cuevas secas de Texas revelaron la presencia de especimenes de peyote. Estos especimenes, hallados en un contexto que sugiere un uso ceremonial, indican que su empleo se remonta a más de 7.000 años de antigüedad”.144Para el caso de México, dentro de las referencias de los cronistas españoles, abundan los informes relativos a la biodiversidad psicoactiva conocida por las culturas asentadas en nuestro territorio. Francisco Hernández cita unas sesenta plantas con efectos psicotrópicos, muchas de las cuales hoy en día no son identificables. Sahagún hace referencia a una docena, entre ellas, señala que “hay una hierba que se llama coatl xoxouhqui, y cría una semilla que se llama ololiuhqui; esta semilla emborracha y enloquece. Danla por bebedizo para hacer daño a los que quieren mal y los que la comen paréceles que ven visiones y cosas espantables; danla a comer con la comida o a beber con la bebida los hechiceros, o los que aborrecen a algunos para hacerlos mal. Esta hierba es medicinal, y su semilla es buena para la gota, moliéndola y poniéndola en el lugar donde está la gota.”145Sobre el peyote, Sahagún apunta que los chichimecas “descubrieron y usaron primero la raíz que llaman péyotl y los que la comían y tomaban en lugar de vino, y lo mismo hacían de los que llamaban nanácatl que son los hongos malos que emborrachan también como el vino; y se juntaban en un llano después de los haber bebido y comido, donde bailaban y cantaban de noche y de día, a su placer, y esto el primer día, porque el día siguiente lloraban todos mucho, y decían que se limpiaban y lavaban los ojos y caras con sus lágrimas.”146

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Sobre estos hongos, teonanácatl o carne de los dioses, los mazatecos los ingieren porque “los consideran vehículos sagrados para adquirir poderes adivinatorios y conocer, así, su futuro, el paradero de algún objeto perdido y, en caso de enfermedad, si habrán de sanar o morir”.147 Sahagún refiere que: “hay unos honguillos en esta tierra que se llaman teonanácatl se crían debajo del heno en los campos o páramos; son redondos, y tienen el pie altillo y delgado y redondo. Comidos son de mal sabor, dañan la garganta y emborrachan. Son medicinales contra las calenturas y la gota: hanse de comer dos o tres, no más los que los comen ven visiones y bascas en el corazón; a los que comen muchos de ellos provocan la lujuria, y aunque sean pocos.”148Junto con estas drogas alucinógenas o visionarias, en Mesoamérica se utilizaba también el tabaco, y una bebida alcohólica obtenida de la fermentación del aguamiel extraído del maguey, que pervive en nuestros días: el pulque. Sobre este respecto, Clavijero apunta que “usaban varias especies de vino o bebida equivalente que hacían del maguey, la palma, las cañas del maíz y del maíz mismo, que es el que llaman en otras partes chicha, del cual hacen mención muchos historiadores de América por ser el más general del nuevo mundo. El modo de hacer el vino de maguey que era el más usual entre los mexicanos y es sin disputa el mejor de todos, era el siguiente: cuando llegaba el maguey común a cierta edad le castraban los pimpollos y hojas más tiernas del centro hasta descubrir cierta cavidad formada en la parte más interior y gruesa de dichas hojas les rayaban la superficie interior y extraían con un cañuto o calabazo largo y estrecho el jugo que destilaban las hojas en la cavidad, que es un líquido muy dulce, destila tanta sabia que de una buena planta sacaban en 6 meses hasta 20 arrobas, y en todo el tiempo de su fecundidad hasta 50 según testifica el doctor Hernández, para abreviar la fermentación y darle mayor fortaleza le mezclaban cierta hierba a la cual, por ese destino llamaban ocpatli (medicina del vino). El color de este vino es blanco y el gusto algo áspero; tiene competente fortaleza y embriaga.”149El conocimiento sobre esta diversidad de drogas, no implicaba de forma alguna un uso hedonista, afín al que predomina actualmente en occidente. Las plan-tas alucinógenas, eran vistas como un regalo de alguna divinidad, pues por medio de su consumo, se obtenían poderes para conectarse o comunicarse con ella, para predecir el futuro o habilidades de curación. La deidad Xochipilli, por ejemplo, conocido como príncipe de las flores, es conocido también como príncipe de las

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flores embriagantes; “flores que intoxican”,150 en alusión a los hongos alucinógenos.

Así las cosas, teniendo las sustancias una concepción divina, su utilización estaba restringida a ritos y ceremonias, estando proscrito el uso en otras circunstancias. Claro ejemplo de la severa ley imperante al respecto entre los pueblos prehispánicos, son las prohibiciones en materia de consumo de pulque, ochtli, asociado a la deidad mayahuel, que existían en la cultura azteca. El pulque era una bebida ritual, que se usaba como ofrenda para los dioses. La embriaguez estaba prohibida, y su consumo profano sólo se permitía a los ancianos y a ciertos sacerdotes. Cualquier otra persona que se embriagara con pulque, era some-tida a una pena; en el caso de un noble, procedía el ahorcamiento, y cuando se trataba de un plebeyo, se perdía la libertad, y la vida en caso de reincidencia. Al respecto, el propio Sahagún señala que: “y nadie bebía vino, mas solamente los que ya eran viejos bebían vino muy secretamente y bebían poco, no se emborrachaban; y si parecía un mancebo borracho o si le topaban con el vino, o le veían caído en la calle o iban cantado, o estaba acompañado con otros borrachos, este tal, si era macegual castigábanle dándole de palos hasta matarlo, o le daban garrote delante de todos los mancebos juntados, porque tomasen ejemplo y miedo de no emborracharse; y si era noble el que se emborrachaba dábanle un garrote secretamente”.

Además de su uso en ceremonias religiosas, cada cultura usaba las plantas con diversos fines medicinales; no obstante, debe señalarse que este uso terapéutico, no se distinguía del uso mágico: la curación misma, el hecho de sanar por medio de plantas, era una habilidad dada por los dioses. Las divinidades, y las herramientas que habían sido dadas por ellos, como las plantas, eran quienes permitían el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, pues de hecho, se consideraba que la ira de los dioses, era la causa primigenia de cualquier mal. Así, el encargado de restituir la salud, podía ingerir una planta visionaria para descubrir el origen de la enfermedad y efectuar el diagnóstico. Aguirre Beltrán apunta que: “para la mística indígena, esas plantas milagrosas son también la personificación de los dioses, también eran quienes les daba el poder indispensable para conocer las cosas ocultas. El médico al comerse a dios, se convierte transitoriamente en Dios mismo y es en ese mismo estado omnipotente donde logra realizar su diagnóstico.”151La hoy llamada herbolaria o medicina tradicional, las habilidades de curar con las más diversas plantas, incluyendo drogas y otras sustancias, era un arte muy

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desarrollado en las culturas precolombinas. Era tal la pericia de los curanderos, que, según señala Escohotado, cuando “los tlaxcaltecas curaron a Hernán Cortés (...) éste escribió al rey pidiendo que no dejase venir médico alguno al nuevo mundo. Lo mismo sucedió en Perú, donde uno de los primeros rectores de la...

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