Hayek: Capitalismos y liberalismos

Autor:Juan Antonio Martínez
Cargo del Autor:Universidad Complutense de Madrid
Páginas:27-61
RESUMEN

Este artículo se plantea establecer las diferencias básicas entre tres confi guraciones diferentes del capitalismo y sus correspondientes formas sociales liberales, con el objetivo de precisar el signifi cado tanto del capitalismo como del liberalismo. Parte de la constatación de que no hay una única forma posible de ambos que pueda ser acaparada como sistema óptimo para resolver los problemas... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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I Planteamiento

Hayek viene siendo considerado un pensador liberal, un distinguido representante del liberalismo de la escuela austriaca de economía cuya excelencia intelectual mereció el premio Nobel, autor y escuela que, en gran parte, en su lucha ideológica contra el socialismo, han capitalizado como un éxito propio el aparente triunfo del capitalismo tras la caída del muro de Berlín en 1989. Pero la palabra liberalismo tiene un rostro multiforme que obliga a una clarificación de sus significados. No se entiende algo semejante por liberalismo en Europa y, especialmente en España (el país más resistente a la moral relativa de algunas formas de socialismo), que en Norteamérica. Lo mismo creo que sucede con la noción de capitalismo que, de varios modos, está asociada al liberalismo.

En cierto modo, en el fondo está en juego la relación entre la economía y la sociedad en la perspectiva de lo que se llama liberalismo y capitalismo. Puede plantearse desde una perspectiva económica en la cual una forma de encarar la actividad económica, el capitalismo, conlleva unas determinadas implicaciones sociales que podríamos considerar liberalismo, o lo que es lo mismo pero al revés, a partir de las formas "liberales" de organización social nos llevarían a tratar de entender su repercusión económica.

Voy a tratar de exponer, brevemente, tres significados básicos del capitalismo y mostrar luego sus implicaciones en tres formas correlativas de liberalismo. ¿Por qué dar primacía a la economía sobre la organización social, o al revés? No implica adoptar la posición marxista que considero catastrófica para la comprensión de la cultura consistente en condicionar los fenómenos de la conciencia y las realizaciones culturales a la infraestructura económica real de cada sociedad concreta sino partir de lo más simple, de lo que es más fácil de entender, la actividad económica, para comprender luego lo más complejo, el orden social justo que se corresponde con ella. Esto a pesar de que considero que la actividad económica, más allá de la simple supervivencia, está infiuida por el horizonte intelectual humano que depende de factores culturales.

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II Las variantes del capitalismo

Pese a que actualmente «el capitalismo es la fórmula mítica reduccionista de la civilización occidental aceptada "científicamente"»2, no existe, según resulta claro, una noción precisa sobre el significado del capitalismo, sobre el que hay importantes discrepancias en cuanto a su concepto, orígenes históricos o geográficos y características generales. Puede entenderse, inicialmente, como el sistema económico en el que la producción de bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades humanas se lleva a cabo con unos medios acumulados a partir del ahorro privado que están en manos de personas y empresas particulares que invierten en la producción de bienes y servicios que son ofrecidos en unas condiciones definidas por el marco del libre mercado.

Una noción tan amplia puede tener muchas variantes que poseen algunos elementos en común, como el presupuesto del libre mercado y la propiedad privada, la exigencia de una amplia libertad de contrato y social. Pero más caracterizadoras son otras implicaciones que igualmente posee, como la ausencia de interferencias del poder político y de planificación, que al poder se le asigne un papel secundario de garantía de las transacciones y de unas condiciones mínimas de vida social, como la persecución del delito. Exige igualmente una cierta transparencia, posibilidades de negociar las transacciones y garantías de los acuerdos.

Está vinculado a la empresa en la medida en que el protagonismo de la actividad económica se lleva a cabo en agrupaciones humanas que tienen unos medios, una finalidad y unas reglas de colaboración que llamamos empresas; entidades que concurren con otras similares con los mismos objetivos en condiciones de igualdad y mediante la cooperación voluntaria tanto de sus integrantes como de sus clientes.

Con el marxismo -y a pesar de que parece que Marx no utilizó propiamente el término capitalismo aunque si expresiones similares como modo de producción capitalista o acumulación capitalista-, pasa a ser el objeto central de la crítica social por la objetivación de la producción en función del capital que se desvincula del trabajo humano a la par que se industrializa en la fábrica. Adquiere un carácter alienante.

Vamos a ver tres variantes que presentan diferencias significativas.

