La guerra en Iraq

Páginas:5-11
RESUMEN

Razones y sinrazones de la guerra en Iraq - La ayuda humanitaria - El papel de España (...)

 
ÍNDICE
EXTRACTO GRATUITO

Page 5

Aunque el equipo que elabora la Revista nunca ha tomado posición sobre cuestiones relativas a nuestra área de trabajo, hemos creído un deber manifestar públicamente nuestra opinión sobre un asunto que ha conmovido de forma tan especial a la sociedad española.

Lejos del apasionamiento con el que hemos vivido y sufrido esos acontecimientos y lejos también de intentar explicar las causas y las consecuencias de la guerra en Iraq, no queremos pasar por alto las repercusiones que ha tenido en cuestiones que afectan al contenido de nuestro trabajo: la cooperación y la ayuda al desarrollo. Y lo hacemos, sobre todo, para aclarar las manipulaciones y tergiversaciones que se han utilizado sobre esta cuestión, que han rayado en lo obsceno cuando se trata de vincular lo humanitario a la guerra.

Para ser claros y sintéticos en este texto, lo dividimos en cuatro apartados:  
1) una explicación general sobre las razones y sinrazones que se han utilizado para justificar esta guerra; 2) el papel de los principales actores implicados en ella; 3) sus consecuencias con respecto a la asistencia humanitaria; y 4) el papel de España, con especial hincapié en el del Gobierno, en la guerra y la posguerra.

Razones y sinrazones de la guerra en Iraq

Hemos seguido, día tras día, los diferentes argumentos para justificar esta guerra. Lo cierto es que desde el Derecho Internacional, definido en la Carta de las Naciones Unidas y ampliado en otros tratados, pocas de esas razones se sostienen. En primer lugar, es necesaria, para todo uso de la fuerza, la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, primera regla que no se ha cumplido en esta guerra. Tampoco las diferentes resoluciones referidas a Iraq dan el poder a ningún Estado, unilateralmente o en coalición, para iniciarla (en la tan controvertida Resolución 1441 sólo se habla de graves consecuencias en caso de incumplimiento de las obligaciones de desarme, a evaluar por el Consejo de Seguridad, cosa que no se ha hecho). Además, esta autorización necesita una previa calificación de la situación como una amenaza para la paz, que no debe basarse en suposiciones o sospechas (y a día de hoy, terminada la guerra, no se han encontrado armas de destrucción masiva, Page 6 ni relaciones con el terrorismo, argumentos base de la coalición para hablar de amenaza), e incluso en ese caso el uso de la fuerza ha de ser el último recurso (y en palabras del propio Hans Blix, jefe de los inspectores de Naciones Unidas, los inspectores no han tenido tiempo suficiente para definir la situación). Sólo se justificaría el uso de la fuerza sin la autorización del Consejo de Seguridad en caso de legítima defensa, tras un ataque armado, y no por una amenaza (como postula la nueva doctrina de la guerra preventiva).

El hecho de no seguir estas reglas mínimas para una convivencia pacífica en la sociedad internacional en una declaración de guerra constituiría una agresión, que es considerada el crimen internacional más grave. En este sentido, el Gobierno español, con su colaboración en la acción armada que nos ocupa, y más allá de sus consecuencias en cuanto a derecho interno, incurre en un acto ilícito internacional, que podría constituir un crimen de agresión.

Es cierto que estos mecanismos de derecho internacional no siempre han funcionado, como pudimos ver en el cercano ejemplo de Kosovo, en el que tampoco se contó con el consentimiento del Consejo de Seguridad, argumento que también se utiliza para justificar esta guerra en términos de acción humanitaria...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA