Galan, Ilia: Actualidad del pensamiento de Sem Tob.

Autor:Ortiz de Landázuri, Carlos
Cargo:Reseña de libro
 
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GALÁN, Ilia: Actualidad del pensamiento de Sem Tob. Filosofía hispano-hebrea del siglo XIV en Palencia, Endymion, Madrid, 2003, 286 págs.

¿Se puede retrotraer al siglo XIV el momento preciso en el que la modernidad acabó otorgando al mundo de la vida un lugar específico en la configuración del propio pensamiento? ¿Se puede asignar a un conjunto de proverbios morales escritos en tono irónico la función arquitectónica de articular el conjunto de los saberes, aunque ello requiera relativizar la validez de otros principios aún más básicos? ¿Se pueden ampliar los ámbitos de autonomía en la regulación del mundo de la vida social retrotrayendo la aparición de las éticas de la autenticidad al siglo XIV, como ahora se atribuye a Sem Tob de Carrión (¿1290?-¿1369?), a pesar de renunciar al logro de un punto medio aristotélico virtuoso a partir de una tópica meramente convencional? Para dar una respuesta positiva a estos tres interrogantes Ilia Galán recupera a un autor hispano-hebreo poco conocido, posible judío converso, protegido de Pedro I el Cruel y una generación mayor que su paisano el poeta Jorge Manrique. En efecto, ahora se considera a Sem Tob como un primer precedente de las posteriores éticas formales de la autenticidad, ya sean de tipo racionalista, empirista o simplemente kantiano, sin necesidad de esperar a la llegada de Montaigne, Gracián, o el propio Descartes, como recientemente han propuesto Marion, Blumenberg o Taylor respectivamente. En cualquier caso en sus proverbios morales se hacen presentes diversas máximas de talante escéptico, estoico, epicúreo, neoplatónico o simplemente post-aristotélico, así como diversas propuestas de mediación entre la interpretación racionalista y cabalística o simplemente fideísta de la Biblia, tratando de defender cuatro tesis fundamentales:

1) La relatividad del mundo de la vida profano exige una efectiva resolución de sus persistentes contradicciones y paradojas mediante una adecuada autorregulación, sin que tampoco Dios haya establecido unas reglas precisas capaces de localizar el punto medio virtuoso en cada circunstancia concreta (Cap. I-IV).

2) La autorregulación del mundo social requiere el trabajo y la colaboración de todos, es decir, un alma grande, un carácter y un corazón magnánimo, propio del sabio que confía en Dios, el único verdaderamente capaz de otorgar un sentido unitario al conjunto de circunstancias tan cambiantes vigentes en el mundo de la vida. En efecto, los logros del mundo...

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