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A Comunitario

Podríamos decir que el capitalismo comunitario es la forma tradicional europea, de abolengo medieval, de entender la actividad económica. A veces se le llama capitalismo mercantil por su predominante componente comercial. La historiografía marxista generalmente no lo considera capitalismo porque no se da en él una clara desvinculación entre el capital o las máquinas y el trabajo humano, lo cual, pese a ser cierto, no lo deja al margen de la crítica porque se entiende superado por el capitalismo burgués donde sí se produce esa desvinculación de manera patente.

La característica básica de las formas comunitarias, en relación con la propiedad, consiste en tratar de conseguir que todos tengan algo; sin duda «Los gremios eran confederaciones de hombres con propiedades, que trataban de asegurar las posesiones de cada hombre. Y ésa es, por supuesto, la única situación en la que puede decirse que la propiedad privada existe verdaderamente»3, para ello se desarrolla bajo formas comunitarias de participación que distribuyen riesgos y beneficios de la actividad económica y previenen frente a la irresponsabilidad momentánea de las personas a la hora de disponer de sus bienes con algunas restricciones accidentales de las facultades jurídicas. En cierto modo es la expresión económica del catolicismo pues, muchas veces, las instituciones sociales están calcadas de las eclesiásticas o puestas en funcionamiento por la Iglesia; tenemos un ejemplo en la caja de Ahorros que fundó el obispo Másona en Mérida4. Está asociado al surgimiento y desarrollo del derecho mercantil que no sólo se gesta entre quienes «formarían un estamento nuevo, capaz de desbordar la rígida estratificación social altomedieval y que constituiría una de las principales fuerzas modernizadoras de Europa»5, sino que despliega el conjunto de instituciones jurídicas fundamentales del capitalismo actual, que no existían en el derecho romano, como la sociedad anónima mercantil (que no es únicamente un medio de juntar capitales sino, ante todo, una expresión de la confianza con que se constituye la empresa común inherente al capitalismo), la banca como actividad mercantil, el contrato de seguro (que expresa el cambio de mentalidad que se apoya en un cómputo actuarial frente a la apuesta

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romana que refieja la caprichosa rueda de la fortuna y el juego de azar que domina a la vida sin sentido moral), la letra de cambio (que implica una especulación jurídica elaborada sobre el acto formal, independiente de la causa), igualmente aparece la transferencia de créditos y la cotización de monedas y títulos valores, la contabilidad por partida doble y el tipo de interés lombardo6, etc. También hay instituciones jurídicas nuevas relacionadas con la quiebra y la bancarrota, e incluso el leasing7.

Ese tipo de capitalismo supone claramente una innovación respecto al mundo antiguo, en el cual, sin reglas morales personalistas y con valor intrínseco, la distribución de la propiedad y los recursos, incluyendo el trabajo y la propia vida humana, dependían de la capacidad de apropiación de los mismos por los poderosos y abarcaba a los propios seres humanos bajo la condición de esclavos, debido principalmente a que la carencia de esa moral que condicionara al poder político tenía más peso efectivo que el escaso desarrollo tecnológico al que se sumaba. Por eso hay que destacar la singularidad económica medieval correlativa a la innovación social procedente de la religión que conlleva, como efecto, la desaparición de la esclavitud. Pese a que estamos acostumbrados a esbozos "evolucionistas" típicos en los que «El desenvolvimiento general del Derecho y del procedimiento estructurado en etapas teóricas de desarrollo, conduce a la revelación carismática a través de profetas jurídicos, a la creación y aplicación empírica del Derecho por notables (creación cautelar de acuerdo con los precedentes); después al otorgamiento del Derecho por imperium profano y los poderes teocráticos y, por último, al Derecho sistemáticamente estatuido y a la aplicación del mismo por juristas especializados, sobre la base de una educación letrada de tipo lógico-formal»8, lo cierto es que este tipo de esquemas lineales, enormemente persuasivos, se corresponden más con presuposiciones ampliamente asumidas por su simplicidad que con la compleja realidad histórica de los hechos. Su aplicación al proceso económico produce algo

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similar a su aplicación al derecho y al proceso histórico general, una cierta aberración de la percepción.

Parece claro que el origen de esta innovadora mentalidad social y económica que se evidencia en el surgimiento y despliegue del derecho mercantil (ius mercatorum), no es sólo la implantación de una religiosidad encerrada en la conciencia sino que va unida a una práctica social a la que se da vida mediante un conjunto de costumbres universalistas, surgidas de la iniciativa social al margen del poder político (poder político que sólo se impuso luego con los estados nacionales de la Reforma), unas costumbres que encauzaron unas prácticas comerciales e industriales sin barreras aduaneras y las...

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