Genovesi y el Derecho natural y de gentes en España

Autor:Antonio Álvarez de Morales
Páginas:413-431
RESUMEN

El pensamiento político. El derecho de resistencia de los subditos y el derecho de castigar del soberano. El magistrado-jurisconsulto.

 
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Uno de los intelectuales europeos mas influyentes en la España de la segunda mitad del siglo XVIII, fue sin duda el abate Genovesi o el Genuense, como también era conocido a causa de la traducción al latín de su apellido en aquellos libros que publicó en esta lengua.

Conocemos la vida de Genovesi por las autobiografías, que escribió con objetivos distintos, de ahí algunas diferencias poco importantes1.

Genovesi tras fracasar en unas oposiciones a una cátedra de Teología consigue en 1754 en la Universidad de Nápoles, la cátedra recién fundada de Comercio y mecánica. Esta circunstancia separa a Genovesi del mundo de las disciplinas tradicionales. Antes había sido profesor de Metafísica (1741-1744), después de Ética (1744-1753). Pero no cabe duda que su dedicación a la Economía política a partir de 1754, como consecuencia de ocupar la cátedra de Comercio y mecánica recién creada en la Universidad de Nápoles marcó un giro decisivo en su vida intelectual.

La cátedra de Comercio y mecánica fue creada en 1753 en la Universidad de Nápoles, gracias a la iniciativa del caballero toscano Bertolomeo Intieri, el cual hizo una pequeña fortuna administrando unos feudos en el Reino de Nápoles. Intieri, hombre de grandes inquietudes intelectuales, formó un círculo a su alrededor, del que entró a formar parte Genovesi. Intieri sintiendo cercana su muerte decidió dotar una cátedra de su bolsillo particular, para que las inquietudes que él había aumentado en vida, tuvieran un canal para su prolongación tras su muerte. La cátedra fue dotada con 7.500 ducados, que garantizaban una renta anualPage 414 de 300 ducados, con la condición de que la enseñanza fuese en lengua italiana y que se encargase de ella a Antonio Genovesi y posteriormente a alguien que no perteneciese al clero regular. Como era lógico pensar el iter burocrático de la creación de la cátedra en estas condiciones en la conservadora Universidad de Nápoles fue complejo, pero las dificultades fueron salvadas y la cátedra fue inaugurada el 5 de noviembre de 1.754, lo que permitió a Intieri, que murió en 1757, disfrutar del éxito de su iniciativa, ya que la cátedra se llenó de alumnos desde el primer día 2.

Genovesi tuvo algunos problemas con las autoridades eclesiásticas. Ya en 1741 fue acusado de deismo. Pero fue al publicar sus Elementa metaphisicae en 1743, cuando saltó el escándalo, y a pesar de su defensa, señalando los intentos apologéticos de sus escritos, se convirtió en el centro de la vida universitaria napolitana. En 1745 hizo una edición de los Elementa physicae del holandés Musschenbroek, a los que añadió una disertación histórica sobre las doctrinas sobre la materia, desde la antigüedad, en la que resumía ampliamente las ideas de Wolff, Leibruiz, los ingleses Burnet y Whinston, Newton y sus seguidores, Voltaire. Dice Venturi que era una historia de la ciencia, que tendrá un notable éxito, como demostrarán sus numerosas ediciones. Este mismo año publicó sus Elementorum artis logico-criticae libri V, que también obtuvieron gran éxito. A estos textos se refiere Sempere y Guarinos en su Biblioteca, cuando al comentar unas Institutiones theologicae de Fray Agustín Cabadés, Catedrático de la Universidad de Valencia, hace referencia a la Circular de 28 de enero de 1778 del Consejo Real, por lo que para dar mayor impulso a los nuevos planes de estudio que se estaban aprobando como consecuencia de la reforma universitaria emprendida tras la expulsión de los jesuítas, exhortaba a los profesores a que escribieran nuevos cursos para todas las Facultades, acomodados al gusto «del presente siglo y a los adelantamientos, que en él ha tenido toda la Literatura»3.

Sempere se lamenta de la resistencia puesta por los claustros universitarios a los nuevos libros, sobre todo si son de autores extranjeros, a pesar de las contradicciones flagrantes de esta actitud, pues mientras no había habido problemas para introducir, por ejemplo, en los estudios de Derecho los libros de Arnoldo Vinnio, se ponían todo tipo de pegas no solo para introducir «a Newton, Muss-Page 415chembroek, o cualquiera otro filósofo sectario, sino a Jacquier, el Genuense, y otros católicos recibidos y estudiados en otras Universidades y Seminarios de la christiandad».

La obra de Genovesi había sido recibida bien, a pesar de todo, en algunos claustros de las Facultades de Artes, tenemos, por ejemplo, el testimonio claramente favorable que nos dejó la Facultad de la Universidad de Alcalá de Henares, cuando emitió su informe a petición del Consejo en 1770, en el que señala que en Física experimental, habrá que adoptar el texto de Musschembroek, con las notas de Antonio Genovesi o Genuense, se refieren naturalmente a los Elementa physicae, editados en Nápoles por primera vez en 1745 4. Aunque otros libros de Genovesi no llegan a tener en España la difusión de este, no cabe duda que aquí como en Europa toda su obra fue muy conocida. De aquí la importancia que tiene conocer su contenido, especialmente su pensamiento político, expresado sobre todo cuando se ocupó del Derecho natural y de gentes.

Sin embargo, la edición de Genovesi de los Elementa physicae de Musschembroek acabaron por imponerse en las aulas españolas y el Plan de 1807 5, los señaló como libro de texto en las Facultades de Artes, lo que fue la causa sin duda de que se editaran en Madrid ese año 6.

La reflexión económica le llevó a persistir en un interés permanente por la ética. Resolver el problema de un desarrollo armónico sin desigualdades era uno de los problemas que se presentaban a la mente del filósofo iluminista. Desde un punto de vista económico el problema contemplaba la distribución de las riquezas, la eliminación o atenuación de las diferencias entre ricos y pobres; desde un punto de vista ético, el problema contemplaba, el conflicto entre el interés individual y el interés colectivo. Un fondo común unía los dos diversos aspectos, aunque el objetivo de armonizarlos correspondía a la ética que, en cuanto disciplina general, incorporaba la doble instancia. Era evidente que era necesario formular una moral nueva, se busca lo que es justo a la luz del descubrimiento del hombre natural.

La hipótesis de un estado de naturaleza, desde el que se juzgaba cualquier otro estado en el que realmente se encontraba el hombre, era una palanca paraPage 416 remover el secular edificio social. Ahora todo se indagaba, de todo se discutía, del origen de la ciudad y del imperio, de los deberes de los príncipes y de los subditos. Entre Estado y Estado en tiempo de paz y de guerra existía ahora un derecho que, por su mismo fundamento racional, parecía superior a las diversidades de raza y religión. Eran éstas las nuevas ideas que debían iluminar el final del siglo XVIII y brillar en el XIX En ese conjunto de ideas puede verse, en germen, el pensamiento jurídico, político, social, que generó las actuales disciplinas sociales y políticas y renovó las jurídicas.

Genovesi creyó encontrar en la doctrina del derecho de naturaleza las premisas de una solución, que aparentemente mantenía la continuidad entre el hombre antiguo y el hombre moderno. El iusnaturalismo afirmando una unidad preconstituida y de valores universales, podía comportar una desvalorización de la realidad pluralista de la época moderna, pero el discurso sabía insertarse en los aspectos múltiples de lo real a la búsqueda de una respuesta en sí no unívoca. La cuestión es aún más complicada, si se piensa que al iusnaturalismo se le confió el objetivo de convalidar los derechos de la persona individual y que esto se encontraba entre dos negaciones formales de la individualidad, la primera con Hobbes, que liga al individuo al Estado, después, con Rousseau, que establece el comienzo de la corrupción de la sociedad en el momento en que el hombre «Se préparoit de loin á y prétendre par son individu».

El derecho de naturaleza, para desarrollar su función reguladora surgía de una concepción racional precaricista de la naturaleza, cuyo orden estaba garantizado por simples leyes constantes y necesarias, que producían y mantenían este mismo orden. La naturaleza humana como parte de la universitas rerum era cercenada del mundo cósmico transportando de éste la dinámica de aquel funcionamiento y confiriéndole una posición de centralidad, de la que partía el iusnaturalismo moderno. Los derechos de naturaleza asumían en el ordenamiento social la misma función de leyes simples y constantes. El iusnaturalismo había realizado un minucioso trabajo de individuación de los derechos-leyes, aportando un conjunto detallado de situaciones sociales con la esperanza de regular, antes de que surgiera, cualquier conflicto de exigencias particulares.

El hombre colocado en un cosmos infinito, cuya majestuosidad imponía temor, advertía su naturaleza finita en la percepción del dolor y de las emociones; abandonado con los medios de que disponía habría podido aspirar a una vida más que miserable de donde la necesidad de un ente de fuerza superior como guía de las acciones humanas. El ente sobrehumano no podía ser más que el creador y regulador del cosmos, que creando introducía en la naturaleza humana la ley del cosmos, que se convertía en ley y norma del intelecto y de la voluntad finita.

Éste es el esquema en líneas generales presentado por Genovesi. El primer aspecto de la ley es, por consiguiente, dado por la voluntad del creador, pero éstaPage 417 es atenuada en cuanto sometida al orden que ha creado; la ley es tal si es referida al orden cósmico interno, entendido según las leyes físicas, y tanto más segura, porque la ley es determinada por su misma razón de ser. La voluntad de Dios sirve para evitar el mecanicismo determinista y se mantiene en el orden natural a través del concepto de providencia. Las citas de Newton y sus seguidores Derham y Nieventifk apoyan...

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